Religión en Libertad

La Mediocridad y el Fénix. El Odio como Refugio del Incapaz. por Fernando Melnizky y Natalio Hanna

El Duque Francois de La Rochefoucauld en el Siglo XVI, con esa lucidez quirúrgica que suelen tener los observadores del alma humana, sentenció una vez: «Los espíritus mediocres suelen condenar todo lo que está fuera de su alcance». Siglos después, esta máxima se erige como la explicación más cruda y honesta del resurgimiento del antisemitismo global. El odio al judío no es un fenómeno político; es, en su esencia más pura, la rebelión de la mediocridad contra la excelencia y la permanencia.
Hoy asistimos a un espectáculo dantesco. Una extraña y venenosa simbiosis ha tomado las calles y las universidades, las Izquierdas Globales y el Islamismo Radical han encontrado un terreno común en el desprecio a Israel y al pueblo judío. Es la alianza de los "Estúpidos Conscientes". Estos arquitectos del caos han entendido que, para avanzar en su agenda, necesitan una fuerza de choque dócil el Ignorante Sincero.
Ese "Ignorante Sinncero" es el eslabón más peligroso de la cadena. Es el rebaño que porta pancartas con consignas que no entiende, defendiendo regímenes que los aniquilarían a ellos mismos, impulsados por una superioridad moral de cartón piedra. Su pecado no es la maldad, sino la falta de criterio, permitiendo que su indignación sea gestionada por quienes solo buscan la destrucción de la identidad y la libertad.

¿Por qué el Judío? Porque personifica la resiliencia que el mediocre no puede emular. A través de la historia, han intentado convertir al pueblo judío en cenizas, pero han olvidado un detalle fundamental: el espíritu judío tiene la naturaleza del Ave Fénix.

Su Identidad innegociable frente a un mundo que tiende a la uniformidad gris de la masa, el orgullo judío se mantiene firme.

Su Resiliencia histórica no importa cuán profundo sea el abismo, siempre encuentran la forma de escalar hacia la luz, aportando ciencia, arte y valores a la humanidad.

Este renacimiento no nace del rencor, sino de una voluntad férrea de Vivir. Lo que los mediocres no alcanzan a comprender es que la mano judía siempre ha estado extendida hacia la gente de buena voluntad. No hay exclusión por religión; incluso con el Islam moderado, con aquellos que desean coexistir sin la sombra de la muerte, la búsqueda de la paz es el objetivo final.

No podemos seguir permitiendo que la narrativa sea dictada por quienes condenan lo que no pueden comprender. El antisemitismo es la señal inequívoca de una sociedad en decadencia que prefiere culpar al otro antes que mirarse al espejo de sus propias carencias.
El Fénix ya ha desplegado sus alas de nuevo. Mientras los "espíritus mediocres" se desgarran las vestiduras en su impotencia, la identidad y el orgullo judío seguirán siendo el faro que demuestre que, frente al odio ciego, la respuesta siempre será más vida, más construcción y una paz que no pide permiso para existir.


Fernando Melnizky  y  Natalio Hanna