Religión en Libertad

«La torre de Jesucristo es la anti‑Babel de Gaudí»

Josep Maria Tarragona, biógrafo y promotor de la causa, explica el sentido espiritual y arquitectónico de la cruz culminante de la Sagrada Família

La torre de Jesucristo de la Sagrada Familia se recorta sobre el sol poniente mientras culminan las obras de la cruz.

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La culminación de la torre de Jesucristo ha llevado a la Sagrada Família a convertirse en la iglesia más alta del mundo y en la cima visible de la fe en el corazón de Barcelona. 

Para Josep Maria Tarragona Clarasó, ingeniero, historiador, biógrafo de Gaudí y uno de los impulsores de su causa de beatificación, esta cruz luminosa no es solo un logro técnico. Es la coronación de una larga historia espiritual: la de un templo concebido como “anti‐Babel”, más bajo que las montañas que rodean la ciudad para proclamar que la obra del hombre está siempre por debajo de la de Dios. 

En esta conversación, Tarragona recorre las raíces históricas, simbólicas y personales de la torre de Jesucristo. Desde la bendición de la primera piedra por el cardenal Vidal i Barraquer hasta la cruz que se alza hoy como faro de luz sobre Barcelona. El papa León XIV bendecirá esta cruz en su visita a la ciudad el 10 de junio de 2026, coincidiendo con el centenario de la muerte de Gaudí.

Josep Maria Tarragona, historiador y biógrafo de Gaudí

-¿Por qué se celebra en Catalunya haber llegado al punto más alto en la construcción de un edificio?

-En primer lugar, felicitamos efusivamente al arquitecto Jordi Faulí, a su equipo de ingenieros y arquitectos, y a todos los que han colaborado: picapedreros, gruistas, etc.

Como es sabido, en Catalunya, cuando se alcanza el punto más alto de una construcción, se iza la bandera y se monta una fiesta fraternal. Gaudí y sus clientes vivieron esta tradición tan hermosa. Desde el cielo se habrá sumado a la celebración.

-La cruz de la torre de Jesucristo tiene una forma muy particular. ¿Por qué la cruz de la Sagrada Familia tiene cuatro brazos horizontales?

-Jordi Faulí se ha inspirado en las cruces realizadas personalmente por Gaudí, como la del Park Güell o la de Bellesguard.

La del Templo de la Sagrada Familia ha resultado una cruz muy gaudiniana, por su forma y por su geometría. Las cruces de cuatro brazos horizontales —cruces coptas— que Gaudí ponía en lo alto de sus edificios se ven como tales cruces desde cualquier ángulo y distancia.

Cruz de Bellesguard (1900) [Foto de Montserrat Clarasó]

Cruz del Park Güell (1904) [Foto de Miquel Codolar]

-Desde el punto de vista histórico, ¿qué representa culminar ahora esta torre central de la Sagrada Família?

-La última piedra de la nave de la Sagrada Família culmina una de las grandes apuestas del cardenal Francisco Vidal i Barraquer (Cambrils, Tarragona, 1868 – Friburgo, Suiza, 1943), conocido como el “cardenal de la paz” y fallecido en el exilio por su incansable labor pacificadora durante la Guerra Civil Española, en la que se negó a participar y por eso no firmó la Carta Colectiva del Episcopado de 1937.

Vidal i Barraquer bendijo solemnemente la primera piedra de la nave el 11 de diciembre de 1921, hace ciento cuatro años. Allí estaba, sosteniendo respetuosamente su sombrero ajado de artista bohemio en la mano, el gran arquitecto Antoni Gaudí. Tenía sesenta y nueve años, de los que había dedicado treinta y ocho a la Sagrada Familia Con ímpetu juvenil al principio, cuando se comprometió a construirla en diez años; más sosegadamente después; y de manera exclusiva desde hacía diez años, consciente de que no podría acabar su obra y la dejaría en manos de la Providencia. Solo había conseguido levantar la pared del ábside y casi una de las dos fachadas laterales.

Esquema de la primera piedra de la nave, de hormigón armado, concebida por Gaudí.

11 de diciembre de 1921: El cardenal Vidal i Barraquer bendice la primera piedra de la nave, con Gaudí presente.

Antoni Gaudí y el futuro cardenal Vidal i Barraquer en la Sagrada Familia (acuarela de Opisso, 1902).

-Gaudí pensó muy pronto en esta torre. ¿Cuándo la proyectó exactamente?

-Ya en el proyecto inicial, de 1891, cuando Antoni Gaudí contaba treinta y nueve años, la Sagrada Família tenía dieciocho campanarios: cuatro en cada una de las tres fachadas —los doce Apóstoles—, una más alta sobre el ábside —la Torre de David, título que se le da a la Virgen María en las letanías del rosario—, cuatro más elevadas en el cimborio —el Tetramorfo: los cuatro reinos de la Creación y, simultáneamente, los cuatro Evangelios— y la central y culminante de Jesucristo.

-Más allá de la arquitectura, ¿qué simbolismo teológico tiene el conjunto de la Sagrada Família y, en particular, esta torre de Jesucristo coronada por la cruz?

-El conjunto del Templo de la Sagrada Familia representa —como las grandes catedrales medievales y, de alguna manera, cada templo cristiano— la Jerusalén celestial. Gaudí se conocía de memoria el libro del Apocalipsis, en el cual el vidente escribe: “No vi en ella ningún templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella y el Cordero” (Ap 21, 22). Así, todo el edificio de la Sagrada Família se centra en la torre del Cordero —Jesucristo—, cuya cúpula interior es una representación del Dios del Universo.

Por eso, la Cruz contiene una representación del Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo.

-También la iluminación de la cruz es muy llamativa. ¿Tiene un valor simbólico especial?

-Es una cruz que emite rayos de luz. Durante el día, el trencadís reflectante que la recubre brilla con el sol. Durante la noche, potentes focos eléctricos alargarán sus cuatro brazos sobre las casas, los campos y el mar, manifestando plásticamente que Jesús es la Luz del Mundo (Jn 8, 12).

En este sentido, la torre de Jesucristo de la Sagrada Família era comparada con la Estatua de la Libertad, de 93 m de altura y regalada por la Francia de la Ilustración a la flamante nación de los Estados Unidos de América en 1886. Cinco años después, Josep Maria Bocabella, con su arquitecto Antoni Gaudí, proyectaban en el centro de Barcelona, una ciudad marítima, otro faro que también esparce luz, más potente y alto que el de Nueva York. Es visible desde muchas millas marinas, singularmente cuando los barcos naveguen hacia el puerto de Barcelona. En contraposición a aquel ídolo, este simboliza la libertad verdadera, la que nos trae la Cruz redentora.

-Las torres de la Sagrada Familia son muy originales. ¿En qué se inspiró Gaudí para concebir su forma?

-La forma general de las torres de la Sagrada Família es de paraboloide de revolución. No son campanarios románicos, góticos, renacentistas o barrocos. Gaudí se inspiró, como siempre, en su gran maestra, la naturaleza. Cogió un haz de espigas de trigo, las ató en una gavilla y las puso verticales. Así nació la forma de estas torres, que geométricamente es una evolución tridimensional del arco parabólico girando alrededor de su eje vertical. Arquitectónicamente, proceden del arte árabe del Magreb, singularmente de las construcciones populares que hay entre Alejandría y El Cairo.

-Con esta cruz, la Sagrada Familia se convierte en la iglesia más alta del mundo. ¿Qué quiso expresar Gaudí con esa altura concreta?

Interior de la torre de Jesucristo durante las obras, con la escalera y la estructura que sostiene la cruz a 172,5 metros de altura.

-Gaudí concibió la Sagrada Familia como un Montserrat urbano. La altura máxima de esta montaña artificial y espiritual es de 172,5 m, un poco menos que Montjuïc, la más baja de las montañas naturales que rodean el llano de Barcelona, según las mediciones de que disponían en la época, hoy más precisas. Técnicamente, podría haber sido el doble o el triple, sin ningún problema irresoluble para el gran maestro Gaudí. Autolimitarla fue una decisión tomada en lo más profundo del alma del artista, donde se desarrollaba el diálogo íntimo con su cliente, que a veces denominaba “el Amo de la obra”.

Gaudí pensaba que la arquitectura es la discípula y la naturaleza es la maestra. Sobre todo, quería expresar que la obra de un hombre, incluida la mayor del arquitecto más grande, es inferior a la obra de Dios, incluida la montaña más pequeña. Antoni Gaudí quería no ser Dios y proyectó la anti‑Babel. Aquella torre del Antiguo Testamento fue un reto de los hombres a Dios, autor del tiempo y del espacio, creador de la luz y de la vida. La torre de Gaudí es lo opuesto. Fue un acto de humildad del gran maestro arquitecto ante el Gran Arquitecto del Universo.

Josep Maria Bocabella, el laico fundador y promotor del Templo de la Sagrada Família. A su muerte en 1892, Gaudí hizo pintar este retrato póstumo. (Clapés)

Gaudí participa en el viacrucis por las calles alrededor de las obras de la Sagrada Família. Semana Santa de 1924, cuando él tenía 72 años.

-Usted ha impulsado la causa de beatificación de Gaudí. Desde esa perspectiva, ¿cómo refleja esta culminación la dimensión espiritual y misional de su vida y de su obra?

-El Templo de la Sagrada Familia es la exteriorización material del alma del hombre Antoni Gaudí. Lo corona esta cruz gigantesca porque Antoni Gaudí se santificó, como todos los santos y santas, asumiendo en su vida la Cruz de Jesucristo. A los cuarenta y dos años decidió libremente ser cristiano: llevar su cruz personal siguiendo a Jesús.

La de Gaudí fue sobre todo realizar su trabajo de artista con todos sus talentos, trabajo que él calificaba de “lacerante” y que dio frutos maravillosos que llenan de belleza las vidas de millones de personas.

Dios quiso bendecir el trabajo de Gaudí con la cruz desde que el Arzobispado de Barcelona desplazó a la familia Bocabella y asumió la propiedad del Templo. Echó a los laicos y puso a los canónigos a mandar. Gaudí quedó convertido en un empleado del Arzobispado y la primera consecuencia fue que no pudo ver acabado el Templo de la Sagrada Família durante su vida terrenal, tal como había pactado con el fundador, su cliente Josep Maria Bocabella.

Unos años después, el Arzobispado quiso echar a Gaudí y aprovechar la Fachada del Nacimiento para hacer una parroquia de barrio de cemento armado. Más tarde, el Arzobispado decidió paralizar definitivamente las obras y Gaudí, que ya había renunciado a sus honorarios, salió él mismo a la calle a mendigar el dinero necesario.

Cabe añadir a la cruz de Gaudí el reumatismo, la frustración de no encontrar esposa con quien formar una familia —él estaba muy inclinado al matrimonio y a los hijos— y el fortísimo carácter del Camp de Tarragona, sin el cual no habría podido hacer frente a las adversidades que padeció su Templo.

-En junio de 2026, el papa León XIV bendecirá la Torre de Jesús en la Sagrada Familia Desde su conocimiento de Gaudí y de la historia del templo, ¿qué alcance cree que tendrá este gesto pontificio para la Iglesia y para Barcelona?

-León XIV será el tercer papa que visita la Sagrada Familia. Juan Pablo II, en 1982, dijo desde la fachada del Nacimiento que este templo de la Sagrada Familia es una obra que no está aún terminada, pero tiene solidez desde un principio; recuerda y compendia otra construcción hecha con piedras vivas: la familia cristiana, célula humana esencial, donde la fe y el amor nacen y se cultivan sin cesar. Que la familia sea siempre entre vosotros auténtica “Iglesia doméstica”, lugar consagrado al diálogo con Dios Padre, escuela de seguimiento a Cristo por los caminos indicados en el Evangelio, fermento de convivencia y de virtudes sociales en estrecha comunión con el Espíritu que habita en nuestras almas. Benedicto XVI dedicó el edificio al culto en 2007. 

Recuerdo cómo, al abrir la puerta principal y contemplar por primera vez la nave, su cara se transformó, expresando la sorpresa maravillosa que tenía, él que era un hombre muy culto y había visitado todas las catedrales de Europa. Ambos papas vinieron de Montserrat, corazón espiritual de Catalunya. 

El Papa Francisco no pudo venir por diversas causas, pero él firmó el decreto de virtudes heroicas de Gaudí, al que la Iglesia desde entonces considera venerable. 

El papa León XVI repetirá el mismo itinerario espiritual: de Montserrat, donde está María, a la basílica en honor de su familia humana, formada por su hijo Jesús, ella misma y su esposo José. Para la Iglesia y para la humanidad, este gran santuario dedicado a la Sagrada Familia de Nazaret exalta las virtudes domésticas como camino de santidad para todos: esposos, esposas, madres, padres, hijos e hijas.

-Finalmente, con esta cruz, ¿cómo queda la Sagrada Família en comparación con otras grandes basílicas del mundo?

-El Templo de la Sagrada Familia sobrepasa en un 25% a San Pedro del Vaticano. El paraboloide de Antoni Gaudí es técnicamente superior y más bello —más perfecto, más divino, por estar más de acuerdo con las leyes con que el Creador construye la naturaleza—, y por tanto debe ser más alto que la cúpula de Michelangelo Buonarroti, símbolo de Roma, de la Cristiandad y de la Iglesia católica hasta la construcción del Templo de Gaudí.

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