Así vivió Ramón Llull, promotor del diálogo con el islam... del cual acabó siendo cruda víctima
Fue beatificado por Pío IX y se le propone como Doctor de la Iglesia, por la profundidad doctrinal de su teología.
Jordi Bosch, como Ramón Llull (1232-1316) en 'Jo, Ramon Llul' (2016), documental con escenas de ficción que se hizo en el séptimo centenario del mallorquín.
¿Se puede dialogar con el islam? ¿Ha habido intentos a lo largo de la Historia? No es, desde luego, algo nuevo. Como tampoco es nuevo que salga mal.
Es el caso del beato Ramón Llull (1232-1316), una historia que ha contado Rino Camilleri en el nº 258 (febrero de 2026) de Il Timone:
El inventor del diálogo
El beato Ramón Llull, franciscano que podría llegar a ser Doctor de la Iglesia, dedicó su vida a buscar el diálogo con el islam; al final, tiró la toalla. Y se libró del martirio por los pelos.
Con los musulmanes no hay manera de razonar y bien lo entendió Benedicto XVI con su magistral discurso de Ratisbona de 2006, al que solo siguieron masacres (de cristianos).
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También se dio cuenta de ello el iniciador del "diálogo" con el islam, franciscano como aquel Poverello [San Francisco de Asís] que, al buscar el diálogo con el sultán Al-Kamil, ya tuvo suerte de no perder la vida.
Los cinco protomártires franciscanos fueron asesinados en África, adivinen por quién. Uno de sus hermanos lo intentó entonces de forma "científica" y organizada. Estamos hablando del beato Ramón Llull, un noble nacido en Mallorca hacia 1235.
El rey Jaime I acababa de conquistar las Baleares y los cónyuges Llull, padres de Ramón, se habían establecido allí. Él creció como paje en la corte y allí hizo carrera, llegando a convertirse en primer ministro del joven reino. En 1257 se casó con Blanca Picany y tuvo dos hijos, Domingo y Magdalena.
Pero hacia 1262 se le apareció Cristo crucificado cinco veces consecutivas.
Aprendió árabe
Así lo narró, y eso le convenció para dedicarse a la conversión de los infieles. Con el consentimiento de su esposa, tras haberles proporcionado a ella y a sus hijos todo lo que necesitaban, repartió el resto entre los pobres y se hizo fraile franciscano.
Aprendió árabe a marchas forzadas y enseguida comenzó a escribir libros en esa lengua. Fue solo el comienzo: Llull escribió en total casi trescientos libros, también en latín y en catalán.
Entre ellos cuatro, monumentales, describen lo que él llamaba "arte", es decir, un método de razonamiento y catalogación del saber tan genial que provocó "seguidores" que, durante siglos, crearon todo tipo de charlatanería en su nombre y difundieron el mito de "mago".
Llull, tras una peregrinación a Compostela, se dedicó a estudiar con ahínco teología, filosofía, medicina, así como a los principales autores árabes.
Convencido, no sin algo de razón, de que los protomártires de su orden habían fracasado por falta de preparación, en 1276 fundó en Mallorca el colegio de Miramar para formar misioneros que, ante todo, estudiaran el árabe y el islam.
Hay que tener en cuenta que el asombroso y repentino auge de este último había tomado por sorpresa a la cristiandad: ¿qué era esa extraña religión que mezclaba elementos del Antiguo y del Nuevo Testamento? ¿Una herejía o algo más? ¿De dónde procedía su rápida y casi imparable expansión? De ahí, para Llull, la necesidad de estudiarla.
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De viaje por Europa
Comenzó a viajar por Europa, exponiendo su método ante reyes y Papas, así como en las universidades e incluso en las plazas, debatiendo especialmente con los discípulos y seguidores del filósofo árabe Averroes.
En la Sorbona de París obtuvo el título de maestro y, tras dedicar un libro al rey francés Felipe IV el Hermoso, reemprendió sus viajes: Chipre, Armenia, Rodas, Malta, Nápoles, Génova, Montpellier, el Magreb, donde, sin embargo, acabó en prisión. Liberado tras pagar un rescate, se embarcó para regresar a su patria, pero el barco naufragó y tuvo que refugiarse en Pisa.
Tras una breve estancia, partió de nuevo: Génova, Venecia, Roma, Mesina, Lucera ([Foggia, al sur de Italia], la sarracena Lugarah, donde el emperador Federico II de Suabia [Baviera] había deportado a todos los árabes de Sicilia para utilizarlos como mercenarios).
En 1311 se presentó ante el Concilio de Viena y allí formuló una desconcertante petición: la unificación de todas las órdenes monástico-militares para una gran cruzada que recuperara Tierra Santa, perdida completamente en 1291.
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Sí, porque sus estancias en África y sus disputas con los qadis [jueces] islámicos le habían convencido de que con los musulmanes no había forma de razonar: seguían una lógica diferente, es más, ninguna lógica, solo su libro (el Corán) y nada más. Pero su petición cayó en saco roto debido a los equilibrios políticos de la época.
Dejó numerosas obras
Las cruzadas resultaban costosas y el reino más poderoso, Francia, se encontraba al borde de la quiebra debido a las interminables guerras con los ingleses. De hecho, el propio Felipe el Hermoso, en muy poco tiempo, acabaría con la Orden del Temple para apropiarse de sus riquezas. Además, inauguraría el cautiverio de Aviñón, deportando al Papa a su reino.
El propio Papa, Bonifacio VIII, había tomado nota de la pérdida definitiva de los Lugares Santos, sustituyendo la peregrinación a Jerusalén por la de Roma con el primer Jubileo en 1300.
Ramón Llull en un dibujo del 'Breviculum', un antiguo códice con textos del religioso que incluye doce ilustraciones creadas en torno a 1325 por Tomás Le Myésier, un devoto del beato.
Ramón Llull comprendió que había llegado al final, en todos los sentidos, de su misión. Así, aunque ya había superado los ochenta años, partió hacia Túnez, donde se dedicó a predicar abiertamente, tal y como habían hecho los protomártires de su orden. Naturalmente, acabó apedreado y solo la intervención de ciertos mercaderes europeos evitaron lo peor.
Lo embarcaron medio muerto hacia Mallorca, pero nunca llegó. Murió durante el viaje, en 1316. De su inagotable obra literaria, los libros que hoy se reconocen como de su autoría, son unos doscientos sesenta.
Otros cuarenta y cuatro, es decir, casi todos los de temática alquímica, le han sido atribuidos a lo largo de los siglos, pero hay que tener en cuenta que, en el humanismo posterior, muchos "magos" firmaban falsamente sus obras con el nombre de Llull para aumentar su importancia, ya que en el siglo XV no había forma de verificarlo.
Un balance
Ramón Llull, cuyo culto como beato fue confirmado por el beato Pío IX, es candidato a ser proclamado Doctor de la Iglesia por su extraordinaria cultura, impulsada por su pasión misionera.
Basta pensar que, en algunos de sus libros, no desdeñó el estilo de la novela caballeresca, con protagonistas que se enfrentaban a diferentes aventuras para liberar a la doncella raptada o socorrer al emperador perdido en el bosque. Todo ello, sin embargo, concebido de tal manera que el lector pudiera extraer de ello una enseñanza moral y cristiana.
¿Qué balance podemos hacer de su vida? Veamos. Los franciscanos se ganaron, con su dedicación (y su sangre), la tarea de custodios de los Lugares Santos que, antes de la llegada del Estado de Israel, estaban en manos islámicas.
De hecho, desde el principio fueron precisamente los franciscanos quienes asumieron la carga del enfrentamiento con el islam...
- con la predicación: los protomártires (que fueron asesinados de inmediato);
- con los milagros: San Francisco y la prueba del fuego (y el sultán lo perdonó solo porque habría desatado la ira de los cruzados);
- con el diálogo mediante el beato Ramón Llull (que, tras una vida dedicada a estudiar el islam, tiró la toalla y esquivó el martirio por los pelos).
¿Y entonces? No sabemos. En la Biblia es Dios mismo quien le dice a Agar, la esclava egipcia de Abraham, que de su hijo Ismael nacerá una gran nación hostil hacia sus hermanos (que por el momento es solo uno, Isaac). Pero no dice cómo acaba...