Martes, 26 de marzo de 2019

Religión en Libertad

Un documental sobre estas comunidades muestra un espíritu necesario en el mundo actual

«El sacramento de la ternura»: la impresionante obra de Jean Vanier y El Arca con los discapacitados

Jean Vanier creó las comunidades de El Arca en 1964. Ahora hay más de 154 en todo el mundo.
Jean Vanier creó las comunidades de El Arca en 1964. Ahora hay más de 154 en todo el mundo.

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Jean Vanier sigue a sus 90 años al píe del cañón cumpliendo la misión a la que ha dedicado su vida: amar y cuidar a los discapacitados mentales como si fueran el mismo Cristo. Este católico canadiense, hijo de diplomático y militar, decidió dejar todo al ver cómo estas personas eran tratadas yéndose a vivir con ellas creando lo que hoy es El Arca.

En la actualidad, hay 154 comunidades de El Arca repartidas por todo el mundo, y su labor con los últimos, abandonados y rechazados de la sociedad es un ejemplo del carisma al que ha sido llamado. Esta obra queda plasmada ahora en un documental titulado Jean Vanier, Le sacrement de la tendresseque muestra perfectamente lo que este católico ha hecho desde 1964 con los discapacitados mentales. Marie-Noëlle Tranchant recoge unas pinceladas del filme y del espíritu de El Arca en este reportaje de Le Figaro:

La lección de humanidad de Jean Vanier, fundador de El Arca

Aún estamos en la época de los deseos: les deseamos empezar el año en compañía de Jean Vanier, fundador de los hogares de El Arca. Y Jean Vanier desea que se otorguen ustedes el permiso de ser locos. “No digo que todos deberíamos convertirnos en locos", corrige encantador: "Pero podríamos serlo de vez en cuando…”. En lugar de conformarse educadamente con lo que espera la sociedad de él, dejándose gobernar por los demás y por su deseo de alcanzar el éxito, para así obtener sus aplausos, se concede el permiso de ser, sencillamente, él mismo y de escuchar a su corazón. “Mis compañeros desde hace cincuenta años me han enseñado que no hay nada malo en desear esto”, nos asegura sonriendo. La genialidad de todos ellos no es intelectual, sino que es la genialidad de la relación: “No son educados. Son ellos mismos. ¡Están locos!”. Vivir con ellos, “¡es un desmadre! Pero siempre un desmadre de vivir juntos, en familia, en el trabajo; sabe a qué me refiero ¿verdad?”. El humor es aún más encantador si se considera que se trata de un discurso oficial pronunciado por Jean Vanier cuando recibió, en 2015, el premio Templeton por su labor “en el desarrollo de la búsqueda en las realidades espirituales”.

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Frédérique Bedos, periodista, presentadora y directora de documentales, se quedó prendada de la obra realizada por Jean Vanier con El Arca

Vive desde hace más de medio siglo con discapacitados mentales acogidos en las comunidades de El Arca, que actualmente son 154 en todo el mundo. Un documental de Frédérique BedosJean Vanier, Le sacrement de la tendresse [Jean Vanier, el sacramento de la ternura], relata el recorrido de este extraordinario aventurero que se dejó guiar por el viento del espíritu. Nació en 1928, en las altas esferas de la sociedad canadiense. Su padre, Georges Vanier, fue embajador y, más tarde, gobernador de Canadá, cercano a la familia real británica. El ejemplo de este héroe de la Primera Guerra Mundial inspira al joven. A los 13 años decide atravesar el Atlántico para enrolarse, en plena guerra, en la escuela naval inglesa. Su serena determinación encuentra la oposición paterna. “Confío en ti”, acabará diciendo Georges Vanier a su hijo.

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Jean Vanier, con la Madre Teresa por las calles de Calcuta en 1973

Los excluidos de la sociedad

Tras pasar ocho años en la marina, este gran deportista, de más de metro y noventa siete centímetros de altura, dirige su mirada del color azul del mar a los libros, se forma en Filosofía y Teología y defiende una tesis sobre la ética de Aristóteles bajo la dirección del padre Thomas Philippe, dominico. Al visitarle en una ocasión en el pequeño pueblo de Trosly-Breuil, en el departamento de l'Oise, donde es capellán de un hogar para discapacitados mentales, Jean Vanier descubre la desgracia en la que viven estos excluidos de la sociedad, oprimidos, abandonados, como si no pertenecieran a la humanidad. Con dos discapacitados, Raphaël y Philippe, restaura una pequeña casa del pueblo: “Todo lo hacíamos mal, pero estábamos bien. Las bromas, el juego, es esto lo que construye la relación”. Encontró a su familia, y el primer y minúsculo hogar de El Arca nació en 1964.

“Al principio no había ningún plan, ninguna voluntad de crear una obra. Sencillamente, una escucha y un compromiso inmediato con la situación que se presenta. Con Jean Vanier, siempre es la vida la que decide”, comenta Frédérique Bedos. Su motivación profunda es el sentido de la justicia, y cuando la motivación es pura y la integridad total, surgen los recursos.

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La directora, antigua periodista de la televisión en Nueva York, Londres y París, ha producido este documental en el marco del Proyecto Imagine. Una organización no gubernamental que fundó hace ochos años para proponer una información con un alto valor humano añadido: “Abandoné mi trabajo porque me planteaba preguntas sobre nuestro modo de descifrar el mundo. Creo que el papel de los medios de comunicación es cada vez más ansiogénico. Difundimos el miedo, que es el peor consejo y que lleva a construir muros. Quería llevar a cabo un periodismo que pusiera de moda los valores que el alboroto actual ambiental ocultan: la autenticidad, la bondad, la solidaridad… Es fácil despreciarlos o burlarse de ellos tachándolos de demasiado sentimentales; pero la realidad es que nos tocan a todos porque responden a las aspiraciones universales del corazón. El Proyecto Imagine quiere dar a conocer al gran público a esas personas que viven lo que creen, y que dan ganas de que nos comprometamos en el servicio a los demás. Es de todo menos un cariño blandengue. Además de la información, tenemos un sección activa para acompañar a quienes se lanzan sobre el terreno”.

Frédérique Bedos produce actualmente dos series de documentales: los Héroes humildes, consagrados a ejemplos anónimos como sus padres adoptivos, que han acogido a una veintena de niños (ella ha contado su infancia en La Petite Fille à la balançoire - La niña del columpio); y los Mahatmas (Grandes almas) con una reconocida influencia espiritual. El retrato de Jean Vanier pertenece a esta última serie. “Es una figura conocida. Pero si bien El Arca tiene un alcance internacional, su recorrido y su profundo pensamiento son menos conocidos. Ahora tiene 90 años y, en mi opinión, es un deber transmitir su filosofía, su espiritualidad y, también, su presencia encarnada”.

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El documental sigue esta curva íntima, habla al oído de nuestro corazón, y hace que la aventura sea cautivadora. El sutil montaje de archivos del inicio nos muestra a un niño ayudado por la suerte, pero que no es en absoluto mundano; un niño que hereda de su familia la valentía y la fe cristiana, que, al principio, se expresan brillantemente en el combate, después en los éxitos intelectuales y la docencia en la universidad de Toronto. Recuerda al joven rico del Evangelio, al que le falta algo, pero que no sabe el qué. Lo descubre en la humildad. “Tenía una posición importante en la sociedad y eligió bajar la escalera, cuenta Sankar, ayudante en El Arca de Calcuta. No quería el poder. Quiere estar con la gente”. Jean Vanier añade una nota alegre: “Siempre he sido un chico serio. Necesitaba ser de nuevo un niño”.

El contacto con los discapacitados mentales provoca en él dos emociones principales: la indignación ante la condición en la que viven y la maravilla ante su inocencia, su autenticidad, su vulnerabilidad, pero también su alegría de vivir, de gran pureza. “Lo importante es que los que han sido los más oprimidos descubran que son más hermosos de lo que se atreverían a creer”. Y esto pasa por la ternura. “Es la palabra capital, es el motivo por el cual la he destacado en el título, como un sacramento”, comenta Frédérique Bedos.

Gratuidad, humildad y desinterés

Con ella, conocemos a los habitantes de diversos hogares de El Arca. “La expresión ‘discapacitado mental’ cubre una multiplicidad de realidades -aclara la cineasta-. He filmado a cada persona de cara a la cámara, para que se pueda ver que cada una de ellas es un universo. Hay algo fascinante y comprendemos que sí, cierto, establecer una relación con estas personalidades tan distintas, tan únicas, puede llevar una vida. Nos damos cuenta también de que somos como estas personas, y tratarlas elimina el peso de culpabilidad y de inquietud que nos lleva a evitarlas”. Los acompañantes subrayan la reciprocidad y lo natural de las relaciones: “Nos dan alegría, amor, amistad. Cuando estoy con ellos, todos mis problemas desaparecen”, dice una joven ayudante de El Arca de Belén. “Amar no es hacer algo por alguien, es estar con él”, va más allá -dice Jean Vanier. “Nos damos cuenta de que esta gratuidad aumenta nuestra humanidad. Estas personas magníficas pueden enseñarnos a destruir el yugo de la sed de poder y llevarnos a un mundo más pacífico”.

Frédérique Bedos ha elegido quedarse más tiempo visitando El Arca de Belén y la de Calcuta “porque son dos lugares llenos de conflictos, donde el rechazo al otro es muy violento, donde los comunitarismos están exacerbados. Los hogares de El Arca acogen personas de todos los orígenes, de todas las confesiones. Y esto testimonia también la evolución espiritual de Jean, firmemente anclado en su fe católica, pero cada vez más abierto al amor incondicional de todos”.

Rodado durante tres años, montado en tres meses, con un presupuesto muy bajo, pero con una hermosa ambición artística, este documental increíble exalta la gratuidad, la humildad, el desinterés, en contracorriente con las tendencias dominantes. “Se atreve incluso a hablar tranquilamente de la muerte, tema tabú en nuestra sociedad”, dice Frédérique Bedos con una sonrisa. Su última entrevista tiene un tono de confidencia: “Yo también estoy disminuyendo. Es otra forma de sabiduría. En el fondo, los más sabios son los que mueren, porque ya no tienen nada que retener”. La meditación se prolonga en planos silenciosos donde le vemos rezar en la naturaleza. “He torturado a Jean para tener estas imágenes de soledad, nos confía la directora, riéndose. Él no quería. Le he dicho: es necesario que podamos palpar tu profundo corazón. Confía en mí”. Ella quería llegar hasta este punto último y delicado del alma, “tener acceso al secreto de esta autenticidad”.

Traducido por Elena Faccia Serrano.

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