Las emergencias educativas
Varios discursos de Benedicto XVI abordan un tema muy querido para él, acuñando incluso una expresión propia, "la emergencia educativa". Es uno de los problemas de hoy.
La educación es una transmisión completa del saber que, a la vez, es formativa, posibilitando el crecimiento completo y armónico de la persona, su desarrollo personal y su vocación. Sin embargo, la educación se ve relegada al aula y, a la vez, concretada en unos conocimientos técnicos, muy poco humanísticos. La persona no es educada, sino informada y llenada de nociones, con muy pocos saberes y menos virtudes. La abdicación general de los padres sobre la educación de los hijos dificulta aún más la situación, pues conciben la educación como algo que le corresponde al colegio según las pautas de papá-Estado. Por supuesto, salvadas las excepciones. La educación es tarea hermosísima y humanísima que se ha de asumir con paciencia y esperanza, con visión de futuro, modelando a la persona sin reducirla a los conceptos de unas asignaturas. En la Iglesia, los padres hallan (deben hallar) el impulso y el acompañamiento de todos para educar a sus hijos, ayudas concretas, consejo y aliento. También los maestros y docentes pueden encontrar luz y respaldo en la Iglesia en su vocación a la enseñanza y al mundo de la educación. Pero la Iglesia misma es una gran educadora que debe tener presente los rasgos necesarios que hay que imprimir y desarrollar en la persona para que responde a su vocación personal. El Papa plantea unas pistas para esta emergencia educativa:
Estas son perspectivas necesariamente asumibles para todo educador y para toda acción educativa en la Iglesia.