Religión en Libertad

Eutanasia: cuando se legaliza el asesinato, la intención es promoverlo

La defensa de algo tan sagrado como la vida no entiende de componendas, cesiones ni excepciones.

No tiene sentido proclamar el derecho a la vida a la vez que se permite eliminar esa vida de forma legal.

No tiene sentido proclamar el derecho a la vida a la vez que se permite eliminar esa vida de forma legal.Annie Spratt / Unsplash

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No pequemos de ingenuidad: cuando se legaliza el asesinato, la intención es promoverlo, fomentarlo. No se pretende presentar su despenalización tan sólo como una opción -lo cual ya es de por sí monstruoso-, puesto que bajo ningún concepto debería de ser legal el derecho a matar. Esto, para empezar.

Los hay que ingenuamente creen que se puede nadar en dos corrientes de agua contrapuestas, que son las de luchar por el derecho a vivir y, al mismo tiempo, ser partidarios del asesinato como un derecho o una opción legal. Décadas de experiencia a nuestras espaldas nos han demostrado que esto no es posible; y no solamente en España, sino urbi et orbi, en todos los confines de la tierra.

Allí donde el crimen del aborto ha sido legalizado, los poderes públicos no han parado de hacer prometeicos esfuerzos por tumbar cualquier medida provida; además de ser reacios a promover campañas a favor de que las mujeres permitan a sus hijos nacer. Decenios de experiencia en todo el mundo constatan -de manera muy sobrada- que legalizar el derecho a matar tiene por intención promoverlo, fomentarlo, por lo que no se puede servir a dos señores.

Así pues, la primera causa de lo que ha sucedido con Noelia es la de haber permitido el asesinato de la eutanasia en cualquier supuesto o situación. No nos engañemos: a partir de ese momento, se abrió la caja de los truenos. Todo empieza desde que uno se muestra partidario de retirarle los alimentos a un enfermo terminal o de acelerar deliberadamente su muerte. Ahí comienza todo.

Si alguno de los que están leyendo este artículo se sienten interpelados, no es mi intención señalarles con el dedo acusador ni introducir éste en sus llagas, sino instarles a que se arrepientan de sus pecados y a que no vuelvan a incurrir jamás en semejante práctica.

Para evitar -a toda costa- que nos den gato por liebre cuando nos ofrezcan la alternativa de acogernos a cuidados paliativos, es imprescindible que nos informemos -de lo que sí es eutanasia y lo que no- en el Catecismo de la Iglesia Católica o/y en la página web oficial del Vaticano; además de consultarlo con un sacerdote recto, ortodoxo, defensor de la verdad sin paños calientes y debidamente formado.

La defensa de algo tan sagrado como la vida no entiende de componendas, cesiones ni excepciones. En otras materias, puede que sí, pero en este caso concreto hemos de ser especialmente precavidos, próvidos o solícitos. No podemos dar nuestro brazo a torcer, ni despistarnos, porque en el momento en el que lo hagamos, habremos abierto la caja de Pandora…

En síntesis: cuando se legaliza una atrocidad, se pretende fomentarla, promoverla, no sólo presentarla como una opción (lo cual ya de por sí es monstruoso). Las leyes nuevas instauran nuevas costumbres, del mismo modo que las costumbres, algunas veces, adquieren rango de ley. Por algo decía un profesor que tuve en la carrera de Derecho que "la ley parece el evangelio de los tiempos modernos". 

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