Nuevos líos en el "Belorado austriaco": las monjas en rebeldía
Las monjas rebeldes de Goldenstein vuelven a desafiar a sus superiores con un polémico viaje secreto a Roma lleno de incógnitas.
Bernadette, Regina y Rita tienen 88, 86 y 81: han abandonado la residencia en que fueron instaladas para pasar sus últimos días en su convento.
Lo que comenzó como una disputa local sobre el futuro de una pequeña comunidad monástica en Austria ha terminado convirtiéndose en un fenómeno mediático internacional.
El caso de las tres ancianas agustinas de Goldenstein —las hermanas Rita, Regina y Bernadette, todas mayores de 80 años— vuelve a agitarse tras un polémico viaje secreto a Roma que ha disparado las tensiones con las autoridades eclesiásticas.
Las religiosas, convertidas desde 2025 en símbolo de resistencia tras abandonar una residencia de ancianos para regresar a su convento de Elsbethen contra la voluntad de sus superiores, protagonizan ahora un nuevo episodio que algunos ya comparan abiertamente con el caso de las clarisas de Belorado.
Personajes
3 ancianas monjas de Austria se fugan del asilo y vuelven a Kloster Goldenstein, su casa de siempre
José María Carrera Hurtado
Un viaje clandestino al Vaticano
La nueva controversia estalló después de que las monjas viajaran discretamente a Roma a finales de abril para asistir a la audiencia general del 29 de abril en la Plaza de San Pedro.
Según diversas informaciones, el archiabad Jakob Auer —nombrado recientemente mediador por el Vaticano— aseguró que las religiosas le habían prometido varias veces, tanto verbalmente como por escrito, que no realizarían el viaje.
Además, recordó que, al tratarse de monjas de clausura, necesitaban autorización del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.
Esa autorización, sostiene Auer, nunca existió.
La situación se volvió todavía más extraña cuando el 28 de abril el portavoz de las monjas anunció públicamente que el viaje quedaba cancelado. Sin embargo, prácticamente al mismo tiempo las religiosas ya estaban en camino hacia Italia.
Poco después, el abad Markus Grasl denunció que las hermanas estaban desaparecidas y manifestó preocupación por su estado tras perder el contacto con ellas. Auer llegó a describir el episodio como algo “completamente inusual”, insinuando incluso que las religiosas podrían estar siendo aisladas deliberadamente.
Sospechas de manipulación
Las dudas no se limitan únicamente al viaje.
Diversos observadores apuntan desde hace meses a la existencia de un entorno externo muy activo alrededor de las monjas: campañas en redes sociales, iniciativas coordinadas de recaudación de fondos e incluso la publicación de un libro.
Todo ello ha alimentado las sospechas de que las ancianas religiosas podrían estar siendo utilizadas por personas con intereses propios.
El propio Jakob Auer expresó públicamente esa inquietud al preguntarse si quienes rodean a las hermanas actúan realmente por su bien o persiguen “otros objetivos personales”.
La Archidiócesis de Salzburgo fue aún más lejos al describir a las monjas como “peones en el juego de otros”.
El periodista Andreas English, que acompañó a las religiosas durante el viaje y las asistió físicamente en Roma, aparece también en el centro de la polémica.
Finalmente, las monjas no lograron mantener ningún encuentro privado con el Papa León XIV y únicamente pudieron verlo desde lejos durante la audiencia pública.
Las monjas niegan cualquier coacción
Sin embargo, las protagonistas rechazan por completo la versión ofrecida por las autoridades eclesiásticas.
A su regreso a Austria, las hermanas aseguraron que el viaje fue una peregrinación voluntaria de acción de gracias y negaron tajantemente haber sido manipuladas, secuestradas o engañadas.
Su portavoz sostiene además que nunca existió prohibición alguna para viajar a Roma y afirma disponer de una confirmación escrita fechada el 23 de abril.
También niega que fuera necesario un permiso específico del Vaticano y rechaza que las religiosas estuvieran incomunicadas.
Las discrepancias alcanzan incluso al futuro del convento de Goldenstein. Mientras las autoridades aseguran que el acuerdo sobre la residencia definitiva de las monjas estaba prácticamente cerrado, los representantes de las religiosas afirman que las negociaciones ni siquiera han comenzado formalmente.
Un conflicto que recuerda al caso Belorado
El caso ha puesto sobre la mesa un problema mucho más profundo dentro de la vida religiosa contemporánea: la tensión entre obediencia institucional, libertad personal y presión mediática.
Las reglas monásticas tradicionales regulan estrictamente aspectos como los desplazamientos, la vida comunitaria y las relaciones externas.
De hecho, las propias religiosas reconocieron en una nota manuscrita que un viaje de estas características no encajaba plenamente con su forma de vida contemplativa.
Pero al mismo tiempo, la Iglesia también reconoce la dignidad y libertad de las personas consagradas, especialmente cuando se trata de religiosas ancianas.
La situación recuerda inevitablemente al conflicto de las clarisas de Belorado, que acabó desembocando en una ruptura abierta con la Iglesia tras meses de enfrentamientos internos, polémicas públicas y creciente desconfianza.
Aunque el “Belorado austriaco” aún no ha llegado tan lejos, el caso demuestra hasta qué punto un conflicto inicialmente local puede transformarse rápidamente en un escándalo internacional cuando la autoridad, la comunicación y la confianza dejan de caminar juntas.