20.000 marineros varados en el Estrecho de Ormuz: así se aferran a la fe sin sacramentos ni conexión
El Apostolado del Mar busca una solución de urgencia para este drama humanitario.
Uno de los sacerdotes del Apostolado del Mar celebrando Misa con marineros del puerto de Stella Maris en Hamburgo.
La Organización Marítima Internacional (OMI) asegura que alrededor de 20.000 marineros permanecen bloqueados en el estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más sensibles del planeta.
Las miles de personas que trabajan en los grandes buques, sobre todo filipinos, indios e indonesios, no pueden desembarcar ni ser repatriadas. El portal Aciprensa amplía más datos.
La crisis no solo afecta al comercio y a la estabilidad regional: está golpeando con fuerza la salud emocional de quienes viven atrapados en los buques, advierte Luis Quinteiro Fiuza, Obispo emérito de Tui-Vigo y presidente del Apostolado del Mar.
Angustia insportable
El prelado explica que muchos tripulantes llevan semanas sin poder abandonar sus barcos, sometidos a un estado de tensión permanente. "Viven con una angustia insoportable; cada minuto pesa, porque saben que un ataque podría acabar con todo en cuestión de segundos", señala.
La escena se repite en distintos puertos y fondeaderos: sacerdotes del Apostolado del Mar celebran misa con los marineros, intentando ofrecer un respiro espiritual en medio del miedo.
En muchos barcos la conexión a Internet ha caído.
Tras el Triduo Pascual, Quinteiro viajará a Londres para participar en reuniones de alto nivel en la OMI, organismo de la ONU encargado de la seguridad marítima. Allí se estudia la creación de un corredor seguro que permita evacuar los barcos atrapados en el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz sin exponerse a ataques.
El obispo subraya que la situación es devastadora tanto para los marineros como para sus familias. Aunque la presencia cristiana en la zona es mínima y las comunicaciones son complicadas, el Apostolado del Mar mantiene contacto con algunos allegados de los tripulantes.
"Las familias están desbordadas, viven pegadas a las noticias, con un miedo que las paraliza", explica. En muchos barcos, además, la conexión a Internet ha caído, lo que agrava la sensación de abandono.
Quinteiro describe el escenario con crudeza: "Imagínese ver pasar misiles desde la cubierta. ¿Cómo puede reaccionar una persona ante eso? Es un shock continuo”. La Iglesia, afirma, intenta sostenerlos emocional y espiritualmente, aunque la repatriación es imposible: "Están atrapados, esa es la palabra".
Desde el inicio del conflicto se han contabilizado más de 20 ataques a buques mercantes con al menos 10 muertos, a pesar de que por el estrecho solo pasan entre 4 y 5 buques al día, frente a los 150 que lo hacían antes de la guerra. En un mes, las organizaciones internacionales han recibido más de mil solicitudes de ayuda. Los cerca de 2.000 buques presentes en el Golfo Pérsico reciben al menos suministros de alimentos, agua y combustible de empresas con sede en Arabia Saudí y Omán.
En los últimos días, en los centros de acogida y en las capillas de Manila frecuentadas por los marineros, el malestar psicológico se ha hecho evidente. "Hace dos semanas, durante nuestras misas y en los dormitorios, preguntamos a más de 300 marineros: ¿están ansiosos? La gran mayoría respondió que sí", informa el misionero de origen brasileño.
Quinteiro recuerda también que el 90% del comercio mundial depende del transporte marítimo, pero los trabajadores del mar siguen siendo un colectivo invisible, muchas veces procedente de países pobres y expuesto a injusticias. El Papa León XIV pidió oraciones por ellos en el Ángelus del Domingo de Ramos, recordando su sufrimiento.
El Apostolado del Mar, reconocido jurídicamente por el Papa en noviembre, continúa una labor iniciada hace más de un siglo. Desde Pío X hasta Francisco, la Iglesia ha reforzado su compromiso con quienes viven en el mar. "Evangelizar hoy —concluye Quinteiro— significa estar a su lado, defender sus derechos y ofrecer consuelo en medio de situaciones extremas".