¡Gracias bienaventurado San José!
Comenzamos Los siete domingos a San José
Querido San José:
Cuanto más me adentro en tu corazón de padre más sorpresas y alegrías me llevo. Eres un padre que no te cansas nunca de dar lo mejor de ti a tus hijos. Y lo haces de maneras muy diversas, a cada uno según lo que necesita y vive su relación contigo. Sin ir más lejos, la oración de la mañana ha sido todo un poner la mirada en ti, querido padre San José. Sin buscarlo para nada, de modo inesperado, mi pensamiento se dirige a ti al leer un escrito de San Juan de la Cruz siguiendo la propuesta de una monja carmelita descalza.
Me explico para que lo entienda el resto de tus hijos porque tú ya lo sabes e intuyo que estás detrás de todo para que llegara este día y leyera ese texto. Hace pocos días recibo la carta de una carmelita descalza donde me habla de su vida interior. Entre otros temas que presenta, me pregunta si le parece bien que en este año jubilar dedicado a San Juan de la Cruz lea cada mañana uno de los Dichos de luz y amor de este santo, lo procure vivir a lo largo de la jornada y por la noche haga examen de conciencia para comprobar si lo ha hecho vida. Así puede progresar en unión y fidelidad al santo que da vida y sentido a su vocación de carmelita descalza y sigue creciendo en la vida espiritual. Le contesto que es una excelente idea y muy provechosa para el alma. Y no sólo eso, sino que le añado que también me sumo a esta propuesta. Comienzo a vivir esta proposición hace pocos días y aprovecho también el prólogo de este breve tratadillo de San Juan de la Cruz por llamarlo de alguna manera. Pues bien, ahora llega el meollo de lo que te quería decir, querido San José. Cuando leo lo que dejo para este domingo primero de febrero de 2026 me une totalmente a ti…:
“Quédese, pues, lejos la retórica del mundo; quédense las parlerías y elocuencia seca de la humana sabiduría, flaca e ingeniosa, de que tú nunca gustas, y hablemos palabras al corazón bañadas en dulzor y amor, de que tú bien gustas” (Prólogo de Dichos de luz y amor).
Según leo estas palabras del místico doctor San Juan de la Cruz mi corazón se une al tuyo, querido San José… Una luz interior me muestra que no hay mejor camino espiritual para hacer vida esta sentencia de fray Juan que el que recorres tú. Dice mucho en pocas palabras, y la frase sigue, pero dejo el resto para mañana. Ahora me quiero centrar en el inicio; y contigo, todo está dicho. ¿Quién mejor que San José para ayudarme a dejar de lado la retórica mundana, las palabras huecas, la elocuencia seca y todo eso que ni Dios Padre, ni tú, querido padre San José os gusta de vuestros hijos? Y no digamos si nos acercamos a Cristo Jesús, tu Hijo,…
Tu lenguaje, querido San José, no es otro que el que me encandila por ser tan sencillo y al mismo tiempo tan intenso y lleno de cariño. Todo son “palabras al corazón bañadas en dulzor y amor”. ¿Qué le hablarías al Niño tantas veces en Belén, Egipto y Nazaret? ¿Qué me dices a mí a cada paso cuando pongo mi corazón junto al tuyo? ¿Qué susurras al oído a tanta gente que quiere crecer en su vida de oración tomándote por maestro y guía?
Abres tu corazón y todo es dulzor y amor de padre que busca lo mejor para sus hijos: su felicidad plena y la alegría de estar siempre a tu lado. Es algo que hay que vivirlo para poder entenderlo bien: estar contigo en silencio, escuchar en silencio las palabras que brotan de tu corazón, dejar que todos los problemas desaparezcan cuando me das la mano y me dices ven conmigo y vamos adelante con todo...
Y lo grande y maravilloso es que esto no es un cuento, sino la pura y sublime verdad. Eres tú, querido San José, el que toma la iniciativa y me muestra que tú eres el primero que lo pasa muy mal, pero al dejar todo en Dios y fiarse siempre de Él, todo pasa y todo se puede hacer realidad, incluso lo más difícil e imposible a los ojos de los hombres. No es casualidad que hoy comencemos “Los siete domingos a San José”. A lo largo de estas siete semanas nos preparamos a tu gran fiesta de marzo recorriendo tu vida en la que hay sufrimiento, pero también alegría. O dicho de la manera popular de esta devoción que tanto ayuda a quererte más y dejarnos ayudar más por ti: los dolores y gozos de San José.
Este primer domingo de San José nos muestra a las claras que Dios te pide algo muy grande y que te hace dudar dada la realidad: María está embarazada sin ser tú el padre. ¡Cuánto dolor llena tu corazón…! No sabes bien qué hacer, rezas, callas, pides luz… y al final llega el gozo después del dolor. ¡Vas a ser el esposo de María, te lo dice un ángel, y además le vas poner por nombre Jesús al hijo que se gesta en las entrañas de María y viene del Espíritu Santo! ¡Todo es obra de Dios! ¡Todo es paz! ¡Todo es gozo! ¡Todo es camino por empezar! Y un detalle clave, ¡todo en unión con María!
Tenemos que unir a San José con María. Es algo que digo mucho a los jóvenes que se acercan para hablar conmigo y rezar mientras dan pasos en su vida espiritual. Les ayuda mucho, y a mí el primero. Esa unión de los dos corazones que más aman a Dios hecho carne es clave en toda alma que quiera hacer un camino espiritual para llegar al Corazón de su Hijo. El que lo dude, como diría Santa Teresa de Jesús, que haga la prueba y luego hablamos.
Y hablando de unir a San José con María para entrar de verdad en el Corazón de Cristo nada más inmediato que leer, orar y hacer nuestro el evangelio de hoy: ¡las bienaventuranzas! ¿Qué mejor camino para llegar al Corazón de tu Hijo, querido San José? ¿Dónde podemos encontrar un modo más directo para unirte con María? ¿Hay un texto evangélico que se pueda aplicar más a tu escondida vida?
Cuando leo estos versículos de San Mateo (5,1-12), todo me hace pensar en ti, querido San José. Tu vida no es otra cosa que vivir pobre en el espíritu, ser manso, llorar, tener hambre y sed de la justicia, ser misericordioso, tener el corazón limpio, trabajar por la paz, ser perseguido por causa de la justicia y también insultado y calumniado por causa de tu Hijo.
No hay duda, querido San José, eres de verdad un padre que habla al corazón; que muestra los dolores y gozos del día a día; que todo hay que vivirlo desde Dios y que enseña con su propia vida que el mejor camino para llegar hasta al cielo es encarnar con libertad las bienaventuranzas que tu Hijo nos propone en el evangelio.
¡Gracias querido padre San José!
¡Gracias querido maestro de vida interior!
¡Gracias bienaventurado San José!