Religión en Libertad

La vida cotidiana en el CEDIA de Cáritas que visita el Papa

El Papa visita en la tarde del sábado el centro 'CEDIA 24 horas' de Cáritas, en el barrio de Lucero y Latina, cerca de Carabanchel, una de las zonas pobres de Madrid.

CEDIA empezó hace 50 años con una furgoneta que repartía café. Luego, durante décadas, ofrecía unas butacas para pasar la noche a personas sin techo.

Hoy tiene servicios de acogida a "personas en situación de sin hogar", tanto de día (duchas, taquillas, comida, talleres) como de noche. En 2019, con la pandemia, desaparecieron ya las butacas para permitir dormir en camas y habitaciones, junto con sus servicios de duchas, baños, etc...

CEDIA tiene hoy 47 plazas de noche para hombres y 20 plazas de noche para mujeres, ellas van a otro edificio. Hay además 25 plazas en el centro de día. Es atención para individuos, a las familias se les deriva a otro centro. En 2025 pernoctaron aquí 880 personas distintas; las ayudadas de distintas formas fueron más de 2.000. De las 47 plazas para varones, cinco son del Samur Social de Madrid y el resto son propias de Cáritas. "Es un centro de puertas abiertas", dice Juan José Gómez. "El timbre suena y siempre se abre".

Clara Weik, voluntaria de CEDIA, afirma a Vatican News que hacer voluntariado en este centro la ha cambiado tanto. "Recibes mucho, es un intercambio de fe, de cultura, de idioma, de todo", dice.

El centro devuelve dignidad y esperanza a la persona, ofreciendo acogida, escucha, un lugar donde estar, ducharse, dormir, poder hablar y reír... Estar en el centro permite a los usuarios acudir a entrevistas de trabajo o buscar empleo en condiciones de igualdad, bien vestidos y arreglados.

Un fenómeno nuevo: el "trabajador pobre", que tiene oficio y sueldo pero no le alcanza para su vivienda.

El tablón de anuncios muestra los planes diarios para los huéspedes: los lunes, actividades deportivas, juegos de mesa, «habilidades sociales»; los martes, grupos de encuentro, arteterapia; los miércoles, sesiones para «reconocerse» o «romper el silencio», y así sucesivamente.

«Hay españoles, pero también árabes, africanos, latinoamericanos», cuenta el responsable. «Somos una pequeña ONU», sonríe, «hay culturas diferentes, idiomas diferentes; la convivencia, como en todo, siempre presenta algún pequeño problema, pero nunca se va más allá. Y, de todos modos, siempre se ayuda a quien llega. Quien llegue siempre recibirá amor y cariño».

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