Los católicos están perdiendo terreno rápidamente

El Congreso Eucarístico Nacional en Estados Unidos, una cita de la que siempre se espera un impulso evangelizador.
En febrero de este año, el Pew Research Center dio a conocer una encuesta sobre la religión en Estados Unidos, su primer gran estudio de este tipo desde 2014. Tras la publicación de la encuesta, casi pude escuchar el lamento de los católicos, pues nos hemos acostumbrado a acercarnos a este tipo de sondeos con un sentimiento de pavor: la pregunta no es “¿Será mala?”, la pregunta es “¿Cómo de mala será?”.
No ocultaré el titular: es mala. Realmente mala.
Solo el 19% de los estadounidenses se identifican como católicos, frente al 24% de 2007. Es una caída del 20%. Por comparación, los protestantes cayeron un 21%, mientras que quienes se declaran sin religión crecieron un 81% y los musulmanes aumentaron en un impactante 200% (si bien todavía suponen un pequeño porcentaje de la población total: solo el 1,2%).
Aunque el propio titular de Pew sugiere que el declive del cristianismo en el país puede haberse “estabilizado”, está claro que la dirección general es descendente.
Las cifras de los católicos empeoran. Quizá el dato más impresionante de la encuesta es que por cada 100 personas que entran en la Iglesia católica, 840 la abandonan. Así pues, cuando al llegar la Pascua te alegres (y debes alegrarte) de ver a personas que se hacen católicas, recuerda que más de 8 han salido por la puerta de atrás por cada una que está entrando por la puerta principal.
Ninguna otra religión tiene una proporción tan mala de incorporación/abandono. Por cada 100 personas que se hacen protestantes, 180 dejan de serlo. Es un mal dato, pero tan malo como el de los católicos. En cambio, por cada 100 personas que dejan de ser no-religiosos (es decir, que se adhieren a una religión), nada menos que 590 se suman a la cohorte no-religiosa.
¿Hacia dónde se van los que dejan de ser católicos? De los ex católicos, un 56% pasan a ser de “ninguna religión” y un 32% se hacen protestantes. Creo que, por nuestra experiencia personal, todos sabemos que estos números suenan reales. ¿Qué católico no tiene familiares que se han hecho protestantes o han dejado de practicar cualquier religión? Eso es algo que forma parte del ser católico en Estados Unidos en estos tiempos.
Como he dicho, esto es malo... pero en realidad es mucho peor de lo que podrías pensar inicialmente a partir de las cifras anteriores..
Quizá te hayas dado cuenta de algo peculiar en los datos que acabo de reflejar: si tanta gente está dejando la Iglesia, ¿cómo es que el número total solo ha caído un 20%? ¿No debería haber caído más?
Sí, pero hay algo que mantiene los números ligeramente a flote: la inmigración. Como afirma la propia encuesta de Pew, “la inmigración refuerza el número de católicos en Estados Unidos”. A la vez que millones de católicos escapan de la Iglesia, nuevos inmigrantes evitan que los números globales sean horrorosos. No pretendo decir que la insistencia de nuestros obispos en mantener la inmigración masiva busque tapar la auténtica situación de la Iglesia, verdaderamente terrible, pero sin duda la afluencia de inmigrantes acaba teniendo ese efecto.
Y sin embargo... aquí no acaban las malas noticias. (Empiezo a sentirme como un vendedor de televisión, repitiendo constantemente: “¡Esperen! ¡Aún hay más!”) Los números citados reflejan el número de los que se declaran católicos, pero no distinguen entre católicos practicantes y no practicantes. Si dices que eres católico, te cuentan como católico... aunque sabemos que lo que de verdad importa cuando se trata de la salvación de las almas es practicar realmente la fe católica.
La encuesta también pregunta por la asistencia a los servicios religiosos, pero esos números son decepcionantes. Solo el 29% de quienes se declaran católicos van a misa semanalmente. Es decir, solo el 29% del 19% de estadounidenses que se identifican como católicos realmente cumplen con el precepto dominical.
A riesgo de ganarme la fama de ser un disco rayado… ¡creo que en realidad es aún peor! La encuesta de Pew no pregunta sobre la confesión, pero basándome en otras encuestas que he visto en estos últimos años, el número de quienes se declaran católicos y se confiesan al menos una vez al año ronda el 10%. Seamos optimistas y digamos que realmente se sitúa en torno al 20% y que todos esos católicos también van a misa semanalmente.
Basándome en el criterio de mínimos de definir “católico practicante” como quien va a misa semanalmente y se confiesa una vez al año, encontramos que probablemente solo un 20%, como máximo, del 19% que se declaran católicos son católicos practicantes.
Hagamos unos números:
- Hay 340 millones de estadounidenses
- Un 19% se declaran católicos: 64,6 millones de católicos
- Un 20% de esos católicos (12,92 millones) son católicos practicantes, es decir, el 3,8% de los estadounidenses.
Compara este número de católicos practicantes con el de 98,6 millones de no-religiosos: hay casi ocho veces más estadounidenses no religiosos que católicos practicantes. Y recordemos que más de 50 millones de personas que se declaran católicos ni siquiera verifican el criterio mínimo para ser considerados practicantes de su fe en algún sentido real.
Como decía, la noticia es mala. Muy mala.
Las dos preguntas que surgen de forma natural al mirar estos terribles números son:
1) ¿Cómo ha podido pasar esto?
2) ¿Qué podemos hacer para arreglarlo?
Obviamente, debemos responder a la primera pregunta para poder responder la segunda. Sin embargo, por desgracia, la mayoría de los líderes católicos se desinteresan por completo de esa primera pregunta. Tal vez quieran hablar sobre cómo atraer nuevos católicos, pero no contemplarán seriamente por qué tantos la están abandonando. Sin embargo, por cada 100 nuevos católicos hay 840 ex católicos. Estamos absolutamente obligados a estudiar en primer lugar qué fue lo que produjo el problema.
El gran obstáculo que hay que superar para ello son los católicos que ignoran el problema, pero hay un obstáculo añadido: las respuestas simples. No existe una “solución mágica” que pueda revertir esta decadencia. Ni extender la misa tradicional (la “solución mágica” tradicionalista), ni mejorar la catequesis (la “solución mágica” conservadora), ni aceptar las costumbres sexuales modernas (la “solución mágica” progresista) resolverán el problema. No hay una única respuesta sobre cómo avanzar.
A bote pronto, he aquí unos cuantos factores que creo han producido este masivo abandono de la Iglesia:
- Un liderazgo ineficaz, especialmente por parte de los obispos.
- La indiferencia religiosa.
- Una catequesis pobre.
- Los escándalos dentro de la Iglesia.
- Las misas irreverentes.
- La mediocridad de las parroquias.
- Una falta generalizada de entusiasmo por la fe.
- La secularización de la cultura.
- La rapidez de los avances tecnológicos, que a algunos les hace sentirse “realizados” sin necesidad de la religión.
La respuesta completa a “¿Cómo ha podido pasar esto?” incluye todos los puntos anteriores y muchos más. Por eso los católicos deberían considerar una revisión completa sobre cómo funciona la Iglesia. Absolutamente nada debe dejarse de lado, salvo las cosas de origen divino (no debemos abolir los sacramentos, por ejemplo). El status quo que ha reinado los últimos 60 años debe convertirse en algo del pasado.
El problema con el status quo es que resulta cómodo y familiar. Las diócesis y parroquias llevan funcionando de la misma manera desde hace décadas, y cualquier cambio institucional encontrará una enorme resistencia por parte de los sostenedores del status quo, que suelen ser los obispos y muchos párrocos… y sobre todo los laicos de los obispados y despachos parroquiales. Incluso los católicos ortodoxos caen en esta rutina, limitándose a buscar entre los diversos apostolados el siguiente programa que solucionará nuestros problemas.
El camino a seguir, sin embargo, debe ser mucho más radical. Si los ejecutivos de Facebook descubriesen que por cada 100 personas que se unen a la plataforma, 840 la dejan, puedes estar seguro de que emprenderían cambios radicales. Del mismo modo, los católicos deberían emprender reformas significativas: entre ellas, cómo gobiernan la Iglesia los obispos, cómo se celebra misa, cómo educamos a nuestros hijos, cómo nos relacionamos con otras religiones, y cualquier otro aspecto de la vida eclesial.
Me vienen a la cabeza algunas ideas prácticas:
- Impulsar el homeschooling entre los católicos.
- Difundir mucho más la misa tradicional.
- Disolver la conferencia episcopal.
- Frenar las actividades interreligiosas.
- Volver al Catecismo de Baltimore.
- Volver a la abstinencia de carne todos los viernes del año.
- Cerrar las ligas parroquiales que juegan los domingos.
En realidad, estas ideas solo suenan radicales si uno se empeña en continuar con los fracasos de los últimos 60 años.
Estamos en un punto de serie crisis eclesial en nuestro país, lo que significa que tenemos que ser serios con las soluciones, incluso si van contra nuestro status quo postconciliar. Una cosa es segura: mientras metamos la cabeza bajo tierra y sigamos haciendo lo que estamos haciendo, el número de católicos que abandonan la Iglesia no dejará de crecer.
- Publicado en Crisis Magazine el 4 de marzo de 2025.
- Traducción de Carmelo López-Arias.