Religión en Libertad

¿Cuál es la mejor pastoral vocacional según el obispo de Alcalá, Antonio Prieto?

Entrevista al obispo Antonio Prieto Lucena, sobre pastoral vocacional, sacerdocio, familia y espiritualidad, de la revista Fons Vitae

Antonio Prieto Lucena, obispo de Alcalá de Henares, en noviembre de 2025diócesis alcalá

Publicado por
Religión en Libertad

Creado:

Actualizado:

Antonio Prieto Lucena, nacido y formado como sacerdote en la diócesis de Córdoba, es desde verano de 2023 el obispo de Alcalá de Henares, una diócesis de unas 90 parroquias y 850.000 habitantes. Le entrevistaron para la revista Fons Vitae (nº 26, diciembre de 2025) de la Hermandad de Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón (hhnssc.org), tras unos ejercicios que impartió en verano de 2025.

En la entrevista habla de su vocación, su (breve) experiencia como obispo, la pastoral vocacional, los ejercicios de San Ignacio, la espiritualidad del Sagrado Corazón... "Una buena pastoral juvenil es la mejor pastoral vocacional", considera.

- ¿Cómo ha influido en su vida la fe y el testimonio de sus padres?

- Mis padres han sido uno de los mayores regalos que he recibido de Dios. Con su amor y su ejemplo de vida entregada a su familia, además de la fe, me han transmitido el valor del trabajo, el esfuerzo, la responsabilidad, la honestidad y el servicio a los demás. Nunca podré agradecerlo suficientemente.

- ¿Cómo surgió en su vida la inquietud por el sacerdocio?

- Dios se sirvió del testimonio de mi párroco. Cuando llegó a mi pueblo, yo tenía doce años. Él era muy alegre y se le daban muy bien los adolescentes y jóvenes. Me enseñó a hacer oración y a tener un plan de vida cristiana, que incluía ser responsable en los estudios y comprometerme en pequeñas tareas apostólicas y de caridad. Al ir profundizando en mi relación con el Señor, se fue despertando en mi la pregunta por el sacerdocio. Tuve que superar algunas dudas y temores hasta que me decidí a ingresar en el Seminario en mi segundo año en la Universidad.

- En su camino vocacional, ¿hay algún rostro o persona que considera que le ha marcado particularmente?

- Estaré eternamente agradecido al director espiritual del Seminario de Córdoba, Don Gaspar Bustos Álvarez. Era un hombre de Dios, que contagiaba pasión por el sacerdocio y la santidad sacerdotal. Al mismo tiempo, era muy humano y sencillo. Su caridad era exquisita. Tenía una capacidad especial para acompañar en el camino hacia Dios respetando en todo momento la libertad y los límites de cada uno.

- ¿Qué lugar ha ocupado en su itinerario vocacional la vida religiosa?

- En los comienzos de mi vocación me ayudaron mucho las Mercedarias de la Caridad, que estaban en mi pueblo. Después, ya en el Seminario, el director espiritual, aparte de enseñarnos a valorar a los grandes maestros de la espiritualidad, que habían sido fundadores o reformadores de órdenes religiosas, nos puso en contacto con algunas comunidades que han sido muy importantes en mi vida, como las Carmelitas Descalzas, las Clarisas, las Cistercienses o las Hermanas de la Cruz, entre otras.

- De su experiencia de 14 años en el Seminario como formador, vicerrector y rector, ¿cómo es posible hoy que surja el «milagro» de una vocación sacerdotal?

- Por desgracia, no existe una fórmula mágica para suscitar las vocaciones. Toda vocación es siempre un misterio, en el que la intervención de Dios es absolutamente prioritaria, anterior y decisiva. El icono de la pastoral vocacional es la experiencia del apóstol San Andrés, que, encontrando a su hermano Pedro, lo llevó a Jesús. Esto es lo que debemos procurar: llevar a los niños y a los jóvenes al Señor, para que Él los envuelva con su amor y los seduzca con su llamada. Creo que una buena pastoral juvenil es la mejor pastoral vocacional.

El obispo de Alcalá, Antonio Prieto, en los ejercicios con los Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en verano de 2025fons vitae

- Ha estudiado Teología del matrimonio. ¿Qué es lo que más desearía comunicar hoy a los jóvenes y a las familias para ayudarles a vivir con gozo y esperanza su vocación en la Iglesia?

- «¡Familia, sé lo que eres!». Siempre me ha impresionado esta exclamación de San Juan Pablo II en la exhortación Familiaris Consortio. La familia cristiana como comunidad de amor, santuario de la vida, Iglesia doméstica y célula fundamental de la sociedad tiene una fuerza impresionante, por eso es esperanza para el mundo. San Juan Pablo II dijo que el hombre es el camino de la Iglesia, pero el hombre nace, crece y se educa en la familia, luego podemos decir que el camino de la Iglesia es la familia. La Iglesia necesita a las familias. Sin ellas no es posible la evangelización.

- De su ministerio como párroco en el contacto con la gente, ¿hay alguna anécdota en la que nos podría resumir lo que «puede un cura hoy» (como diría el obispo Manuel González)?

- Ser sacerdote es lo mejor que me ha pasado en mi vida. Muchas veces he podido experimentar que Dios se servía de mi pobre persona para llegar hasta otros. En la vida del Cura de Ars se cuenta que un penitente viajó desde París para confesarse con él. Al regresar, un pariente le preguntó: ¿Qué has visto en Ars? Y el penitente respondió: «He visto a Dios en un hombre». Todos los días le pido al Señor que me enseñe a estorbarle lo menos posible, para que la gente, por mi medio, pueda encontrarse con él.

- ¿Cuáles son las claves que usted considera para que un sacerdote este «centrado» y viva en medio de las dificultades con gozo su ministerio?

- Creo que es fundamental cultivar la amistad con Jesucristo, por medio de la oración. Jesucristo no puede ser para el sacerdote una idea vaga, lejana y abstracta, sino el Amigo al que servimos en el prójimo. El sacerdote no sustituye a Cristo, que está vivo, solo lo hace presente con su persona y ministerio. Además de la intimidad con Jesucristo, creo que es esencial para el sacerdote la sinceridad en la dirección espiritual y cuidar la amistad con sus hermanos sacerdotes y la relación filial con el obispo.

- Cuándo fue llamado al ministerio episcopal, ¿qué es lo que le llevó a decir que sí? ¿Con qué actitud asumió esta nueva misión en la Iglesia?

- No es fácil aceptar una misión de tanta responsabilidad, sobre todo cuando uno es consciente de su pobreza. Yo acepté porque pensé que Dios, a pesar de mis limitaciones, podía querer vincular la concesión de su gracia para muchas personas a mi respuesta afirmativa. En ese caso, tenía que ser generoso con el Señor.

- El día de su ordenación episcopal, ¿qué pensamiento pasó por su cabeza en el momento en el que el Señor le asociaba al colegio de los apóstoles?

- Fue un día de mucha densidad espiritual, de muchos nervios y emociones. En el momento de las letanías, postrado en la catedral, al tomar conciencia de la cantidad de gente que rezaba por mí y de la intercesión de los santos, me vino al pensamiento lo que el Señor dijo a san Pablo: «Te basta mi gracia». Aquel pensamiento me consoló mucho.

- En estos años de ministerio episcopal en Alcalá de Henares ¿cuáles están siendo sus principales anhelos y preocupaciones?

- Mi principal anhelo es llevar a Dios a la gente. Para eso hacen falta más sacerdotes y consagrados, más vocaciones sacerdotales, más parroquias, más familias y laicos comprometidos. Mi principal deseo es la evangelización en todas sus dimensiones. No es una tarea fácil, pero es apasionante. Suelo pedir a los niños, a los enfermos y a los ancianos que nos ayuden con su oración y ofrecimiento.

- ¿Cómo recibió la noticia de la elección del nuevo Papa? ¿Qué espera de este Pontificado?

- Dios, en su providencia, nos concede en cada momento los pastores que la Iglesia necesita. El Papa Francisco ha querido impulsar mucho la misión de la Iglesia, una Iglesia «en salida», que va al encuentro del hombre en las periferias existenciales. En los primeros meses de su pontificado, el Papa León XIV nos está llamando a ser instrumentos de paz y comunión, y nos está recordando que Cristo es la respuesta a los anhelos más profundos del corazón humano. Los católicos debemos estar siempre con el Papa, sea quien sea, con un gran deseo de colaborar con él, con nuestra oración y siguiendo sus indicaciones.

- Los Ejercicios de san Ignacio han marcado su vida. ¿Por qué cree que siguen siendo hoy un instrumento eficaz para la nueva evangelización?

- Como dice san Ignacio en una de sus cartas, los Ejercicios son lo mejor que se puede pensar y sentir para crecer en la vida cristiana. Para mí, como para muchas personas, los Ejercicios de san Ignacio son una gracia de conversión y renovación que necesito cada año. Son una experiencia espiritual fuerte y profunda que ordena la vida en torno a lo esencial, que es el amor que Dios nos tiene y la respuesta que espera de nosotros.

- ¿Qué le ha parecido la encíclica Dilexit nos? ¿Como considera que el misterio del Corazón de Jesús puede contribuir a la renovación del mundo?

- Dilexit nos es una encíclica preciosa, que presenta la teología y espiritualidad del Corazón de Cristo desde una gran fundamentación bíblica e histórica. Me ha llamado la atención que el Papa Francisco afirmara que es la clave de lectura del resto de su magisterio pontificio. Se nos presenta el Corazón de Cristo como la fuente donde acudir para sanar el corazón humano, herido por el egoísmo y el materialismo. Nuestro mundo lucha denodadamente por cambiar las estructuras, para que sean más justas y humanas, pero no puede haber transformación verdadera si no se cambia el corazón de los hombres, si el corazón humano no es moldeado por el Corazón de Cristo.

- ¿Algún consejo a nuestra Hermandad sacerdotal en su servicio a la Iglesia?

- Además de agradecer su servicio y la entrega de sus sacerdotes y seminaristas, le recomendaría que sea fiel a su carisma fundacional, que se mantenga siempre unida y fervorosa en su amor a Jesucristo, como el sarmiento está unido a la vid. Que siga colaborando estrechamente con los obispos y sus diócesis, y que no deje de encomendarse a la protección de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

Suscríbete

y recibe nuestras noticias directamente