Misa del Domingo 1 de febrero, IV del Tiempo Ordinario: meditemos y apliquemos las Bienaventuranzas
En el Evangelio del día, Jesús predica desde el monte la vía segura para llegar al Cielo, donde está la recompensa de la vida cristiana.

El IV Domingo del Tiempo Ordinario se lee en el Evangelio el comienzo del Sermón de la Montaña.
Este domingo la Iglesia celebra el IV Domingo del Tiempo Ordinario.
- Misa dominical en Nazaret TV desde la parroquia de Santa Teresa del Niño Jesús de Barcelona.
Primera lectura: Sofonías 2, 3; 3, 12-13
- Buscad al Señor los humildes de la tierra, los que practican su derecho, buscad la justicia, buscad la humildad, quizá podáis resguardaros el día de la ira del Señor... Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor. El resto de Israel no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca. Pastarán y descansarán, y no habrá quien los inquiete.
Segunda lectura: 1 Cor 1, 26-31
- Y si no, fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención. Y así -como está escrito-: el que se gloríe, que se gloríe en el Señor.
Evangelio: Mt 5, 1-12
- Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: "Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
Reflexión
El proyecto de Dios para la humanidad: un pueblo pobre y humilde que sea un resto fiel. Este pueblo es la Iglesia, formada por los débiles de este mundo, por los que no cuentan. Una pobreza y una humildad que nadie nos impone, sino que la elegimos como camino que nos lleva a Dios.
¿Cómo se puede amar de esta manera? Jesús fundamenta este amor en la misericordia de Dios Padre, de quien proviene nuestra existencia. Nuestra mirada es de confianza en el amor de Dios, y en esta confianza está nuestra esperanza de una vida eterna. Que esto que contemplamos nos lleve a una vida austera compartiendo con los más necesitados.
- Fuente: Conferencia Episcopal Española, Calendario Litúrgico.