Personas o papeles
Los papeles son necesarios para plasmar algo y que quede definitivamente acordado. Expresan el acuerdo y uno se remite a ellos para saber las directrices concretadas, incluso se firman, comprometiéndose a seguirlos. También en el ámbito de la evangelización, "los papeles" son importantes, es decir, los planes pastorales que marcan rumbos, señalan prioridades y se especifican los medios para lograrlos.
Los planes pastorales -nacionales, diocesanos u otros- coordinan de manera que se logren acciones comunes y por el esfuerzo aunado de todos, se avance en una misma dirección sin dispersión de fuerzas. Pero los planes pastorales, que son herramientas, no son ni la solución ni la panacea para la evangelización y para la vida pastoral de las parroquias, comunidades y movimientos. Son una guía, una orientación eficaz, pero por sí mismos y en sí mismos, de poco servirán si personas concretas, viviendo una experiencia absoluta de Jesucristo no los ponen en marcha. Además, como herramientas que son, hay que darles su justo valor. La solución no está siempre en cambiar los planes pastorales, con un afán de novedades, sino en centrarse por completo en Jesucristo. Las palabras del papa Juan Pablo II son rotundas:
Los programas pastorales los tenemos. Decimos permanentemente que hemos de entregarnos a una "nueva evangelización", pero no acabamos de echar a andar. La dificultad no se resuelve con reuniones, planes de trabajo, planes y revisiones, sino que el tema capital, el punto crucial, son las personas, los creyentes concretos y su experiencia personal de Jesucristo. La evangelización más que depender de planes pastorales, depende de testigos, es decir, cristianos que han interiorizado el Evangelio y ajustan su vida a Cristo; han vivido el amor de Dios y han ido respondiendo, creciendo en la Iglesia, sintiéndose hijos de la Iglesia. Testigos y creyentes, por tanto, que han dejado la mentalidad del mundo, y sin divisiones internas, han adquirido una mentalidad cristiana y un estilo cristiano de vivir.
Para evangelizar, más que planes pastorales o libros didácticos de catequesis, lo necesario es contar con personas que han realizado una experiencia creyente muy profunda y asimilada en el seno de la Iglesia. La primera tarea real y concreta para nuestras parroquias y comunidades es formar un laicado, incluso aunque no sea muy numeroso, compacto, con doctrina clara y sólida, intensa vida espiritual y estilo de vida cristiana. Se impone el binomio "formación - oración" en el interior de la misma Iglesia para luego salir y evangelizar eficaz y realmente. Los evangelizadores serán los que viviendo en la Iglesia, han tenido la oportunidad de un encuentro real con Cristo que los ha cambiado; entonces con un horizonte nuevo de vida, serán evangelizadores:
La creación de un laicado así, fruto del encuentro con Cristo, es la premisa fundamental para la nueva evangelización antes que la preocupación de libros, materiales didácticos y planes. Esto cambiaría, desde luego, el rostro de nuestras parroquias y asociaciones estableciendo estas nuevas prioridades, poniendo el acento en las realidades formativas y en la vida espiritual, revisando las muchas acciones pastorales que se mantienen aunque tengan poco sentido o poca utilidad.
Los evangelizadores, más que los libros y programaciones pastorales, son los que lograrán evangelizar, porque sólo quienes tengan un verdadero anhelo de santidad podrán evangelizar proque el verdadero misionero, el auténtico evangelizador, es el santo: