Religión en Libertad

León XIV hace algunas precisiones relevantes sobre el «pueblo de Dios» y su «vitalidad carismática»

El Papa continuó su catequesis de la audiencia general sobre el Concilio Vaticano II, en este caso sobre «Lumen Gentium».

León XIV abraza a un anciano este miércoles en la Plaza de San Pedro.Vatican Media.

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Como cada miércoles de este año, la catequesis del Papa en la audiencia general ha versado sobre el Concilio Vaticano II. Está abordando actualmente la constitución Lumen Gentium, uno de los cuatro textos de dicho evento calificados como 'dogmáticos' y que trata sobre la Iglesia. 

Pueblo de Dios

En concreto, quiso detenerse en su segundo capítulo, donde se desarrolla el concepto de la Iglesia como "pueblo de Dios". Y, de las intervenciones semanales de León XIV en la Plaza de San Pedro, ha sido una de mayor calado teológico y eclesiológico.

Por ejemplo, en la precisión sobre la condición sacerdotal de los cristianos. Pues "el pueblo mesiánico recibe de Cristo", dijo el Papa Robert Prevost, "la participación a la obra sacerdotal, profética y real en la que se lleva a cabo su misión salvífica", y por eso el Concilio enseña que con su nueva Alianza, Jesús ha instituido  "un reino de sacerdotes, constituyendo a sus discípulos en un 'sacerdocio real'".

Este sacerdocio común de los fieles lo recibimos con el bautismo y lo reforzamos con la confirmación ambos constituyen una consagración que "está en la raíz de la misión común que une a los ministros ordenados y a los fieles laicos".

Aunque el sacerdocio de los ministros ordenados es distinto del sacerdocio común que comparten con los fieles, "el ejercicio del sacerdocio real tiene lugar de muchas maneras, todas ellas encaminadas a nuestra santificación", desde "la oración, el ascetismo y la caridad activa" a la "ofrenda de la Eucaristía", todo lo cual renueva la vida "por la gracia de Dios".

El consenso en la fe

Tras estas precisiones, el Papa recuerda que, como enseñan los padres conciliares, "el pueblo santo de Dios participa también en la misión profética de Cristo", lo cual lleva a un "tema importante" en la constitución Lumen Gentium, que es el vínculo entre "el sentido de la fe" y "el consenso de los fieles".

León XIV bendice a un grupo de novios y recién casados, una tradición en las audiencias generales.Vatican Media.

La propia comisión doctrinal del Concilio Vaticano II afirmó que el sensus fidei es "como una facultad de toda la Iglesia, gracias a la cual en su fe reconoce la revelación transmitida, distinguiendo entre lo verdadero y lo falso en las cuestiones de fe, y al mismo tiempo penetra más profundamente en ella y la aplica más plenamente en la vida".

De lo cual se sigue, recuerda León XIV, que "el sentido de la fe pertenece por tanto a cada fiel no a título individual, sino como miembros del pueblo de Dios en su conjunto".

Es más: "Lumen gentium concentra la atención sobre este último aspecto y lo relaciona con la infalibilidad de la Iglesia, a la cual pertenece la infalibilidad del Romano Pontífice, al servirla", señala el pontífice, quien deduce, tras citar el Concilio, que "la Iglesia, como comunión de los fieles que incluye obviamente a los pastores, no puede errar en la fe", y "el órgano de esta propiedad suya, fundado en la unción del Espíritu Santo, es el sobrenatural sentido de la fe de todo el pueblo de Dios, que se manifiesta en el consenso de los fieles". 

Los dones del Espíritu y la responsabilidad de cada cuno

La conclusión que formula León XIV al final de sus palabras implica un compromiso directo para todos los cristianos, pues dicha unidad magisterial implica que "cada persona bautizada es un sujeto activo de evangelización, llamado a dar un testimonio coherente de Cristo según el don profético que el Señor infunde en toda su Iglesia".

Cualquier fiel de cualquier condición recibe en consecuencia los dones del Espíritu Santo para hacerles "aptos y prontos" para "las diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia" (son palabras del Concilio que leyó el Papa). Esa "vitalidad carismática" tiene una muestra peculiar en la vida consagrada y en otras "formas asociativas eclesiales", concluyó.

Cerró su intervención, eso sí, recordando a todos los fieles que sea "gratitud" por haber recibido "el don de formar parte del pueblo de Dios" no pude hacer olvidar "la responsabilidad que esto conlleva".

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