Lunes, 23 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

Este valenciano vivía alejado de la fe hasta que su novia entró en acción

«¡Madre mía, yo queriendo confesar!»: el «brutal cambio» de Antonio tras un Cursillo de Cristiandad

Antonio "Tony" Díaz es una persona nueva desde que hace unos meses participara en unos Cursillos de Cristiandad
Antonio "Tony" Díaz es una persona nueva desde que hace unos meses participara en unos Cursillos de Cristiandad

J.Lozano / ReL

Antonio Díaz tiene 40 años y aunque como muchos españoles de su edad estaba bautizado y había hecho la comunión nunca estuvo cerca de la Iglesia y el catolicismo nunca había formado en realidad parte de su vida.

Su vida seguía este camino mientras debido a su trabajo vivió en varios puntos de España, luego en Grecia y de ahí a Estados Unidos antes de regresar definitivamente a España, concretamente a la localidad madrileña de Pinto, donde hace apenas unos meses su vida dio un “cambio brutal” gracias a un Cursillo de Cristiandad. Ahora ve la vida como si le hubieran quitado una venda. Así lo define él mismo.

Una persona alejada de la Iglesia

En una entrevista con Mater Mundi TV, Antonio cuenta su reciente regreso a la Iglesia Católica, de la que formaba parte desde su nacimiento pero de la que no se sentía miembro. “Ha sido todo bastante tardío, porque considerarme como parte de la Iglesia lo hago desde hace dos meses. Mi familia no ha sido creyente. Se me bautizó, hice la comunión pero no había vivido nunca la fe en mi familia”, explica este valenciano.

“Es verdad –añade Antonio- que me inculcaron valores y siempre he intentando ser lo más respetuoso posible. Iba a la iglesia si había una boda pero no sentía era algo mío o que formara parte de ella”.

El importante papel de su novia

Pero todo cambió a su vuelta a España. Y en todo esto ha tenido mucho que ver su novia, una católica practicante que quería compartir esta fe con él. “Yo la acompañaba alguna vez a misa, pero era reacio”, reconoce Antonio.

Este valenciano de 40 años explica: “yo considero que sí he creído en Dios, pero a mi manera. No es que no creyera en la Iglesia, pero creía que para ser buena persona y no hacer mal a nadie con hablar con Él de vez en cuando era suficiente”.

Sin embargo, gracias a su novia empezó a conocer a personas de fe y se le fueron cayendo algunos prejuicios. Lo más sorprendente para él fue el conocer incluso a sacerdotes, algo inaudito para Antonio.  “En mi vida había hablado con un cura, para mí un sacerdote era algo muy extraño”, relata. Y le sorprendió que fueran personas normales, al igual que el resto de católicos que fue conociendo.

Una invitación a Cursillos 

Esos cristianos empezaron a convertirse en sus amigos. Eran personas corrientes al igual que él pero que además creían en Dios e iban a la iglesia. Y entonces le invitaron a unos Cursillos de Cristiandad.

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Antonio, durante el fin de semana en el que realizó el Cursillo

No tenía motivos para no ir. Se lo habían recomendado unos católicos que ya conocía bien, que eran “normales” y de los que se fiaba. Aunque era “reacio” decidió ir un fin de semana estos cursillos. “No sentía que era lo mío y me apunté al curso como quien va a cualquier cosa… pero fue un cambio brutal en mi vida”, afirma Antonio.

"Os habéis equivocado conmigo"

“Nunca pensé que saldría de ese Cursillo tal y como salí”, añade este hombre. Y es que el inicio de ese fin de semana tampoco fue fácil para él. El primer día incluso decidió ir a hablar con el coordinador del Cursillo de Cristiandad. “Os habéis equivocado conmigo. Creo que me habéis puesto en un curso que no es el mío. Veo gente que es más de Iglesia y yo estoy muy verde”, le dijo Antonio.

El coordinador le dijo: “Tú, tranquilo, dale tiempo”.  Obedeció y “a medida que fue pasando el curso –reconoce Antonio- había detalles que me iban llamando más y cada vez me sentía más a gusto”.

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"¡Madre mía, yo queriendo confesar!"

Y entonces le vino el deseo de confesar. “¡Madre mía, yo queriendo confesar!”, pensaba él para sí mismo. “Era una necesidad muy grande y al terminar el Cursillo fue ya increíble. No sé ni cómo describirlo”, explica Antonio.

En su entorno cercano, aquellos que le animaron a embarcarse ese fin de semana, se alegraron mucho de este profundo encuentro con Cristo. “Habían rezado mucho por mí para que estuviera como estoy y para que me sintiera parte de la Iglesia, porque hasta entonces no me sentía”.

De todo esto hace apenas un par de meses, y ya ve cambios importantes en su vida. “Una de las cosas que me ha sucedido desde que pasó esto es que veo el mundo de otra manera. He  ido por el mundo con una venda. Ahora me fijo en cosas que no me fijaba, ahora veo a Dios en muchísimos sitios, y antes no me hubiera dado cuenta”.

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