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Cuando muere un ser querido muy cercano, o acudes al entierro de un familiar de un amigo, quizás el momento más dramático y más duro para los que están allí presentes es cuando el féretro de la persona difunta es introducido en la tierra, y ya de un modo definitivo no ves al ser querido que has perdido. 

Para los amigos de Jesús, aquellos que estuvieron al pie de la Cruz, y para los apóstoles que escaparon, fue para unos ver como introducían al Señor en ese sepulcro nuevo en el que nadie había sido puesto y para los apóstoles conocer esa noticia suponía el saber que su Maestro, ya reposaba muerto, y que aquel que había llenado sus vidas había desparecido.

Pero un dato que recogen todos los evangelios es el que la piedra del sepulcro estaba sellada, y muy importante y quizás más sorprendente es que su madre no estaba allí.

Una piedra lo tapaba todo. Un corazón roto de una mujer que había recibido tantas promesas, que en parte se veían truncadas. Conocía el poder de Jesús, y sus milagros. Sabía que el Señor concede el vino nuevo de la boda. Puede ver como Jesús en su muerte le regala un hijo. Un acto de caridad grande de Dios, ya que las viudas se quedaban muy solas en el pueblo de Israel. Pero ella, puede ser de un modo nuevo madre. 

Pero, una cosa era clara, la piedra estaba sellada y en el sepulcro no estaba la madre.

Poder conocer esos momentos, es un misterio en el que solo se entra la fe. Pero, que pasó con el cuerpo del Señor en ese tiempo, no lo conocemos realmente. Solo lo afirmamos con los labios que también vibran con lo que siente el corazón. María si podía atisbar el misterio. Ella desde la oración de la Madre, sabía que en ese sepulcro, estaba el Hijo que tiene poder para resucitar muertos y hacer milagros, pues los había visto. Podía asegurar que la piedra estaba sellada, pero Jesús no iba a permanecer en silencio ante el hombre que tiene sellada su tumba. 

Cada uno tiene tenemos una piedra sellada, y el momento más dramático para nuestra vida, es cuando entramos en esa muerte personal, en la que creemos que lo perdemos todo. Pero, lo que realmente ocurre dentro de nosotros, como pasó con Jesús, es un misterio que solo podemos contemplar desde la fe.

La piedra del corazón está sellada, pero lo que ocurre dentro es una verdadera obra de Dios, que en medio del sepulcro quiere venir a cada uno, para darnos alegría. La piedra del sepulcro del Señor está sellada, María no está, pues espera que la piedra pueda ser removida. Por ello, María está  contigo en tu sepulcro, ahí cuando parece que solo hay muerte, ella en su oración te introduce con Jesús en el sepulcro, porque sabe que él quiere levantarte porque quiere que el hombre viva.

El sepulcro está cerrado, en tu existencia puede haber una piedra que está sellada, pero no dudes en abrirla a una madre, que quiere llevarte a Jesús, porque solo él, puede entrar en tu sepulcro, en tu muerte, y levantarte, porque María intuye que la muerte ha sido derrotada, y la piedra puede ser removida.

Deja que María te acompañe cuando te pierdas a ti, y te entierres, ya que ella te lleva a Jesús, el cual, entra en ese misterio de muerte, para abrir esa piedra que estaba sellada.

Belén Sotos Rodríguez

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