Religión en Libertad

La verdad sobre la brecha salarial

La ley impide la diferencia de sueldo por razón de sexo. Pero hombres y mujeres eligen profesión según intereses muy distintos.

La prioridad familiar de innumerables mujeres es el gran objetivo a batir por el sistema dominado por la ideología feminista.Orlando Allo / Unsplash

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Uno de los aspectos más esgrimidos por las feministas para “demostrar” que, actualmente, la mujer sigue siendo discriminada en el ámbito profesional, es la llamada brecha salarial. Es decir, la disparidad entre los sueldos y salarios de hombres y mujeres. Pues, en los países desarrollados, las mujeres ganan alrededor de 20% menos que los varones. Y, dado que la ley prohíbe que una mujer gane menos que un hombre por realizar exactamente el mismo trabajo, dicha diferencia se presenta como prueba de que el “sexismo”, profundamente arraigado en la sociedad, es responsable de que las mujeres “tengan que elegir” trabajos más precarios y peores sueldos. A esto añaden que, generalmente, la mujer es quien “se ve obligada” a reducir, cuando no interrumpir, su trabajo a fin de cuidar a los hijos, lo cual impacta negativamente su carrera profesional.

Lo que la mayoría de las feministas prefieren ignorar (además de la sobrerrepresentación de los varones en los sectores de alto riesgo) es la diferencia que existe entre hombres y mujeres. Por ello, ambos eligen profesión y trabajo de acuerdo con intereses muy distintos. Pues varios estudios demuestran que las mujeres tienden a elegir carreras orientadas al cuidado personal, las cuales, aunque en general son menos lucrativas, les permiten mantenerse en contacto con otras personas y, además, son más flexibles. Ya que también se ha observado que las mujeres prefieren trabajos a tiempo parcial y con horarios más flexibles, lo cual lleva a muchas a evitar puestos de nivel ejecutivo debido al alto nivel de exigencia y compromiso que estos conllevan: jornadas extremas, constantes viajes y hasta traslados de ciudad o país, característicos de dichos puestos. Pues ser una gran ejecutiva puede parecer muy atractivo, pero la realidad es que no todas las mujeres están dispuestas a sacrificar su vida personal por conseguir el éxito profesional (Susan Pinker, The Mail on Sunday, 29-6-2008).

Además, la llegada de los hijos transforma la vida profesional de hombres y de mujeres de manera muy diferente. Ya que la maternidad lleva a varias mujeres a elegir suspender sus carreras profesionales, al menos por un tiempo, o a trabajar menos horas que las mujeres sin hijos menores de edad a fin de dedicarse a sus hijos. Sin embargo, la paternidad tiene el efecto contrario en los varones, pues los padres trabajan más horas a la semana y muestran mucho mayor compromiso con su trabajo no solo que las mujeres, sino que los hombres sin hijos.

La mayoría de las mujeres prefiere un puesto menos lucrativo y prestigioso a fin de tener más tiempo personal, especialmente cuando tienen familia. Sin embargo, el sistema lleva décadas presionando a las mujeres para que elijan trabajos de tiempo completo. Pues advierte que los trabajos a tiempo parcial pagan mucho menos que los de tiempo completo y no suelen ser el mejor camino hacia puestos directivos (vid. The Times).

Al parecer, a las feministas no les basta que las mujeres tengan las mismas oportunidades que los hombres, exigen los mismos resultados. De ahí su empeño en que la mujer, renunciando a su esencia femenina, piense, actúe y persiga los mismos objetivos que los hombres

Sin embargo, contrariamente a lo que afirmase Simone de Beauvoir (“la mujer no nace, sino que se hace”), las diferencias entre el hombre y la mujer son parte de su propia naturaleza y no de un constructo social. Por ello, a pesar de la extendida difusión de la ideología feminista, muchas mujeres siguen eligiendo tanto su profesión como su trabajo guiadas por prioridades muy diferentes a las del hombre.

Como señala la psicóloga Susan Pinker en su libro The sexual paradox [La paradoja sexual]:

  • “Existe una idea generada por la segunda ola del feminismo que cree que las mujeres son versiones reprimidas de los hombres a quienes se les han impuesto estereotipos de comportamiento. Afirman que, de no ser por estas construcciones culturales, las mujeres actuarían más como los hombres. Bajo esta perspectiva, las mujeres, ahora que tienen la oportunidad, accederían en masa a todos esos trabajos que estaban reservados a los hombres como albañilería, plomería, minería, marinería, milicia, bomberos, policía, informática e ingeniería, por nombrar sólo algunos; mas no es así. Por el contrario, en los países desarrollados en los cuales las mujeres tienen más oportunidades de elegir trabajo se ve una clara tendencia a la elección de carreras que permiten más flexibilidad y tiempo libre; además de enfocarse a trabajos más sociales y menos solitarios, pese a los esfuerzos de varias décadas para que les resulten atractivos otro tipo de trabajos”.

Asimismo, Pinker afirma que, independientemente de si una mujer puede o no realizar el mismo trabajo que un hombre, la realidad es que muchas no quieren hacerlo, pues también observo que varias mujeres que han logrado el éxito profesional a costa de su vida personal no han encontrado la tan prometida satisfacción

Por su parte, una encuesta de Pew Research reveló que varias mujeres que han sacrificado su carrera para dedicarse al cuidado de sus seres queridos no lamentan su decisión.

Desafortunadamente, los titánicos esfuerzos, a través de diferentes medios, por imponer la ideología feminista que alega liberar a la mujer del “tiránico heteropatriarcado” han conseguido que cada vez más mujeres posterguen o renuncien a la maternidad a fin de dedicarse por completo a su carrera.

Pues el feminismo dice defender a la mujer, cuando en realidad ataca y destruye su bien más preciado, la capacidad de dar la vida y de formar a los hijos. Por ello le ha vendido a la mujer que los hijos son una carga en lugar de una bendición

De ahí que presionen a la mujer a ser un mal remedo del hombre, en lugar de apoyar a las mujeres que eligen dedicarse por completo a su familia, así como a quienes eligen carreras y puestos más compatibles con su vida familiar. 

Bien lo señaló G.K. Chesterton: “El feminismo está mezclado con la idea tan absurda de que la mujer es libre si sirve a su jefe y esclava si ayuda a su marido”.

Las feministas afirman que hay que empoderar a la mujer y respetar su autonomía, pero ignoran a las muchas mujeres que lo que valoran no es un prestigioso título profesional sino dedicarse a sus hijos; que no desean la esclavitud de un importante puesto sino el amor y el respeto de su esposo; y que no quieren pasar la noche “solas y borrachas” [lema del ministerio de Igualdad de Irene Montero en el gobierno de Pedro Sánchez de 2020], sino en su hogar rodeadas de su familia.

Un verdadero movimiento a favor de la mujer empieza por reconocer y promover el insustituible papel de la mujer en el hogar, lugar de plena realización para muchas mujeres que saben que, silenciosa y anónimamente, están formando a los hombres del futuro. Como dice el proverbio: “La mano que mece la cuna es la mano que gobierna el mundo”.

Por el contrario, una sociedad tan materialista y hedonista que antepone el éxito profesional y el nivel de ingreso de sus mujeres a la maternidad y al fortalecimiento de la vida familiar, seguramente seguirá reduciendo la brecha salarial entre hombres y mujeres. Pero lo hará, como ya lo estamos viendo, a costa de mermar una de las instituciones más necesarias, bellas y sagradas, la familia. Lugar donde se forja el futuro de la humanidad, donde la verdadera libertad florece y donde se aprende a amar.

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