¿Boda con un no católico? El impacto sobre la relación y la fe de los hijos es estadísticamente peor
Todos los casos pueden darse, pero los estudios que analizan los divorcios y la preservación religiosa calculan su proporción.
La presencia de las familias en la iglesia se ve muy influida por su unidad religiosa.
Hay una pregunta que puede plantearse un cónyuge católico ante su matrimonio con un cónyuge no católico:
- ¿Esta diferencia de religión tendrá un impacto estadísticamente mensurable sobre nuestra relación y sobre la fe de nuestros hijos?
Conviene subrayar lo de "estadísticamente", pues está claro que todos los casos, desde lo natural y/o sobrenaturalmente perfecto a lo natural y/o sobrenaturalmente desastroso, pueden darse. Pero ¿cuántos? ¿En qué proporción?
La singularidad española
Las cifras de España no son las más ilustrativas para responder a esa pregunta por la peculiar circunstancia histórica de la que han gozado los sacramentos hasta las generaciones más recientes.
- En cuanto al bautizo, en 1971 estaban bautizados el 99,4% de los españoles. Y el porcentaje de los nacidos que recibían el sacramento se mantuvo muy alto aún algunos lustros. A partir del siglo XXI, sin embargo, llegó el desplome de bautizos. Según los datos de Demografía de la Iglesia Católica, a las puertas de su tercer milenio del Observatorio Demográfico del CEU-Cefas (Joaquín Leguina-Alejandro Macarrón, julio de 2025), en 2001 lo recibía el 72% de los recién nacidos, en 2015 el 55% y en 2023 el 48%. Los españoles que se bautizan al nacer ya son minoría.
- La prioridad durante muchos años, para el sacramento del matrimonio, del impulso familiar-social por encima del convencimiento personal se confirma con el hundimiento de los celebrados canónicamente. Las bodas católicas, que se mantuvieron en torno al 75% hasta el inicio del siglo XXI, empezaron a caer sin freno desde el año 2000. En 2008 rompió la barrera del 50%, en 2018 bajó del 25% y hoy empieza a aproximarse al 15%: una rareza.
Relación entre matrimonios religiosos y civiles en España.
Las circunstancias históricas y sociológicas del catolicismo en España (y de la propia relación de pareja) son tan singulares que el vínculo entre la fe de los cónyuges, la de sus hijos y su relación conyugal admite numerosos matices.
El caso de países de mayor heterogeneidad religiosa
Si España es una singularidad, Estados Unidos también: no falta un impacto social-cultural sobre las decisiones sacramentales, pero gozan de un vínculo más directo con la personalidad y la fe del afectado.
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Allí un 76% de los católicos casados tienen un cónyuge católico. Eso implica que un 24% no. Dado que el sacramento del matrimonio tiene una componente de convicción personal mayor que la tendencia sociológica o la costumbre familiar (factores de mayor peso en España y otros países de raigambre exclusivamente católica), es en esa cuarta parte de casos donde procede hacer el interrogante: ¿cómo influye la diferencia de fe en el divorcio y en la transmisión religiosa a la descendencia?
Ruptura matrimonial
El vínculo entre la religión común y la felicidad matrimonial es tan claro que un estudio de 2017 de dos sociólogos norteamericanos lo dio por hecho para los estadios previos a la ancianidad y lo abordó para los estadios gerontológicos.
- En cuanto a lo primero, la afirmación estadística proveniente de los estudios ya realizados parece tajante: "La diferencia en la asistencia a actos religiosos predecía una felicidad y una satisfacción inferiores en la relación, parcialmente explicadas por el hecho de que las relaciones religiosamente diferentes suponían un tiempo libre relativamente menor en actividades conjuntas. Además, las parejas religiosamente heterógamas tenían sexo menos frecuente y menor contacto físico no sexual que parejas más similares".
- En cuanto a lo segundo, es decir, la tercera edad, objeto del análisis, la conclusión del estudio parece corroborarlo: "Tomados en su conjunto, los resultados muestran la importancia que sigue teniendo la proximidad religiosa -en particular, la asistencia a servicios religiosos- para la calidad de las relaciones de pareja en la ancianidad". El estudio reconoce, eso sí, que son necesarios mayores estudios para explicar las razones.
J.C. Miller, jurista y padre de siete hijos, estudió esta cuestión y buscó resultados claros, citando entre otros un trabajo del departamento de Sociología de la Universidad de Austin (Texas) sobre Influencia religiosa en el riesgo de disolución del matrimonio.
Se hizo sobre 2.979 parejas casadas por primera vez y aunque el estudio se centraba más en la asistencia religiosa que en la creencia en sí misma, y partía de que la diferencia religiosa entre los cónyuges tenía "una relación moderada con el divorcio" (confirma el dato anterior de 3/4 frente a 1/4), el riesgo era menor si ambos cónyuges tenían creencias teológicas conservadoras (lo que excluye la negación o relativización de la fe) y mayor si los esposos asistían a los servicios religiosos con más frecuencia que sus esposas.
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Estos datos no admiten mucha discusión sociológica porque la diferencia de fe es asimilable en resultados a otras diferencias de importancia comparable. Un estudio clásico realizado en Holanda (otra sociedad religiosamente diversa) con datos entre 1974 y 1994, esto es, antes de la crisis universal del matrimonio, ya lo establecía:
- "Cuando el marido y la mujer cuya relación atraviesa problemas tienen características distintas, es más probable que su matrimonio acabe en divorcio", algo verificable no solo en la religión, sino también en "otras características sociales relacionadas con diferencias en gustos, valores y formas de comunicación. Tales diferencias complican a los esposos su comprensión mutua, reducen el número de actividades que les gusta hacer juntos y limitan el grado en el que pueden corroborar los valores y visiones del mundo del otro". Con una segunda razón, señalan los autores (Matthijs Kalmijn, Paul M. de Graaf y Jacques P. G. Janssen), como es que la diferencia de religión implica traspasar umbrales sociales y perder apoyo del propio grupo.
La transmisión de la fe a los hijos
Y en un matrimonio de católico con no católico, ¿tienen los hijos mayor, igual o menor probabilidad de ser católicos practicantes? Al igual que en el caso de la salud de la relación conyugal, hay casos de todo tipo... y asimismo las estadísticas son inequívocas.
Miller cita a otro clásico, el psicólogo social Vern Bengston (1941-2019), de familia evangélica y uno de los más conocidos estudiosos de las relaciones intergeneracionales. Fue presidente de la Gerontological Society of America y principal autor del libro Familias y fe. Cómo se transmite la fe a través de las generaciones.
Este libro fue publicado en 2017 y estudió a fondo a 350 familias compuestas por 3500 individuos en un periodo superior a un siglo.
Y sus datos son sugerentes:
- Si ambos padres comparten la fe, el 68% de sus hijos adultos mantienen la fe de sus padres.
- Si los padres tienen distinta fe, dicha cifra desciende al 38%, en beneficio de la fe del padre (40%) sobre la de la madre (36%).
Si cuando hablamos de "fe" concretamos en la "fe católica", las cifras empeoran:
- Si ambos padres comparten la fe católica, el 47% de sus hijos adultos mantienen la fe católica de sus padres.
- Si uno de los padres no tiene la fe católica, solo el 21% de los hijos son católicos como adultos.
Es cierto que en esta peor proporción en el caso del catolicismo hay que buscar otro tipo de causas aparte de la diferencia entre los padres, como la propia consideración social de la Iglesia en el mundo en el que ejercen su vida como adultos los hijos a quienes se les transmitió la fe.
Respaldo al Código de Derecho Canónico
¿A qué conclusión quiere llegar J.C. Miller con todos estos datos? Básicamente, a reforzar sociológicamente lo que el propio Código de Derecho Canónico (c. 1124-1129) sugiere con su prohibición de los matrimonios mixtos "sin licencia expresa de la autoridad competente".
El obispo puede concederla "si hay una causa justa y razonable", pero "no debe otorgarla si no se cumplen las condiciones que siguen":
- "que la parte católica declare que está dispuesta a evitar cualquier peligro de apartarse de la fe, y prometa sinceramente que hará cuanto le sea posible para que toda la prole se bautice y se eduque en la Iglesia católica";
- "que se informe en su momento al otro contrayente sobre las promesas que debe hacer la parte católica, de modo que conste que es verdaderamente consciente de la promesa y de la obligación de la parte católica";
- "que ambas partes sean instruidas sobre los fines y propiedades esenciales del matrimonio, que no pueden ser excluidos por ninguno de los dos".