Religión en Libertad

Conociendo a León XIV: Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2026 (8 de diciembre de 2025)

Segunda entrega de una serie para conocer mejor el pensamiento, el lenguaje y los acentos del Papa León XIV, y para preparar una acogida más atenta de su magisterio en España.

La Jornada Mundial de la Paz fue instituida por Pablo VI en 1968. Se celebra el 1 de enero y el Papa da a conocer su mensaje unas semanas antes.

La Jornada Mundial de la Paz fue instituida por Pablo VI en 1968. Se celebra el 1 de enero y el Papa da a conocer su mensaje unas semanas antes.Vatican Media.

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Después de asomarnos a la exhortación apostólica Dilexi te, el recorrido por el pensamiento de León XIV puede continuar de manera muy natural con su Mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz, fechado el 8 de diciembre de 2025 y titulado "La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”.

Si el primer texto nos ayudaba a descubrir cómo el Papa piensa la relación entre Cristo y los pobres, este mensaje permite ver con gran claridad cómo entiende la paz, cómo lee la situación internacional y qué tipo de lenguaje quiere ofrecer a una humanidad cada vez más acostumbrada a vivir entre el miedo, la violencia verbal y la lógica del rearme.

“Para conocer a León XIV no basta preguntarse qué opina sobre la paz; hay que escuchar cómo la presenta como presencia, camino y conversión.”

Un mensaje que no se queda en el deseo

Desde sus primeras líneas, León XIV sitúa la paz en el centro del saludo cristiano. Retoma las palabras del Resucitado —«La paz esté con ustedes»— y recuerda también su propio primer saludo como Obispo de Roma, cuando habló de una paz «desarmada y desarmante, humilde y perseverante».

Esto es importante, porque deja ver que no estamos ante un tema secundario ni ante una reacción ocasional a la actualidad internacional, sino ante uno de los hilos más profundos de su pontificado.

La originalidad del texto está en que no presenta la paz como una utopía sentimental ni como un mero equilibrio diplomático. León XIV insiste en que la paz es antes que nada una presencia que quiere habitar en nosotros, un don que ilumina la inteligencia, resiste la violencia y vence el miedo.

Su lenguaje es aquí netamente espiritual, pero no evasivo; al contrario, parte de la fe para mirar con más realismo la historia.

“La paz, en León XIV, no es una consigna blanda: es una forma cristiana de mirar la realidad sin rendirse al miedo.”

El realismo cristiano frente al fatalismo contemporáneo

Uno de los rasgos más llamativos del mensaje es la crítica a una idea falsa de realismo. El Papa observa que hoy muchos llaman “realistas” a las narraciones sin esperanza, a las miradas cegadas por el miedo y a las lecturas del mundo incapaces de reconocer la acción de Dios y la posibilidad del bien.

Con ello toca un nervio muy actual de nuestro tiempo: la tentación de considerar ingenuo todo lenguaje de paz y, en cambio, lúcida toda lógica basada en la sospecha, la amenaza o la fuerza.

Aquí se empieza a ver muy bien uno de los acentos de León XIV. No contrapone ingenuamente fe y realidad, sino esperanza y desesperanza. No niega la gravedad del momento histórico —habla incluso de la “tercera guerra mundial a pedazos”, retomando una expresión de Francisco—, pero se resiste a aceptar que el miedo sea la última palabra sobre la historia.

Este punto resulta especialmente importante para España y para Europa. También entre nosotros se expande con facilidad un clima de cansancio moral, de irritación pública y de resignación cultural, en el que la desconfianza parece más adulta que la esperanza y la dureza más eficaz que la misericordia. El mensaje de León XIV corrige precisamente esa deriva: no llama a cerrar los ojos, sino a abrirlos más.

“El Papa no opone esperanza y realismo; opone esperanza y resignación.”

Una paz desarmada

El núcleo central del mensaje aparece cuando León XIV explica que la paz de Cristo resucitado es “desarmada”, porque desarmada fue la lucha misma de Jesús.

El Papa recuerda que el camino del Señor desconcertó a sus discípulos, que esperaban otra respuesta ante la violencia, y subraya con fuerza aquella palabra decisiva: «Envaina tu espada».

Aquí el mensaje adquiere un tono claramente contracultural. En un mundo donde la seguridad tiende a pensarse cada vez más en términos de fuerza acumulada, capacidad disuasoria y preparación del conflicto, León XIV recuerda que el cristianismo nace de una victoria que no se impone por la violencia.

No se trata de desconocer el problema de la legítima defensa, que el propio texto menciona indirectamente al criticar la ampliación de la lógica de oposición más allá de ese principio, sino de advertir que una civilización que absolutiza el rearme termina por asumir la guerra como horizonte normal.

Este razonamiento toca una cuestión actualísima. El mensaje señala que en 2024 el gasto militar mundial aumentó un 9,4% respecto al año anterior, alcanzando 2,718 billones de dólares, el 2,5% del PIB mundial, según datos citados del SIPRI.

Al mismo tiempo, denuncia que no solo se incrementa el rearme, sino que también se reconfiguran las políticas educativas y comunicativas para difundir una percepción del mundo basada en la amenaza y en una idea exclusivamente armada de la defensa.

“Cuando una sociedad empieza a educarse desde el miedo, la guerra deja de parecer un fracaso y empieza a parecer una costumbre.”

La inteligencia artificial y la desresponsabilización

Uno de los puntos más modernos y penetrantes del texto aparece cuando León XIV advierte sobre la aplicación militar de las inteligencias artificiales. El Papa afirma que ese desarrollo ha radicalizado la tragedia de los conflictos armados y habla incluso de un proceso de desresponsabilización de los líderes políticos y militares, que delegan crecientemente en las máquinas decisiones que afectan a la vida y a la muerte de las personas.

Este pasaje es importante porque muestra a un pontífice atento a los cambios tecnológicos y capaz de leerlos desde una perspectiva moral, jurídica y antropológica. No se limita a expresar inquietud; denuncia una “espiral destructiva, sin precedentes, del humanismo jurídico y filosófico” que sostiene la vida civilizada.

Es decir, León XIV no usa la IA como un tema de moda, sino como un síntoma profundo de una cultura que corre el riesgo de alejar la conciencia humana del acto de decidir sobre la violencia.

España haría bien en escuchar muy atentamente este acento. En una sociedad cada vez más atravesada por la digitalización, por debates sobre automatización y por discursos fascinados ante la eficiencia técnica, el Papa recuerda un criterio esencial: no todo lo técnicamente posible es moralmente aceptable, y no toda delegación en sistemas inteligentes protege la dignidad humana.

“León XIV percibe que el problema no es solo la máquina, sino el corazón humano que quiere dejar de responder por sus actos.”

Una paz desarmante

La segunda gran intuición del mensaje es que la paz, además de ser desarmada, ha de ser “desarmante”.

Con esa expresión León XIV apunta a una fuerza distinta: la bondad que desarma, la fragilidad que vuelve más lúcidos, la humildad evangélica que corta la cadena del dominio.

El texto se vuelve aquí especialmente hondo. El Papa remite al misterio de la Encarnación, a la imagen del Niño de Belén, a la fragilidad que obliga a cuidar, y desde ahí sostiene que la paz verdadera requiere un desarme del corazón, de la mente y de la vida.

Retomando a san Juan XXIII, afirma que no basta reducir las armas si no se eliminan de las conciencias el temor y la perspectiva angustiosa de la guerra.

Este punto puede resultar muy iluminador para la situación española. También aquí se extiende con facilidad una forma de violencia menos visible pero muy corrosiva: la agresividad del lenguaje público, la simplificación del adversario, la sospecha permanente, la incapacidad de escuchar y el gusto por convertir toda diferencia en trinchera. El mensaje de León XIV no habla solo de geopolítica; habla también de la paz como forma de presencia, de palabra y de trato.

“No hay paz desarmante si antes no empieza a desarmarse la palabra.”

Religión, política y blasfemia

Otro de los pasajes más valientes del texto es aquel en el que León XIV denuncia el intento de transformar incluso pensamientos y palabras en armas.

En esa línea, advierte contra la tentación de arrastrar las palabras de la fe al combate político, de bendecir el nacionalismo y de justificar religiosamente la violencia y la lucha armada.

Este párrafo merece una lectura muy atenta en España. En un contexto donde la religión puede ser utilizada a veces como emblema identitario o como simple reserva moral al servicio de enfrentamientos culturales, el Papa introduce un discernimiento muy limpio: los creyentes están llamados a desmentir con su vida esas formas de blasfemia que oscurecen el nombre de Dios.

No es una invitación al silencio público de la fe, sino todo lo contrario: es una llamada a una presencia cristiana más evangélica, menos instrumentalizable y más capaz de diálogo.

Aquí se revela otra de las claves de su magisterio: León XIV no quiere una religión diluida, pero tampoco una religión convertida en munición ideológica. Quiere una fe que genere cultura del encuentro, oración, diálogo ecuménico e interreligioso, y una creatividad pastoral capaz de mostrar que la paz no es una utopía.

“La fe deja de iluminar cuando acepta convertirse en arma.”

Qué revela este mensaje sobre León XIV

Leído en conjunto, este mensaje permite reconocer algunos rasgos muy definidos del Papa.

  • Un fuerte cristocentrismo pascual: la paz brota del Resucitado y no de un cálculo de fuerzas.
  • Una lectura espiritual de la historia, que no evade los conflictos, pero tampoco se rinde ante ellos.
  • Una preocupación muy seria por las derivas tecnológicas cuando afectan a la dignidad humana, especialmente en el ámbito militar.
  • Una crítica de la mundanidad política y religiosa, cuando la fe se usa para justificar dominio o violencia.
  • Una insistencia en la conversión interior como condición de toda transformación histórica verdadera.

Todo ello deja ver un Papa que no quiere hablar de paz solo en el nivel diplomático, sino en el antropológico, en el espiritual, en el cultural y en el político.

Qué nos dice hoy en España

Para la Iglesia y la sociedad españolas, este texto puede leerse como una invitación muy concreta. En un momento de polarización sostenida, de desgaste institucional y de creciente crispación pública, León XIV recuerda que la paz no se construye solamente con acuerdos formales, sino también con un estilo humano y comunitario que rechace la lógica del miedo y del enfrentamiento como forma ordinaria de vida.

Además, su crítica al rearme cultural, a la manipulación de la fe y a la desresponsabilización tecnológica tiene una resonancia especial en un país que participa del debate europeo sobre seguridad, digitalización, educación y convivencia democrática. Escuchar a León XIV en España exigirá seguramente aprender a distinguir entre fortaleza y dureza, entre lucidez y fatalismo, entre defensa legítima y habituación cultural al conflicto.

Si el pontificado sigue desarrollando esta línea, convendrá prestar mucha atención a su modo de hablar de la paz. Porque en León XIV la paz no aparece como un adorno del discurso eclesial, sino como una clave de lectura del presente y como una prueba de la verdad del Evangelio en la historia.

“Conocer a León XIV será también aprender a discernir cuándo la firmeza defiende la vida y cuándo el miedo empieza a gobernarla.”

Para seguir el recorrido

Este mensaje para la Jornada Mundial de la Paz confirma algo que ya se intuía en Dilexi te: León XIV piensa desde Cristo, lee el presente con densidad espiritual y no rehúye las cuestiones más delicadas de la cultura contemporánea.

Su magisterio no parece orientado a producir frases fugaces, sino a formar una mirada creyente capaz de habitar tiempos inestables sin entregarse al miedo ni a la violencia.

Después de este texto será importante seguir sus homilías, sus mensajes a los jóvenes, sus intervenciones sobre la paz, la IA, la justicia y la vida pública, para comprobar cómo se articulan en él el anuncio del Evangelio, la crítica cultural y la propuesta pastoral. Pero ya aquí aparece una nota muy clara: León XIV quiere ayudar a la Iglesia a ser presencia de paz en un mundo que se acostumbra demasiado deprisa a la guerra.

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