Pero eso no es todo, y se hace preciso, además, adoptar medidas para que en adelante, el equinoccio -un equinoccio a efectos eclesiásticos, no se olvide, fundamental para fijar la Semana Santa cada año- se mantenga en ese entorno, y el desfase no se vuelva a producir. Cosa que en el nuevo calendario que se da en llamar calendario gregoriano, se consigue manteniendo el día añadido al mes de febrero en los años múltiplos de cuatro, y realizando a los antiguos cálculos de Sosígenes un pequeño reajuste que sirva para acomodar el año de 365,25 días -o lo que es lo mismo, 365 días y 6 horas- que él había estimado, al año de 365,242189, -o lo que es lo mismo, 365 días, 5 horas y 49 minutos-, estimado por Lilius y Clavius. El ajuste queda marcado fijando que los años que pongan fin al siglo, los llamados años seculares, aun cuando todos ellos deberían ser bisiestos, sólo lo sean cuando además de múltiplos de 4, lo sean también de 400, es decir, eliminando tres bisiestos seculares de cuatro en cada ciclo de 400 años. Regla que determinó que el último año secular que hemos tenido, -y único que han conocido todos cuantos de Vds. sean capaces de leer este artículo y yo el primero-, el año 2000, haya sido efectivamente bisiesto. Pero no lo fueran en cambio, -como sí lo habrían sido en el calendario juliano-, ni el 1700, ni el 1800, ni el 1900. Y bisiesto, ¿por qué se llama, por último, bisiesto? Pregunta que nos retrotrae de nuevo al calendario juliano, donde el día añadido al año de cada cuatro, se incorporaba después del sexto día antes de las calendas de marzo, conformando el que se daba en llamar “segundo sexto” o, de otro modo, bisexto, bisiesto. ©L.A. encuerpoyalma@movistar.es Otros artículos del autor relacionados con el tema Entran hoy los chinos en su año 4710De las horas en que se dividía el día en tiempos de los romanosDe Santa Teresa, de un emperador llamado Julio y de un Papa llamado Gregorio