Viernes, 10 de julio de 2020

Religión en Libertad

El capítulo general de la Hermandad San Pío X y la respuesta de Roma


Sería insensato que dos partes que han mejorado su relación den ahora un paso atrás para empeorarla sólo porque no han conseguido coincidir del todo.

por Carmelo López-Arias

Opinión

Era evidente que, si se llevaba al obispo Bernard Fellay a un escenario en el que "no poder no firmar", no firmaría. Es lo que pasó el 13 de junio, cuando el cardenal William Levada (sustituido pocas fechas después) le propuso un texto de Preámbulo Doctrinal distinto al que, con buenas razones para ello, monseñor Fellay pensó que ya contaba con el visto bueno del Papa.

Del mismo modo era y es evidente que entre el acuerdo y la ruptura ha habido siempre una zona intermedia: mantener el statu quo de buena fe que ha existido en los últimos años y ha posibilitado un acercamiento personal a múltiples bandas impensable en otros tiempos. Pues bien, ese statu quo es el que aparece definido con nitidez en el comunicado de respuesta de la Santa Sede a la declaración del capítulo general de la Hermandad San Pío X (FSSPX): "La Santa Sede ha tomado nota de esta declaración pero sigue esperando la anunciada comunicación oficial por parte de la Fraternidad Sacerdotal para la continuación del diálogo entre la Fraternidad y la Comisión Ecclesia Dei”.

Este comunicado define un statu quo porque:

1. La "anunciada comunicación oficial" la constituyen la respuesta personal de monseñor Fellay, que ya llegó a Roma, y la citada declaración, que se ha hecho pública en cuanto la respuesta personal llegó a Roma. No hay, en principio, nada nuevo que seguir esperando. La Santa Sede emplea un elegante, delicado y prometedor eufemismo para dilatar su respuesta sine die.

2. El diálogo continuará. Ahora bien, las conversaciones doctrinales han concluido y, en sentido estricto, han fracasado. Luego el "no acuerdo" no implica "ruptura". Máxime cuando hay dos personas recién llegadas con responsabilidad en el asunto y que difieren sobre él: el nuevo prefecto de la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller, partidario de la mano dura con la FSSPX, y el nuevo hombre fuerte de Ecclesia Dei, Augustine di Noia, partidario de la mano tendida a la FSSPX.

3. El diálogo será con la comisión Ecclesia Dei, adonde acaba de llegar Di Noia con plenos poderes (véase en el polémico pero bien informado blog hispano-portugués A Casa de Sarto la sutileza burocrática que envuelve su nombramiento) y respaldado por una poco frecuente declaración de intenciones de la Santa Sede cuando ya se sabía que no habría acuerdo. Aunque Ecclesia Dei depende de Doctrina de la Fe, esta congregación no aparece citada en cuanto tal en el comunicado de la Oficina de Prensa vaticana.

La FSSPX, por su parte, no ha quemado sus naves. Aunque ha incidido en que en "las innovaciones" del Concilio Vaticano II hay "errores", ha reiterado también que Nuestro Señor ha querido que "el poder supremo de gobierno sobre toda la Iglesia recaiga sólo sobre el Papa, Vicario de Cristo en la tierra".

En ambas partes se respira ahora una mayor sensación de optimismo que durante las turbulencias de mayo y junio.

Tanto monseñor Di Noia como el influyente cardenal Raymond Leo Burke, prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, mostraron públicamente su esperanza en el futuro cuando ya se conocía el fracaso de las conversaciones doctrinales.

Del mismo modo, y tras nueve vertiginosos meses desde la reunión extraordinaria de octubre en que se examinó la situación, la Hermandad San Pío X ha vivido un capítulo general que ha reforzado su unidad interna y su tranquilidad ante los tiempos por venir y, con ello, se ha reforzado la autoridad de monseñor Fellay. Justo lo que deseaban los miembros de la Curia proclives al acuerdo, y justo lo que deseaban evitar quienes querían impedirlo.

Se abre pues, ahora, un impasse que puede ser largo, pero que puede resultar muy útil para aproximar posiciones. Sería insensato que dos partes (ciertamente no iguales en jerarquía, pero sí iguales en la firmeza de sus posturas) que han mejorado significativamente su relación tras un delicado proceso de años, den ahora un paso atrás para empeorarla sólo porque no han conseguido coincidir del todo.

El tiempo, en este caso, corre a favor de quien piensa, no de quien se agita.
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