Religión en Libertad

FIDES ET RATIO

Alfonso V. Carrascosa

Científico católico

Iglesia y Edad de Plata: la fundación de la JAE

Pocos saben que al fundarse la JAE el estado español era confesional católico, y que muchos de sus vocales eran católicos fervientes

Arbor Scientiae emblema de la JAE y del CSIC

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Hablar de la Edad de Plata se ha convertido para algunos en una especie de deporte que no persigue otro fin que no sea el de la apropiación ideológica indebida de todo lo bueno que ocurrió durante esa etapa de la historia contemporánea española que más o menos transcurre entre 1898 y 1936. Me refiero al modo de narrar lo sucedido de la historiografía atea que alimenta las ideologías que se dicen herederas del Frente Popular. Esta historiografía para la que Dios no existe, ha construido un discurso repetido cual mantra ad nauseam , carente de base científica por incompleto: en historia no es científico lo parcial, lo troquelado ideológicamente para que encaje lo que no pega ni con cola, que es lo que le pasa a la historia de la ciencia española contemporánea sin ir más lejos. El primer elemento que demuestra dicha afirmación es el de decir que todo lo bueno que ocurrió en el primer tercio del siglo XX español, hasta 1936, tuvo su origen en la actividad de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), ínfima parte del Regeneracionismo que ni mucho menos capitaneó. Esto es un ejemplo cristalino de cómo se toma la parte por el todo: el Regeneracionismo, fundado por insignes figuras próximas al catolicismo, amparó bajo sus auspicios e ideario a todas las corrientes de pensamiento existentes en los finales del siglo XIX, entre las cuales por cierto no estaban las ideologías ateas que confluyeron con el tiempo en el Frente Popular de tan desgraciada memoria, y sí la Iglesia Católica, con importantes miembros de sus filas. El mito de que el truño del krausismo –originario de Alemania, donde no le hicieron ningún caso, y que sólo triunfó muy reducidamente en España- dirigió los destinos de España en esta etapa es por suerte falso y otro de los disparates historiográficos que se repiten y repiten con el único fin de hacer creíble lo que no puede demostrarse si nos atenemos a la totalidad de lo sucedido, que es lo que debe hacerse si se pretende desarrollar investigación científica en historia, atender a todo lo que pasó y no referirse sólo a una mínima parte, y en la inmensa parte de lo que sucedió la Iglesia Católica estuvo presente bien como institución, bien a través de sus miembros, siendo a teste respecto la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) un ejemplo cristalino de ello.

La JAE fue una hija temprana del Regeneracionismo -y no tardía de la ILE, como diría el Dr. Cacho del Opus Dei-indiscutiblemente católico en sus orígenes y desarrollo, y surgió como instrumento para mejorar tanto el nivel educativo de la población como la ciencia española. Dicho ha quedado que la fundación de la JAE se llevó a cabo bajo la monarquía parlamentaria confesional católica de Alfonso XIII. Sea cual fuere el grado de catolicismo del comportamiento de Alfonso XIII, lo cierto es que paró los piés al ateísmo masón cuando este fue a visitarlo para exigirle que dejara el poder tras consagrar España al Sagrado Corazón  nuevamente la parte se quería imponer al todo. Luis Simarro, que fue profesor de Cajal, sería reprobado por éste por haber ido en nombre de la masonería a amenazar a Alfonso XIII, del cual era fiel seguidor, ya que formaba parte de la mencionada comitiva: ignoramos si se presentó a la reunión con el mandilito característico.

En el Real Decreto fundacional de la JAE, firmado por Alfonso XIII, se recogía el interés por su puesta en marcha y por lo que inspiraba la misma:

“Y sin embargo, no falta entre nosotros gloriosa tradición en esta materia. La comunicación con moros y judíos y la mantenida en plena Edad Media con Francia, Italia y Oriente; la venida de los monjes de Cluny; la visita a las Universidades de Bolonia, París, Montpellier y Tolosa; los premios y estímulos ofrecidos a los clérigos por los Cabildos para ir a estudiar al extranjero, y la fundación del Colegio de San Clemente en Bolonia, son testimonio de la relación que en tiempos remotos mantuvimos con la cultura universal. La labor intelectual de los reinados de Carlos III y Carlos IV, que produjo la mayor parte de nuestros actuales centros de cultura, tuvo como punto de partida la terminación del aislamiento en que antes habíamos caído, olvidando nuestra tradición envidiable, y restableció la comunicación con la ciencia europea que, interrumpida luego por diversas causas, no conserva ahora sino manifestaciones aisladas, como las pensiones para viajes concedidas a los becarios de Salamanca y el Colegio de Bolonia”. (Gaceta de Madrid Año CCXLVI Num. 15, Martes 15 de enero de 1907, Tomo I.- Pág. 165-167)

Como no hay aquí lugar (por la extensión) para hacer mínima justicia a la promoción del conocimiento llevada a cabo por los Monjes de Cluny, que menos que comentar brevemente que los cabildos eran instituciones católicas, compuestas por presbíteros en torno al obispo, físicamente localizadas en las catedrales, teniendo además de litúrgicas, tenían tareas docentes y benéficas, dando formación académica a los sacerdotes y a quien no tenía medios económicos. Se practicaba el envío al extranjero de estudiantes para ampliar conocimientos e idiomas, o la invitación de profesores foráneos, mediante un sistema de pensiones económicas. De los cabildos se originaron en el siglo XIII a los Studium generale, abiertos a alumnos de cualquier comarca o nacionalidad. Éstos, poco a poco, pasaron a denominarse Universidad, siendo desarrolladas y amparadas por la Iglesias católica. Las primeras fueron la Universidad Bolonia (1158), la de París (1200), la de Oxford (1214), la de Cambridge (1318)... En total, a lo largo de los siglos XIII y XIV los papas fundaron 29 universidades. Todas las universidades mencionadas en el decreto de la JAE las fundó la Iglesia Católica. Y el Colegio de San Clemente, al que hace referencia el Real Decreto de la fundación de la JAE , fue fundado en 1364 en Bolonia por el cardenal don Gil de Albornoz, para que jóvenes españoles se formasen en la Universidad de Bolonia, y sigue funcionando todavía. Todo lo referido como inspiración para la fundación de la JAE era exclusivamente católico, apostólico y romano.

Tiempo habrá en sucesivas entregas de hablar de las fervientes creencias católicas de los vocales fundacionales de la JAE, pero si quiera decir como adelanto que he conseguido demostrar que las tuvieron la mayoría de ellos, entre otros  su presidente Santiago Ramón y Cajal, Marcelino Menéndez Pelayo, Joaquín Sorolla, Joaquín Costa, Ramón Menéndez Pidal, José Casares Gil, Julián Rivera Tarragó, Leonardo de Torres Quevedo, José Marvá, y Victoriano Fernández Ascarza. También tendremos ocasión de hablar de cómo la brutalidad del ateísmo del Ejército bolchevique del Frente Popular asesinó a miembros de la JAE, aunque por suerte algunos lo evitaran huyendo, entre ellos el secretario fundador de la misma, José Castillejo Duarte: la persecución a los científicos en Madrid fue la principal causa del exilio de lo más granado de la ciencia de la época, y que por suerte acabaría volviendo. ¡Que los ateos nos hayan colao que la Edad de Plata era atea tiene guasa!

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