Religión en Libertad

Dios es emocionante, las emociones ayudan, pero hay que profundizar, dice Jesús Silva

El popular sacerdote youtuber Jesús Silva comenta el papel de las emociones en la fe, y la importancia de la perseverancia en ella.

"La emoción al encenderse ilumina ilumina la inteligencia y le hace ver que lo de Dios es verdad, que Dios existe, que Dios es real y entonces mi vida tiene que cambiar y desde ahí la inteligencia enciende la voluntad", explica. Eso lleva al culto, a la confesión, los sacramentos "y se genera un círculo virtuoso".

"Cuando yo recibo la iluminación del Señor en mi vida, entonces mi inteligencia queda iluminada por la fe y tengo que tomar una decisión. Decido creer", añade. "Es la voluntad que responde con un asentimiento intelectual y de la voluntad a ese don que se me ha dado. Porque al final la fe no se puede producir por argumentos. La fe se produce cuando tengo esa experiencia de Dios que me lleva a darme cuenta de que es verdad".

"La emoción me impulsa a ello, la inteligencia me ilumina para ello, pero yo elijo creer. El poder creer con la voluntad es un don de Dios, porque Dios precede, te da la experiencia de Dios, te da el don de poder creer, te da la gracia de la fe y permite a tu voluntad el poder dar ese paso", matiza.

Previene frente a tres peligros:

  • - el voluntarismo, creer que todo lo puedo hacer por mis fuerzas,
  • - el intelectualismo, pensar que todos son razones, motivos, argumentos y silogismos,
  • - y el emocionalismo, que es pensar que Dios es solamente sentimiento, que no se le puede comprender para nada, que lo que hay que hacer es buscar el sentimiento.

Hay quien va a retiros buscando reactivar "sentimientos", y no buscando a Dios.

"El emocionalismo, no. La emoción, sí", detalla Silva. "Tampoco el intelectualismo es bueno porque el intelectualismo es centrarlo todo en la razón y nuestra razón está herida, por el pecado original y afectada por cuestiones morales".

Hay momentos que lo que hay que hacer es elegir perseverar en la vida cristiana. "Yo, cuando he tenido crisis de fe y crisis de vocación, es lo que me ha pasado. La emoción estaba baja, lo que me había sucedido espiritualmente había quedado en el pasado, me encontraba con dudas, con problemas. Y entonces, ¿qué hago con mi vida? Haz memoria de lo que te sucedió. Lo que te sucedió fue real. Tú sentiste a Dios. Tu viste con claridad que Él es real, que existe, que te quiere. Fue un momento de lucidez muy grande en el que él te puso ciertas cosas en el camino. Ahora la emoción se ha apagado, entonces la tentación es tirar la toalla. Pero no, recuerda, lo que tú viviste es real. Desde ahí la inteligencia dice, "Vale, entonces si esto es real y yo tengo que perseverar aunque no lo sienta, aunque no me apetezca, aunque no lo vea claro. Y desde ahí, Señor, te pido la gracia de poder perseverar".

"Veo que hay muchas personas que hacéis una experiencia de Dios, pero que luego os cuesta una coherencia de vida. Sobre todo con la moral sexual cristiana, que al final es lo que a todo el mundo le cuesta. Dios existe, Dios me quiere, Jesús me quiere, Dios existe, está en la adoración, pero ¿por qué tengo que cambiar de vida? Y ahí es muy importante también formarse".

"Cuando Dios nos pide una conversión moral hay razones, hay motivos, hay argumentos. No es un capricho de nadie, ni es rigidez de la iglesia, ni nada de esto", explica después. "Hay muchos vídeos en internet, está el Catecismo de la Iglesia Católica, hay muchos libros que podéis buscar para que tu conversión sea completa, no sea solamente lo emocional ni solamente lo intelectual, sino también la voluntad".

"El que tiene que cambiar eres tú, no la Iglesia. No es adaptar el evangelio a lo que yo estoy dispuesto a vivir o a lo que el mundo está dispuesto a aceptar, sino cambiar mi vida para vivir conforme a lo que Dios me pide", exhorta. [21 min 25 s]

Para perseverar en el bien, anima a "permanecer en la comunidad, seguir orando, seguir manteniendo la emoción, cuidar la mente, formarme, estudiar, crecer, también ver mi comportamiento moral, darme cuenta de que tengo que elegir creer. Vendrán momentos difíciles en los que tendré que hacer un acto de fe y entonces el círculo virtuoso será un poco más complicado. A veces habrá cosas que no entienda de la iglesia, pero me tengo que fiar y tengo que tratar de profundizar y comprenderlas. Y desde ahí vamos a poder ser cristianos coherentes, católicos al 100%, no al 90%. Desde ahí la emoción inicial se va a convertir en una vida de fe que luego tiene que permanecer hasta que llegue la muerte". 

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