El dato sobre San José que siempre pasó desapercibido (y lo cambia todo)
Raúl Mir revela el lado más humano y silencioso de san José en una novela que convierte lo cotidiano en una experiencia espiritual profunda.
Raúl Mir con una imagen de san José
Raúl Mir ha publicado recientemente su novela El pozo de la promesa. Cartas de la samaritana de Sicar (Mensajero) y es asiduo conferenciante sobre desarrollo humano sostenible y temas relacionados con la fe católica y la cultura.
Coincidiendo con el mes dedicado a san José presenta en esta entrevista concedida a Carlos Vilches para Religión en Libertad su novela El evangelio secreto de José de Nazaret (San Pablo).
- En primer lugar tengo una gran devoción a san José desde mi infancia. Siempre me ha impresionado que su figura tan decisiva para la historia de la salvación aparezca en los evangelios casi en penumbra. San José acompaña a Jesús y a María de manera discreta, silenciosa, casi como si su presencia fuera invisible, y sin embargo sostiene la Sagrada Familia en obediencia absoluta a Dios. Sentí la necesidad de iluminar esa sombra, de darle voz a través de la meditación, la contemplación y la imaginación espiritual. Quise explorar no solo sus acciones, sino también sus pensamientos, sus miedos, sus decisiones y, sobre todo, su entrega absoluta a la voluntad de Dios. Este proyecto fue un intento de acercarme a la humanidad y santidad de José, para que los lectores puedan conocer al hombre que “protegió el misterio de Dios en la tierra” desde su intimidad más profunda.
- No se trata de un evangelio nuevo ni hay revelaciones inéditas, todo lo que aparece en el libro se encuentra en el evangelio pero leído desde los ojos de san José. Lo llamo “secreto” porque su vida es silenciosa, escondida, casi como si se deslizara entre las páginas de la vida de la humanidad sin dejar rastro; sin embargo, ese silencio custodia un tesoro espiritual que no siempre descubrimos. José nos enseña que la santidad no siempre necesita reconocimiento, que el verdadero valor a menudo se encuentra en la fidelidad callada, en la obediencia cotidiana y en el amor discreto.
Este “evangelio secreto” es, entonces, una invitación a descubrir la grandeza de lo pequeño y la profundidad de lo silencioso de este gran hombre.
Portada del libro El Evangelio secreto de José de Nazaret
- El proceso fue doble: riguroso y espiritual al mismo tiempo. Me apoyé en los textos bíblicos, en los escritos de los padres de la Iglesia, en las encíclicas papales y en la rica tradición espiritual que rodea a san José, pero más allá de todo ello, lo que dio efectivamente verdadera forma a la obra fue la oración. He pasado horas contemplando a José en las escenas evangélicas, imaginando su corazón y su fe, tratando de sentir lo que él pudo haber sentido ante cada acontecimiento extraordinario de su vida junto a Jesús y María.
- El silencio de José no es un vacío ni una ausencia, sino una escucha radical y profunda. Cada gesto suyo, cada decisión tomada en la intimidad de la familia de Nazaret, refleja una comunicación constante con Dios.
Su vida fue una respuesta al Verbo encarnado; no necesitaba palabras porque su obediencia, su cuidado y su entrega eran elocuentes por sí mismos. Este silencio nos invita a reflexionar sobre la importancia de escuchar antes de hablar, de permitir que nuestra vida hable más que nuestras palabras. En un mundo saturado de ruido y opiniones, José nos recuerda que el poder transformador del silencio no consiste en callar por temor, sino en callar para dar espacio a Dios y al bien que podemos hacer en nuestro entorno.
- La minuciosidad no ha nacido del afán de enumerar estos hechos sino del deseo de escuchar lo que la mirada de san José guarda de todas estas escenas. Como el libro está narrado en primer persona, es José quien relata su vida. Cada escena —el nacimiento, la búsqueda de un casa en Belén, el viaje a Egipto, un sábado en la sinagoga, la pérdida de Jesús en el templo, el trabajo de Jesús en la carpintería familiar— no son solo episodios, sino icono vivo de una historia tallada con manos humanas pero con un destino divino; y José, siempre discreto, permanece como la sombra fiel que protege la luz sin reclamarla para sí.
Esta minuciosidad descriptiva de tantos detalles que a veces pasan desapercibidos es una forma de oración: cada detalle es una cuenta del rosario que se desliza entre los dedos de san José. Y así, lo cotidiano —una mesa tallada, un pan compartido, una sombra al atardecer— desde su narración se vuelve epifanía.
José muestra que la paternidad es, sobre todo, presencia. Y esa presencia se construye cada día con el tiempo compartido los hijos, con su formación espiritual, con el acompañamiento del misterio que es cada hijo.
Además san José amó a Jesús sin imponerse y lo sostuvo sin apropiárselo. Ese estilo de paternidad humilde y firme es urgente hoy.
Se puede vivir esa humildad con gestos simples y concretos: trabajar con honestidad, cumplir nuestras responsabilidades sin buscar reconocimiento, cuidar con dedicación a la familia y a los amigos, y estar presentes más que ocuparnos de impresionar. Escuchar más que opinar, sostener a los demás sin figurar, ayudar sin alardear.
También implica aceptar que no siempre seremos vistos ni comprendidos, pero que nuestro esfuerzo discreto puede tener un impacto profundo. Practicar el silencio de José es aprender a ser fiel en lo cotidiano, a cultivar la paciencia y la ternura en lo pequeño, confiando en que Dios ve y valora lo que nosotros hacemos con amor y discreción.
Que Dios no abandona nunca en la fragilidad. Que la fa fe no elimina los problemas, pero los hace fecundos. José conoció el miedo y la incertidumbre, pero su confianza le abrió muchos caminos.
- Mostrando que el trabajo es oración cuando se hace con amor. Él convirtió la carpintería en taller de santidad. La fe se encarna en lo cotidiano y que cuando el trabajo se realiza con fe acaba convirtiéndose en un pequeño altar.
- Escucha atenta, disponibilidad inmediata a la voluntad de Dios, fidelidad en lo pequeño y ternura en las relaciones.
- Que la santidad no consiste en grandes gestas, sino en la fidelidad silenciosa de cada día.
- Diría: “No tengas miedo de confiar en Dios y cuidar lo que se te ha confiado, aunque nadie te aplauda ni te lo reconozca”.
- Un deseo de mirar más a José, conocerlo, aprender de él e imitar su fe sencilla y profunda.