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La maravilla inestimable de los primos

«Si viajamos al futuro, un futuro cada vez más cercano, nos encontraremos con familias con pocos hijos».

"Sigue habiendo familias grandes, aunque cada vez sean menos".Orlando Allo / Unsplash

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Han pasado ya dos meses desde que falleció una tía mía, una de esas tías que hay en muchas familias. No pudo tener hijos, aunque vivió felizmente casada. Pero todos sus sobrinos éramos sus "hijos prestados". El cariño que hubiera dado a 2 ó 3 hijos nos lo dio, multiplicado, a todos sus sobrinos. En algunas familias esta "super-tía" es la tía soltera, la tía querida de todos los sobrinos.

No pretendo hacer un panegírico personal de mi tía, pero hay una idea que lleva semanas rondando mi cabeza. A raíz de esta experiencia hubo una estampida de recuerdos por parte de todos los primos: anécdotas, fotos, cuadros... Y los recuerdos se fueron extendiendo al resto de tíos, los que siguen en esta tierra y los que ya partieron hacia el más allá. El teléfono parecía tener un hipo constante de tantos mensajes de unos y otros.

¿Se trata simplemente de la añoranza de unos cuantos primos, casi una docena, que ya superamos el medio siglo de vida? ¿Meros recuerdos sentimentales, emotivos? ¿O es la expresión de nuestro instinto familiar, más hermoso cuanto más amplio es el número de primos? Qué maravilla, los primos y las experiencias vividas con ellos. En nuestro caso, además, hay varios con la misma edad, mes arriba mes abajo, o año arriba año abajo.

Si viajamos al futuro, un futuro cada vez más cercano, nos encontraremos con familias con pocos hijos, y por tanto con muchos menos primos. España, uno del países europeos que está en el podium, tiene de media 1.10 hijos por mujer. Según la IA (algún estudioso de la demografía tendría que confirmar el cálculo), el número de primos por pareja es de 0.22. Es decir, 9 de cada 10 parejas que empiezan a tener hijos solo tendrán un hijo, un hijo único y casi 4 de cada cinco parejas no tendrían ningún primo. El reino del hijo único, y del hijo sin primos. Y sabemos que el hijo único es muy fácil que se convierta en el "niño jefazo", incluso de sus padres.

Menos mal que estos datos son estadísticas, promedios, y sigue habiendo familias grandes, aunque cada vez sean menos. Y una familia grande, en número de hijos, es también grande en número de primos.

Preocupa, sin embargo, esta tendencia. Hay una problemática epidérmica, socioeconómica: sube cada vez más el coste de la vida, la adquisición de una vivienda digna, y de un tamaño medianamente apto para padres e hijos. A veces hay parejas que sufren, muy a su pesar, esterilidad e infertilidad; 1 de cada 6 parejas en España, que son muchas, y aun así sigue siendo un tema tabú y escasamente estudiado por la medicina. La solución no es dar hijos a cualquier precio, precio económico, de salud, moral, humano y matrimonial, sino estudiar médica y científicamente este problema de salud.

No quiero quitar importancia a estos problemas epidérmicos, que la tienen. Pero urge poner el foco en el problema que está de fondo. Como dirían muchos filósofos, vayamos a la sustancia que está más allá de los accidentes, del color o del tamaño de esta silla concreta. La sociedad actual tiene poca esperanza en su futuro, poca ilusión por construir un futuro grande, humano, hermoso. Y por eso baja el interés por dar vida, por hacer crecer la familia, la familia inmediata de los hijos – hermanos, y la familia un poco más grande de los primos.

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