El universo no es fruto del azar, sino una obra dise帽ada por Dios con orden, belleza y armon铆a divina.
La paz como don m铆stico
馃敼San Agust铆n. (Tratado del Evangelio de San Juan 44, 6)馃敼
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No demos entrada a la congoja a los que ahora vivimos y, si es posible, transmitamos a los que han de venir la absoluta seguridad en estas palabras: "Yo estoy con vosotros hasta la consumaci贸n de los siglos" 馃敼San Agust铆n. (Tratado del Evangelio de San Juan 44, 6)馃敼
Esta frase de San Agust铆n, que entrelaza la experiencia humana del sufrimiento con la promesa final de Jes煤s en el Evangelio de Mateo (28,20), toca una de las fibras m谩s sensibles de la vida interior cristiana: el paso de la angustia psicol贸gica a la paz m铆stica. En el mundo actual, la angustia es una enfermedad que padecemos todos. La velocidad de los cambios sociales y estructurales en nuestra vida nos hace caer en el pozo del sinsentido. Buscar la Luz nos permite recobrar la esperanza que tanto necesitamos.
San Agust铆n comienza su pensamiento con una idea radical: 芦No demos entrada a la congoja a los que ahora vivimos禄. La palabra "congoja" evoca opresi贸n, angustia y el miedo paralizante ante los peligros del mundo o ante las debilidades personales. Para la m铆stica cristiana, el alma es como un castillo cuyas puertas deben ser vigiladas para no ser asaltadas por la angustia. San Agust铆n no dice que el cristiano no vaya a experimentar dolor ni tribulaci贸n, sino que no debemos "dar entrada" a la desesperaci贸n. Hay una diferencia m铆stica entre sentir la tormenta en la carne y permitir que destruya la paz del santuario interior.
La congoja entra en nuestro interior cuando el ser humano se percibe a s铆 mismo como hu茅rfano, solo ante las circunstancias de la vida. El ant铆doto agustiniano no es el voluntarismo o el estoicismo (aguantar los golpes con frialdad), sino la entrega confiada (fides) a la Voluntad de Dios. La paz del m铆stico no es la ausencia de problemas, sino la presencia de Dios en medio de ellos. El n煤cleo que sostiene la esperanza es la cita directa de Cristo: 芦Yo estoy con vosotros hasta la consumaci贸n de los siglos禄. Esta es la verdad que disuelve cualquier congoja.
La Ascensi贸n del Se帽or no signific贸 su desentendimiento del mundo. Al contrario, Cristo se qued贸 de una manera nueva, m谩s 铆ntima y universal. Est谩 presente en la Eucarist铆a, en su Palabra, en la Iglesia y, de modo m铆stico, en el centro del alma en gracia.La expresi贸n "hasta la consumaci贸n de los siglos" aporta mucho m谩s que una simple palmadita en la espalda. El cristiano vive con la mirada fija en la eternidad. Sabe que la historia humana no camina hacia el caos ni hacia la destrucci贸n absurda, sino hacia el abrazo final con Cristo, como Esposo que espera a los invitados en el Banquete de Bodas. Saber que el final de la historia ya est谩 conquistado por la victoria de Cristo otorga una serenidad inquebrantable en el presente.
La verdadera experiencia de Dios nunca es un disfrute ego铆sta. El alma que ha gustado de la presencia amorosa del Se帽or se convierte, por necesidad, en un faro para los dem谩s. El cristiano tiene la misi贸n de ser un custodio de la esperanza. San Agust铆n no habla de transmitir una "opini贸n" o una "teor铆a piadosa", sino de una 芦absoluta seguridad禄. En un mundo herido por el escepticismo, el relativismo y el miedo al futuro, el mayor legado que los cristianos de hoy pueden dejar a las siguientes generaciones es el testimonio de una vida cimentada en la roca de la fidelidad divina. Es decirles con la propia vida: "Dios es fiel, 脡l no falla".
San Agust铆n nos invita a dar sentido a este acto de fe pura. Nos recuerda que la tristeza y la angustia cr贸nica son incompatibles con la conciencia de la presencia de Dios. Vivir la fe es dejarse inundar por estas palabras de Jes煤s, permitiendo que su "Yo estoy con vosotros" acalle todos nuestros miedos cotidianos y nos transforme en testigos audaces de la esperanza eterna.
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