«La moralidad está atenuada y nuestro hábitat social se ha desmoralizado»
Indigencia moral, sociedad tardía y esperanza cristiana en el pensamiento de Aquilino Cayuela.
Aquilino Cayuela, filósofo moral y autor de "Indigencia moral. Ética para una sociedad tardía".
Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación y catedrático de Filosofía Moral y Política en la Universidad Abat Oliba CEU, Aquilino Cayuela acaba de reunir en Indigencia moral. Ética para una sociedad tardía el diagnóstico más maduro de su trayectoria como filósofo, bioeticista y analista de la actualidad internacional. En la primera parte describe con rigor y originalidad las controversias de la ética contemporánea, leyendo a Aristóteles y Santo Tomás para iluminar un tiempo que “ha querido convencernos de que somos incapaces de conocer el bien y menos todavía realizarlo”.
Cayuela describe una sociedad donde la moralidad “está atenuada” y el clima cultural ha “desmoralizado nuestro hábitat social”, con especial dureza para los más frágiles y, de modo particular, para la mujer en una vida “descompasada” respecto de sus propios ciclos.
Desde esa constatación de penuria moral —que está en la base también de la polarización política y de los conflictos globales—, el autor defiende la vigencia de una ética del bien y de la virtud, arraigada en la tradición aristotélico‑tomista, como camino realista de regeneración y como propuesta de esperanza para el lector creyente que no se resigna a este decaimiento cultural y espiritual.
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-Heidegger habló en su época de entreguerras de vivir en un tiempo indigente. Actualmente la moralidad está atenuada y ha habido un proceso cultural que nos ha querido convencer de que somos incapaces de conocer el bien y, menos todavía, de realizarlo. Este hecho cultural ha desmoralizado nuestro hábitat social y nos ha ocasionado un gran malestar.
-Nuestras sociedades son tardías porque los ritmos culturales, laborales y sociales nos obligan al retardo: para iniciar una relación estable, para casarse, para la maternidad, etc. Más tarde, esta forma de vida nos obliga a postergar la juventud y a elastificar nuestro estado físico, y la principal víctima de este retardo es la mujer. Las mujeres hoy están obligadas a vivir descompasadas respecto de sus propios ciclos biológicos.
-Se trata de volver la mirada a una ética del bien y la virtud que tenga capacidad de regenerar el clima moral que padecemos y de volver a naturalizar la ética. Por eso recupero una lectura de Aristóteles y Tomás de Aquino.
-El análisis que ofrezco en este caso no es bioético, sino de carácter general, pero justamente explica esta situación de precariedad moral: la vida humana débil y vulnerable es mirada de modo insensible por las corrientes éticas y legales dominantes. El aborto y la eutanasia son una forma de desprecio al desvalimiento humano.
-La ética tomista ofrece una gran actualidad por su claridad y por su confianza en la razón y en el carácter sociable de la naturaleza humana y de su condición.
-La polarización y conflictividad de nuestro tiempo es fruto, en su base, de la crisis moral que describo en este libro.
-La última parte del libro interpela al lector acerca de la connaturalidad de la tradición aristotélico‑tomista, que ofrece las respuestas adecuadas a todo agente moral racional en este momento de decaimiento cultural y moral.
Nota