Martes, 20 de agosto de 2019

Religión en Libertad

Paz a vosotros


En esta hora cru­cial que es­ta­mos vi­vien­do en el mun­do, que nos lle­na de in­quie­tud ante una even­tual gue­rra de am­plias e im­pre­vi­si­bles con­se­cuen­cias desas­tro­sas, ne­ce­si­ta­mos ele­var e in­ten­si­fi­car nues­tra ple­ga­ria en to­das las par­tes a Dios.

En este tiem­po de Pas­cua en el que es­cu­cha­mos el sa­lu­do del Re­su­ci­ta­do, Paz a vo­so­tros, el sa­lu­do de un mun­do nue­vo al que trae y acom­pa­ña la paz con su vic­to­ria so­bre toda muer­te, sen­ti­mos la ur­gen­cia de unir­nos, como eco, a la ple­ga­ria ar­dien­te y vi­go­ro­sa del Papa Fran­cis­co: “Hoy, no­so­tros pe­di­mos fru­tos de paz para el mun­do en­te­ro, co­men­zan­do por la ama­da y mar­ti­ri­za­da Si­ria”, tan rota des­de hace sie­te años y tan gra­ve­men­te ame­na­za­da en las úl­ti­mas jor­na­das a ni­vel mun­dial.

En esta hora cru­cial que es­ta­mos vi­vien­do en el mun­do, que nos lle­na de in­quie­tud ante una even­tual gue­rra de am­plias e im­pre­vi­si­bles con­se­cuen­cias desas­tro­sas, ne­ce­si­ta­mos ele­var e in­ten­si­fi­car nues­tra ple­ga­ria en to­das las par­tes a Dios, Pa­dre de mi­se­ri­cor­dia, y ro­gar­le por este mun­do nues­tro para que cesen la gue­rra, la ten­sión, la vio­len­cia, las ame­na­zas con­tra la hu­ma­ni­dad; se res­ta­blez­ca la paz en la jus­ti­cia y cese toda suer­te de vio­len­cia y ten­sión que ge­ne­ra des­truc­ción y muer­te, siem­bra el te­rror y abre di­vi­sio­nes y odios.

Dios quie­re la paz. Ha en­via­do a su Hijo úni­co al mun­do para traer la paz. Él ha ve­ni­do a traer vida, y ha de­rra­ma­do su san­gre para la re­con­ci­lia­ción y el per­dón; Él es nues­tra paz.

Ne­ce­si­ta­mos la paz que Dios da, con­for­me a su de­sig­nio. Es hora de in­ten­si­fi­car cada uno de los fie­les cris­tia­nos -de cual­quier es­ta­do y con­di­ción- la ora­ción por la paz. Es hora de que las co­mu­ni­da­des cris­tia­nas oren con fe viva y co­ra­zón an­he­lan­te por la paz. Por esto pido a toda la co­mu­ni­dad dio­ce­sa­na esta ora­ción fi­lial y cla­mo­ro­sa ante Dios, el Pa­dre, por me­dio del Prín­ci­pe de la Paz, y de su Ma­dre aman­tí­si­ma, Reina de la Paz, que, en las pa­rro­quias y co­mu­ni­da­des cris­tia­nas, que en la ado­ra­ción per­pe­túa o en la ado­ra­ción per­ma­nen­te, que en en­cuen­tros o vi­gi­lias de ora­ción se ore por la paz. Como nos pide Dios y su Igle­sia, por me­dio del Papa y los pas­to­res, re­ce­mos to­dos los días por la paz, sin­gu­lar­men­te en este año cen­te­na­rio de la apa­ri­ción de la Vir­gen en Fá­ti­ma, y como ella pi­dió, re­ce­mos el San­to Ro­sa­rio por la paz.
 
Pido que en to­das las Eu­ca­ris­tías que se ce­le­bren -sin ol­vi­do ni omi­sión-, en la ora­ción de los fie­les, se ele­ven pre­ces por el cese del te­rro­ris­mo y de la gue­rra, y el es­ta­ble­ci­mien­to de la paz.
 
Crea­mos en la fuer­za de la ora­ción y que la ora­ción nos haga a to­dos sen­tir con­for­me al que­rer de Dios, Pa­dre de to­dos, que quie­re la paz en­tre sus hi­jos, con­vier­ta nues­tros co­ra­zo­nes y nos haga tra­ba­ja­do­res in­can­sa­bles de la paz en este mun­do tan ne­ce­si­ta­do de ella. Que Él con la luz de Cris­to Re­su­ci­ta­do ilu­mi­ne la con­cien­cia de to­dos los res­pon­sa­bles po­lí­ti­cos y mi­li­ta­res, es­pe­cial­men­te de las prin­ci­pa­les po­ten­cias mun­dia­les, para que por la vía del diá­lo­go, de la ver­dad y la jus­ti­cia y la su­pera­ción de todo in­te­rés que no sea el del acuer­do y el bien co­mún, pro­ce­dan a es­ta­ble­cer la paz.

Pi­da­mos que la paz del Re­su­ci­ta­do sane las he­ri­das que han lle­va­do a si­tua­cio­nes como en las que es­ta­mos y que abra las in­te­li­gen­cias y los co­ra­zo­nes a la con­cor­dia y a la bús­que­da de so­lu­cio­nes jus­tas; que nun­ca fal­te la so­li­da­ri­dad y la be­ne­vo­len­cia, signo de hu­ma­ni­dad, para las gen­tes que tie­nen que de­jar sus tie­rras y huir en me­dio de gran­des pe­na­li­da­des y para las na­cio­nes víc­ti­mas de odios e in­jus­ti­cias; que no ol­vi­de­mos a las víc­ti­mas so­bre todo a los ni­ños y a las mu­je­res y a tan­tí­si­mos que es­tán su­frien­do ya los ho­rro­res de la gue­rra y la vio­len­cia en Si­ria, en Orien­te Pró­xi­mo y en tan­tas otras par­tes del mun­do, como tam­bién en Ve­ne­zue­la.
 
Ore­mos in­ce­san­te­men­te y lle­nos de fe y con­fian­za, asen­ta­dos por la es­pe­ran­za del Re­su­ci­ta­do, para que se en­cuen­tren las vías jus­tas, pa­ci­fi­cas y hu­ma­nas a los di­ver­sos y gran­des con­flic­tos que afli­gen hoy a la hu­ma­ni­dad en­te­ra. Ne­ce­si­ta­mos in­vo­car el au­xi­lio de lo alto, de Dios, y que con­ce­da sa­bi­du­ría e in­te­li­gen­cia, cor­du­ra y ra­zón a los que en todo el mun­do tie­ne res­pon­sa­bi­li­da­des po­lí­ti­cas para que res­pe­ten siem­pre la dig­ni­dad hu­ma­na, se es­fuer­cen con de­di­ca­ción y acier­to al bien co­mún, ga­ran­ti­cen el desa­rro­llo y la se­gu­ri­dad a los pro­pios y se es­fuer­cen has­ta la ex­te­nua­ción por cons­truir la paz para to­dos. No a la guerra, sí a la paz.
 
Por la ur­gen­cia que vi­vi­mos, in­vi­to apre­mian­te­men­te a toda la dió­ce­sis de Va­len­cia a la vi­gi­lia de ora­ción por la paz que se ce­le­bra­rá, D.m., el pró­xi­mo sá­ba­do, día 21, a las ocho de la tar­de en la ca­te­dral. Quie­nes no pue­dan asis­tir, por fa­vor, há­gan­lo en sus pa­rro­quias, a ser po­si­ble a la mis­ma hora. Una ple­ga­ria uná­ni­me ha de ser ele­va­da has­ta el cie­lo por la paz.
 
Que Dios os lo pa­gue a to­dos.
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