Religión en Libertad

León XIV, el Papa de la interioridad y el servicio

Rafael Lazcano completa con dos nuevos libros su retrato del pontífice agustino

Rafael Lazcano, historiador, biógrafo, editor y compañero de estudios de León XIV en Roma (1981-1985)

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Hoy, 8 de mayo, se cumple un año de la elección de León XIV como Sucesor de Pedro, un pontificado marcado desde el inicio por la interioridad agustiniana, la sinodalidad y una fuerte conciencia de servicio.

En este contexto y tras la extensa "Biografía de León XIV. El Papa agustino, peregrino hacia Dios", el historiador agustino Rafael Lazcano pocos días después, el 11 de mayo, publica "León XIV. El camino de un pastor", una biografía breve y accesible, y "365 días con el Papa León XIV", un vademécum que recoge lo más significativo de sus textos desde la tesis doctoral hasta el primer año de pontificado.

En esta entrevista, el biógrafo explica qué imagen del Papa puede captar un lector sencillo, cómo se articulan estos tres libros como una “trilogía” orgánica y de qué manera el nuevo volumen de 365 días pretende ayudar a vivir el magisterio de León XIV como un verdadero itinerario espiritual y pastoral.

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-Tras la gran "Biografía de León XIV. El Papa agustino, peregrino hacia Dios", publica ahora "León XIV. El camino de un pastor", una biografía breve y popular. ¿Qué imagen del Papa puede captar mejor un lector sencillo con este nuevo libro y qué aspectos ha preferido no simplificar, aunque sea un formato más divulgativo?

-Este nuevo libro pretende que cualquier lector —también quien no posee hábito de lectura teológica o biográfica— reconozca en Robert Francis Prevost, hoy León XIV, no una figura lejana o institucional, sino una historia humana comprensible, la de un hombre cuya vida arranca en lo cotidiano, una familia sencilla, una parroquia concreta, una vocación que madura sin ruido.

»En ese recorrido surge también el joven universitario, curioso y disciplinado, con interés tanto por las ciencias —con inclinación especial por las matemáticas— como por las letras, filosofía, teología y derecho canónico. Ese doble horizonte, lejos de quedar como rasgo accesorio, ilumina su modo de pensar y decidir: rigor intelectual junto a búsqueda de sentido, precisión analítica junto a profundidad espiritual.

«La vida de un pastor real incluye tensiones, responsabilidad, discernimiento paciente y fidelidad en ausencia de aplausos.»

»La imagen que el lector capta con mayor nitidez coincide con la de un pastor que avanza paso a paso. Un agustino que aprende la búsqueda de Dios en comunidad; un misionero en Perú que acoge el influjo del contacto con la gente; un formador, un profesor, un superior mayor que entiende la autoridad como servicio; un obispo y, finalmente, pastor universal de la Iglesia, que mantiene su modo de presencia: cercano, atento, sin artificios. En esa línea, el libro no busca impresionar; muestra cómo la fidelidad sostenida en lo pequeño abre horizontes antes impensados.

»Ahora bien, un lenguaje más sencillo no implica contenido rebajado. Procuro no simplificar aquello que pertenece al núcleo de su camino. No suavizo las exigencias de su vocación, ni los momentos de decisión en contextos complejos, ni la densidad espiritual propia de una vida verdaderamente entregada. Tampoco convierto su historia en relato edulcorado o meramente inspiracional. La vida de un pastor real incluye tensiones, responsabilidad, discernimiento paciente, fidelidad en ausencia de aplausos.

»Biografía, pues, equilibrada y narración cercana, sin pérdida de hondura. El lector sencillo entra en la historia sin obstáculos y, al mismo tiempo, percibe algo serio: una vida moldeada por Dios en lo ordinario, una vocación sin improvisación, una forma concreta de servicio que, precisamente por su humildad y perseverancia, alcanza dimensión universal. En definitiva, no reducción, sino presencia de lo esencial, expuesto con claridad, método y verdad.

«La fidelidad sostenida en lo pequeño abre horizontes antes impensados.»

-Con "365 días con el Papa León XIV", que reúne desde textos de su tesis doctoral hasta homilías, catequesis y discursos del primer año, da la impresión de que se va configurando una especie de “trilogía” sobre León XIV: biografía extensa, retrato breve y vademécum espiritual. ¿Concibe estos tres libros como un conjunto orgánico? ¿Qué lugar ocupa cada uno en la comprensión global del Papa?

-Sí, la percepción de cierta unidad no surge por azar. Los tres libros han ido apareciendo con ritmos y finalidades distintas, aunque comparten una misma intención de fondo: acceso integral —biográfico, interpretativo y espiritual— a la figura de León XIV, es decir, a Robert Francis Prevost dentro de la densidad de su trayectoria y la coherencia de su pensamiento.

»Cabe hablar de un conjunto orgánico, aunque no como resultado de una planificación previa, sino más bien como una arquitectura en proceso de revelación durante el avance del trabajo. Cada volumen responde a una pregunta distinta —¿quién?, ¿cómo llegó hasta aquí?, ¿qué dice y desde qué lugar?— y solo mediante su articulación aparece una comprensión más completa.

»La biografía extensa —"León XIV. El Papa agustino, peregrino hacia Dios"— cumple una función fundante: reconstrucción del itinerario vital, intelectual y espiritual. Allí, las raíces, familia, formación, juventud universitaria, atraída tanto por el rigor de las matemáticas como por la hondura de la filosofía, la teología y el derecho canónico; experiencia misionera en Perú; ejercicio de responsabilidades en la vida religiosa —Orden de San Agustín— y eclesial. En ese primer libro se ofrece, pues, la génesis, la configuración progresiva de una personalidad y de un modo de presencia en la Orden de San Agustín y en la Iglesia.

»El retrato breve —"León XIV. El camino de un pastor"— responde, en cambio, a una lógica de síntesis y accesibilidad. No simplificación de la complejidad, sino apertura de lectura para todos los públicos. Una destilación de lo esencial. Permite el contacto del lector no especializado con la figura del Papa sin pérdida de lo decisivo. Si la biografía amplia despliega, este segundo volumen concentra; si aquella explica, este sugiere con mayor inmediatez.

»Finalmente, "365 días con el Papa León XIV" introduce otra dimensión, imprescindible, como es el acceso directo a la palabra. Aquí hay ausencia de mediación del biógrafo: encuentro del lector con los textos mismos —desde la tesis doctoral hasta homilías, mensajes, catequesis y discursos—, con percepción del conjunto de ideas, creencias y valores; las recurrencias, la estructura del pensamiento y, sobre todo, la respiración doctrinal y espiritual. Un vademécum que permite acompañar al Papa en su ritmo interior y pastoral a lo largo de un año.

»Así, más que tres libros yuxtapuestos, son tres niveles de aproximación complementarios: vida narrada, vida interpretada y vida expresada. Ninguno agota por sí solo la figura de León XIV, pero en conjunto surge una unidad profunda: la de un hombre cuya palabra nace de una experiencia, y cuya experiencia solo alcanza plena comprensión a la luz de su palabra. En esa reciprocidad —entre biografía y pensamiento, entre historia y voz— se juega la comprensión global del Papa agustino.

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«Más que tres libros yuxtapuestos, son tres niveles de aproximación: vida narrada, vida interpretada y vida expresada.»

-En "365 días…" usted pone en continuidad los escritos del “teólogo Prevost” con las palabras del “Papa León XIV”. ¿Qué hilo conductor ha descubierto? ¿Algún texto le ha sorprendido por anticipar claramente el pontificado actual?

-Al colocar en continuidad los textos de Robert Francis Prevost junto con los del pontífice León XIV a lo largo de 365 días…, emerge no solo coherencia temática, sino auténtica unidad estructural de pensamiento y vida, cuyo eje se formula —con precisión y sin reducciones— en una tríada que atraviesa toda su trayectoria: interioridad, verdad y servicio.

«La verdad no se posee: se acoge en la interioridad y se traduce en servicio.»

»Ya en el “Prevost superior mayor” se advierte que la interioridad, en sentido agustiniano, no implica repliegue subjetivo ni experiencia meramente psicológica, sino lugar teológico donde acontece el encuentro con Dios como verdad viva. Fiel a la gran intuición de Agustín de Hipona, la interioridad funciona, al mismo tiempo, como espacio de autoconocimiento y apertura a la trascendencia; allí el ser humano, al entrar en sí mismo, descubre falta de pertenencia total y presencia de una verdad previa y superior.

»Esa verdad no constituye abstracción ni sistema conceptual cerrado. En Prevost —como en Agustín de Hipona— aparece con claridad que la verdad coincide, en último término, con Cristo mismo; por tanto, admite búsqueda, acogida y vivencia. Esta dimensión dinámica de la verdad —camino más que posesión— explica que evite tanto el intelectualismo como el voluntarismo en su teología. El conocimiento de la verdad implica transformación personal. En ese punto surge, de modo inseparable, el tercer elemento, el servicio. La verdad hallada en la interioridad no queda clausurada, sino que se traduce necesariamente en caridad, en entrega, en formas concretas de servicio a los demás.

»Este trípode —interioridad, verdad y servicio— no queda en el plano de la reflexión académica, sino que se despliega con notable continuidad en el magisterio de León XIV. De hecho, constituye la clave profunda para la comprensión de su eclesiología y praxis pastoral. La Iglesia aparece entendida, ante todo, como comunión viva nacida de Cristo; es decir, participación en una misma verdad acogida en la interioridad y expresada en el servicio. Por ello, la unidad eclesial no se reduce a uniformidad disciplinar ni a mera cohesión organizativa; adopta un carácter espiritual que brota de la convergencia en la verdad y se verifica en la caridad.

»En este contexto cobra pleno sentido la insistencia del Papa en la sinodalidad. No como categoría funcional o estratégica, sino como forma histórica de una Iglesia que vive de ese dinamismo interior. La sinodalidad constituye, en el fondo, la traducción eclesial de una interioridad que escucha, de una verdad buscada en común y de un servicio ejercido con corresponsabilidad. En una Iglesia sinodal, nadie posee la verdad como dominio privado, porque la verdad coincide con Cristo y todos —incluido el Papa— avanzan hacia su plenitud. Sin embargo, tal afirmación no convierte la verdad en resultado de suma de opiniones. La sinodalidad no equivale a parlamentarismo; implica búsqueda común de una verdad previa que encuentra acogida en la interioridad iluminada por el Espíritu. El ministerio petrino no compite con la sinodalidad; más bien garantiza y orienta su ejercicio.

«La sinodalidad no equivale a parlamentarismo: es búsqueda común de una verdad previa iluminada por el Espíritu.»

»En este punto, algunos textos del período anterior al pontificado adquieren, releídos hoy, relieve particularmente significativo. Resultan especialmente elocuentes los desarrollos de su tesis doctoral sobre la relación entre autoridad y obediencia. Allí aparece formulada, con notable rigor conceptual, una intuición decisiva: la autoridad alcanza autenticidad solo cuando sirve a la comunión, mientras que la obediencia logra plenitud únicamente mediante la participación activa en la búsqueda de la verdad. Lo que entonces aparecía como elaboración conceptual, hoy se reconoce como magisterio encarnado.

»La fecundidad de la tríada apuntada —interioridad, verdad y servicio— no se limita a la vida interna de la Iglesia. Precisamente por su origen en una verdad descubierta en la interioridad y realizada en el servicio, se abre necesariamente al mundo. De ahí surge la capacidad de León XIV para entablar diálogo lúcido, sereno y exigente con los grandes desafíos contemporáneos: la paz fundada en la justicia y la verdad; la diplomacia entendida como servicio al bien común; la responsabilidad ética ante el desarrollo de la inteligencia artificial; la urgencia de una evangelización marcada por el compromiso, la alegría y la esperanza. En todos estos ámbitos se reconoce la misma lógica: la verdad no se impone como ideología, sino que se propone como servicio a la dignidad humana.

»Esta coherencia interna ilumina también sus acentos pastorales más característicos. La atención a los jóvenes —“volcanes de vida”— responde al reconocimiento de una búsqueda de la verdad especialmente viva que requiere acompañamiento. La valoración de los ancianos como “primeros testigos de esperanza” subraya la transmisión histórica de la verdad como memoria vivida. La centralidad de la familia señala el lugar donde interioridad, verdad y servicio encuentran aprendizaje originario. La figura de la mujer aparece como portadora de una sensibilidad espiritual que humaniza la verdad y la vuelve fecunda en el servicio. María, presentada como mujer “sinodal”, encarna de modo eminente esta síntesis: interioridad abierta a Dios, acogida plena de la verdad y disponibilidad total al servicio del designio divino.

»En definitiva, el lector de "365 días con el Papa León XIV" no encuentra simples intuiciones aisladas, sino coherencia orgánica de un pensamiento que alcanza en el pontificado su forma histórica más plena. No surge fractura entre Prevost y León XIV, entre profesor y pastor; se percibe desarrollo, expansión y explicitación. El Papa agustino no redefine su identidad al asumir el ministerio petrino, sino que lleva a máxima visibilidad aquello que ya constituía el núcleo de su experiencia intelectual y espiritual.

»Por ello, más que anticipaciones puntuales, conviene reconocer continuidad sustancial: la interioridad que busca, la verdad que ilumina y el servicio que concreta integran un único dinamismo que atraviesa toda su vida. En esa convergencia aparece no solo la clave hermenéutica para la comprensión de su magisterio, sino también la razón de su fecundidad. Cuando la verdad se busca en la interioridad y se ofrece como servicio, se convierte en fuente de comunión, esperanza y renovación para la Iglesia y para el mundo.

-Muchos fieles se sienten desbordados por la cantidad de mensajes, homilías y documentos pontificios. ¿Cómo aconseja usar "365 días con el Papa León XIV" para que no sea “acumulación”, sino alimento espiritual y pastoral?

-Comprendo bien esa sensación de desbordamiento. No pesa tanto la cantidad como el modo de acceso. Cuando la palabra del Papa llega como acumulación, se vuelve pesada; cuando se acoge como alimento, encuentra su lugar. "365 días con el Papa León XIV" surge precisamente para ordenar, dosificar y hacer habitable esa riqueza.

»El criterio de fondo que cabe sugerir —en plena coherencia con el magisterio de León XIV— resulta sencillo y exigente a la vez: lectura breve y profunda. No apunta a abarcar, sino a dejarse alcanzar. Por eso, el uso más fecundo del libro no nace de un enfoque académico, sino de una clave espiritual en sentido fuerte: integración de interioridad, verdad y servicio.

»Si hiciera falta proponer un modo concreto de empleo de 365 días…, cabría formularlo como itinerario diario en tres tiempos, breve pero denso:

  • Interioridad (lectura orante): elección del texto del día y lectura sin prisa, una o dos veces. No como búsqueda de información, sino como disposición a la escucha.
  • Verdad (discernimiento): detención en una idea central y clarificación de su contenido: ¿qué afirma realmente?, ¿qué ilumina acerca de la fe, de la Iglesia, del mundo?
  • Servicio (traducción concreta): planteamiento decisivo: ¿cómo se traduce esto hoy en gesto, decisión o actitud? Sin este paso, la lectura queda incompleta.

«'365 días con el Papa León XIV' no apunta a seguir al Papa, sino a dejarse acompañar por su palabra.»

»Este esquema, realizable en diez o quince minutos, permite al libro actuar como vademécum espiritual cotidiano. No excluye otros usos, sino que los fundamenta: trabajo temático en ámbitos teológico‑pastorales; encuentros breves de grupos o parroquias; y un reservorio de lenguaje y enfoque para la predicación, siempre desde la interiorización, no como simple repertorio de citas.

»El libro "365 días…" no apunta a “seguir” al Papa, sino a dejarse acompañar por su palabra. En León XIV se percibe una coherencia singular: su palabra no busca ocupar espacio, sino abrir camino. Ese camino solo avanza cuando la lectura deja de ser consumo y se convierte en experiencia: una interioridad que busca la verdad y una verdad que se expresa como servicio. En este sentido, el libro no funciona como compendio de contenidos, sino como ámbito habitable.

-El título "El camino de un pastor" subraya la dimensión de proceso. Si tuviera que esbozar, con prudencia de historiador, las grandes etapas de ese camino —Chicago, Chiclayo, servicio en la Curia, pontificado—, ¿qué rasgos ve ya claramente perfilados y qué le hace pensar que lo más decisivo de su estilo de gobierno aún está en gestación?

-Más que ordenar fechas, destinos y cargos, el título "El camino de un pastor" sugiere una lógica más honda, una forma de unidad interior que atraviesa la diversidad de etapas sin diluirse. En Robert Francis Prevost —hoy León XIV— no aparece solo una trayectoria ascendente, sino una fidelidad sostenida que recorre contextos distintos sin perder su centro.

»La historia arranca lejos de los focos, en una familia creyente, una ciudad plural, una pregunta sin respuesta rápida: ¿cómo vivir la fe en un mundo moderno, plural y cambiante? No hay épica, hay búsqueda. Esa búsqueda lo conduce hacia la Orden de San Agustín y hacia una disciplina que forma no solo la inteligencia, sino también el corazón: estudio, oración, vida común. Allí queda fijada la primera clave, de raíz agustiniana —en la estela de Agustín de Hipona—: la interioridad como lugar donde la verdad no se posee, se acoge. No cuenta la acumulación de certezas, cuenta el aprendizaje del discernimiento.

»Luego llega la misión. Perú no añade un capítulo, reconfigura la comprensión. El Evangelio se convierte en relación: rostros, historias, heridas, esperanza. Allí la escucha deja de funcionar como simple virtud pastoral y pasa a criterio de conocimiento. Quien no escucha, no comprende; quien no comprende, no sirve. Ese aprendizaje permanece.

»Las responsabilidades posteriores —docencia, formación, gobierno en la Orden, servicio a la Iglesia universal— no introducen discontinuidad, sino expansión del mismo principio. Cambian los escenarios, no la lógica: autoridad como servicio, decisión como fruto de un discernimiento que integra voces diversas, liderazgo entendido como capacidad de hacer crecer a otros. Surge un estilo que no ocupa el centro, lo genera para los demás.

»Por eso, cuando el itinerario alcanza el pontificado, no hay ruptura, sino transparencia. Lo que permanecía en germen se vuelve visible. El nombre de León XIV no inaugura un personaje nuevo; vuelve legible un modo de proceder ya presente: sobriedad en el lenguaje, densidad en las decisiones, primacía de la escucha, rechazo de la estridencia. Su palabra no busca imponerse, ordena. Su presencia no busca dominio, orienta.

«El nombre de León XIV no inaugura un personaje nuevo; vuelve legible un modo de proceder ya presente.»

»Ahora bien, aquí surge el matiz que exige prudencia histórica. Si el principio formal de su gobierno aparece nítido —interioridad que busca la verdad y la traduce en servicio—, su configuración institucional plena aún no cristaliza. No por falta de dirección, sino por opción deliberada. En el Papa Prevost se reconoce una pedagogía del tiempo: antes de fijar estructuras, escucha; antes de definir, discierne; antes de cerrar, abre procesos. Esa reserva no indica indecisión; marca método.

»De ahí que lo decisivo de su estilo no consista en medidas aisladas, sino en una forma de habitar el gobierno: una autoridad que no reduce la complejidad, la asume; que no simplifica el conflicto, lo desactiva desde dentro; que no absolutiza la inmediatez, la inserta en un horizonte más amplio. Aparece así una política de la interioridad aplicada a la historia; no evasión, sino profundidad operativa.

»Si hubiera que nombrar el hilo secreto de todo el recorrido, no sería el de los logros, sino el de la fidelidad. Fidelidad a una llamada que se verifica en contextos diversos. Fidelidad a una comunidad que, en clave de sinodalidad, aprende a escuchar, discernir y caminar unida. Fidelidad al Evangelio que orienta sus decisiones e inspira una teología política atenta al bien común y a la dignidad de toda persona. Esa fidelidad se traduce hoy en una dirección ética de la inteligencia artificial, al servicio de la verdad, la justicia y el cuidado de lo humano. Se expresa también en una apuesta decidida por los jóvenes, como interlocutores y protagonistas. No hay gesto espectacular que dé cuenta del conjunto, sino constancia, profundidad, servicio que se renueva.

"El camino de un pastor", el de Prevost‑León XIV, vuelve siempre a su origen: la escucha de Dios y de los hombres, el discernimiento paciente y el servicio sin protagonismo. Nacido de una pregunta, su itinerario —como toda vocación auténtica— permanece abierto, en busca de su forma más plena; avanza allí donde la llamada primera se renueva cada día en la fidelidad concreta y en una entrega inagotable, sostenida por una fuente previa —fe, vocación y esperanza— que no se agota, sino que lo funda, lo impulsa y lo orienta hacia la plenitud.

«No hay gesto espectacular que resuma su camino, sino constancia, profundidad y un servicio que se renueva.»

Audiencia personal con el Papa León XIV (Palacio Apostólico, 9 de abril de 2026).

Nota

Los tres libros de Rafael Lazcano sobre León XIV —"Biografía de León XIV. El Papa agustino, peregrino hacia Dios", "León XIV. El camino de un pastor" y "365 días con el Papa León XIV"—, publicados por San Pablo, ofrecen la primera panorámica completa en español sobre la vida, el pensamiento y el magisterio del Papa agustino. Llegan, además, en vísperas de la esperada visita de León XIV a España, que permitirá contrastar sobre el terreno este retrato de pastor de interioridad, servicio y paz desarmada. Los dos nuevos títulos aparecerán en librerías el 11 de mayo.

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