Cómo un siervo de Dios llega a ser santo: las 5 etapas del proceso de canonización
Las festividades católicas suelen rendir devoción a un santo de la iglesia que ha cumplido una serie de pasos hasta convertirse en esa figura.
El Papa Francisco celebra la Misa de Canonización de Pablo VI en la Plaza de San Pedro.
Las declaraciones de santidad son siempre un foco de interés, admiración, polémica e incluso de una magnética curiosidad. ¿Qué llevaría a la Iglesia a destacar sobre sus millones de fieles a unos pocos como modelos de virtud? ¿Sigue hoy habiendo casos de fieles que dedican su vida a librar una guerra sin cuartel a los grandes enemigos del alma?
Actualmente no son pocos los que se encuentran en un camino que comienza al ser declarado siervo de Dios y venerable y que concluye con la beatificación y canonización. Es el caso de Fulton J. Sheen, declarado venerable en 2012 y cuya beatificación acaba de ser anunciada por el Vaticano. La pregunta es: ¿Qué necesita un siervo de Dios para ser considerado como santo por el Papa?
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El proceso para ser declarado santo se divide en tres fases generales, la preparatoria, la diocesana y la romana.
Fase preparatoria
Por lo general es iniciada por el obispo de la diócesis del considerado siervo de Dios y consiste en la recapitulación de pruebas que corroboren la fama de santidad entre los fieles. En esta fase se recopilan nombres o escritos de testigos, así como documentos, escritos personales o familiares y conocidos, se estudia el ambiente y contexto y también se juzga y responde al interrogante de si es o no un conveniente ejemplo y modelo de vida cristiana.
Fase diocesana
Cuando comienza formalmente la causa de beatificación y canonización, el fiel en cuestión adquiere la consideración de “siervo de Dios”, mientras el postulador, ya designado formalmente, prosigue con la recopilación de documentos y relatos que permitan reconstruir la vida, y por tanto, la pretendida santidad, de la persona en cuestión.
Es aquí cuando se busca comprobar si vivía o no las virtudes en grado heroico, siguiendo los testimonios orales de quienes le conocieron o bien estudiando los documentos de los testigos y coetáneos. De corroborar la práctica de la virtud en grado heroico, el obispo puede introducir la causa en su fase romana, trasladándola a la Congregación para las Causas de los Santos. Mientras, una comisión histórica recopila los documentos del siervo de Dios y sus escritos, y dos censores evalúan si en dicho contenido hay algo contrario a la fe o a la moral.
Fase romana
Concluida la fase diocesana y llegada a la Congregación para las Causas de los Santos, el postulador deberá elaborar la positio o resumen de las pruebas que han sido recogidas y estudiadas por la diócesis. Un documento que debe demostrar la certeza de vida, virtudes y fama del siervo de Dios. Tras obtener los votos favorables de los teólogos o de la comisión histórica y de los obispos y cardenales que integran la Congregación, es el Papa el que Decreto sobre la heroicidad de las virtudes o sobre el martirio del Siervo de Dios, que se convierte así en Venerable. Es en este momento en el que se reconoce su ejercicio de las virtudes cristianas en grado heroico o bien haber sufrido un verdadero martirio.
Beatificación
A partir de este momento, reconocida por la Iglesia la práctica de las virtudes en grado heroico por el siervo de Dios, el candidato es reconocido como beato si sufrió el martirio. De no ser así, debe reconocerse un milagro obrado por su intercesión, que es generalmente una curación imposible de explicar científicamente según la comisión de médicos convocada por la Congregación para las Causas de los Santos.
Los criterios que suelen determinar el veredicto son los de una curación completa, duradera e instantánea. Solo cuando dicho milagro es reconocido por obispos y cardenales de la Congregación y cuando el Papa autoriza el decreto, el venerable puede ser beatificado e incluido en el calendario litúrgico de su diócesis.
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Canonización
Es la última fase del camino hacia el reconocimiento de la santidad y en ella prima la confirmación de la intercesión del beato en un segundo milagro que debe haber ocurrido después de la beatificación. En esta cuarta etapa, confirmado el segundo milagro, el Santo Padre debe aprobar el Decreto de Canonización y convocar el Consistorio Ordinario Público, en el que se informa a todos los cardenales y se determinan las fechas de la canonización, con cuya ceremonia concluye el proceso.