El universo no es fruto del azar, sino una obra diseñada por Dios con orden, belleza y armonía divina.
La amistad debe ser gratuita y centrada en la Verdad, que es Cristo
🔹San Agustín. Carta 155, 1🔹
🔹San Agustín. Carta 155, 1🔹
Nadie puede ser con verdad amigo del hombre si no lo es primero de la misma verdad; y si tal amistad no es gratuita, no puede existir en modo alguno 🔹San Agustín. Carta 155, 1🔹
La amistad no es un simple intercambio de afectos, sino una virtud que nos encamina hacia Dios. Tampoco es la conveniencia de usarnos como herramientas el uno al otro. Tampoco es algo que se intercambia cuando vemos que podemos sacar algo a cambio y se rechaza cuando no vemos “dividendos” de nuestro interés. Lo esencial de la amistad parte de la primacía de la Verdad. San Agustín sostiene que no puedes ser amigo de alguien si primero no amas la Verdad. Verdad que es Cristo mismo que se ofrece a nosotros. ¿Por qué? Porque si no amas la Verdad, amarás aparentemente al otro por motivos erróneos: por lo que te da, por cómo te hace sentir o por complicidad en el error.
La verdadera amistad desea el bien máximo del otro, y ese bien es Dios. El punto esencial de la amistad es la gratuidad (Agape). La amistad es "gratuita" porque es el reflejo del amor de Dios. Si busco un amigo para obtener un beneficio personal, no amo a la persona, sino a la utilidad que me presta.
La amistad es un fin en sí misma porque es una forma de participación en el amor divino. Amor que se da sin esperar nada a cambio. En Dios, el amigo deja de ser un instrumento y pasa a ser un "otro yo" que es reflejo de Dios, al que se ama por quien es, no por lo que tiene. Un reflejo en el que hay comunicación que nos ayuda a seguir adelante con esperanza. Por desgracia, esta amistad gratuita no es algo normal de ver actualmente.
En la Evangelización en Redes la amistad encuentra muchos problemas para desarrollarse y sobrevivir. Llevar esta frase de San Agustín al entorno digital es como lanzar un misil contra la lógica de las redes sociales actuales. En las redes sociales la amistad es un desafío porque conlleva cercanía, diálogo y trascendencia. Personalmente he vivido y vivo, lo complicado que es establecer canales de diálogo y amistad, en las redes sociales. ¿Por que esto es así?
La tiranía de la postverdad y el "quedar bien" son elementos a tener en cuenta en las redes y fuera de ellas. A menudo sacrificamos la Verdad para evitar el odio o ganar seguidores. Pero alejarnos de Cristo no nos llevará muy lejos.
La amistad debe ser gratuita y enriquecedora, nunca un intercambio transaccional basado en likes, seguimientos o incluso donativos. Muchos vínculos digitales se basan en el "yo te sigo si tú me sigues" o "te doy like para que me lo devuelvas". A veces parece que hay venganzas: “No me sigues, no me interesas, adiós”. Este caso, el seguidor se convierte en una métrica, un número y perdemos de vista a la persona que hay detrás. Persona que casi seguro lleva consigo una herida que necesita sanar en Cristo y a la que nosotros podemos ayudar.
Para el evangelizador digital la honestidad debe estar siempre por encima del compromiso de seguimiento. Evangelizar con esta frase de San Agustín significa ver a quien se acerca a nosotros no como "clientes” o “público cosificado", sino como amigos importantes. El contenido que desarrollamos y compartimos no debe buscar solo el clic, sino el bien del que lo lee, incluso si ese mensaje no es "viralizable" por ser incómodamente verdadero.
La "gratuidad" que San Agustín nos muestra se traduce en ofrecer luz, escucha y oración sin pedir likes, correo electrónico o whatsapp a cambio. Nunca centrar la relación en hacer llegar una “mercancía” que intentamos vender. No vendemos nada, compartimos gratuitamente el reflejo de Cristo. Reflejo que Luz del mundo. Lo importante es dar testimonio de autenticidad. Ser "amigo de la verdad" en redes implica ser y mostrarnos humanos. El evangelizador que admite sus dudas o caídas es más "amigo" que aquel que proyecta una rigurosidad dogmática aparente o una santidad de filtro fotográfico.
San Agustín nos advierte que cualquier amistad que no esté cimentada en lo eterno es, en realidad, un comercio interesado de afectos. En el ecosistema digital donde todo parece tener un precio o un interés oculto, la gratuidad es el lenguaje más poderoso para anunciar el Evangelio. Esto conlleva esfuerzo, no cabe duda. No todos están dispuestos a ello.
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