Viernes, 22 de marzo de 2019

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Es domingo: Contemplar y Vivir el Evangelio

Es domingo: Contemplar y Vivir el Evangelio
 
6º Domingo de Pascua
 
[Seguimos en Pascua. ¡Feliz Pascua de Resurrección! ¡Aleluya! El Evangelio que hoy contemplamos es continuación de aquel del domingo pasado. Allí pedía Jesús a sus discípulos que permanecieron unidos a él como el sarmiento a la vid; en este concreta un poco más lo que eso significa. La unión entre Jesús y el creyente, a imagen de aquella que existe entre Él mismo y el Padre, es una comunión fundamentada en el amor y ha de expresarse en el cumplimiento del mandamiento nuevo. Esta relación, calificada por Jesús como “amistad”, es fuente de alegría y de buenos frutos. ¡Aleluya!]
 
Si te ayuda, puedes empezar así: -Estás, Señor… -Estoy, Señor… Acojo tu Presencia y deseo y quiero tener contigo una relación personal íntima, de auténtico amigo y discípulo tuyo… Aquí estoy, Señor… Quiero permanecer unido a ti…
                          
Del Evangelio de san Juan 15, 917 (Es mejor tener el texto a mano y leerlo ahora).
 
  • Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
 
-Contempla sereno y sin prisas a Jesús rodeado de sus discípulos. Les dice palabras solemnes, testamentarias. Se repiten palabras del domingo anterior (“permanecer”; “dar fruto”) pero se añaden otras nuevas: (“amar”, “amor”, “mandamientos”). Jesús, y el evangelista después, intentan lo mismo: describir los rasgos del verdadero discípulo. Dios mío, ¿cómo no me va a interesar esto? Grábalas, Señor, a fuego en mis oídos para que vayan penetrando hasta mi corazón de pobre discípulo, y lo hagan arder como el tuyo, Maestro y Señor mío. ¿Que me amas como el Padre a ti, Jesús? No me lo puedo creer; pero si tú me lo aseguras  así, con tanta rotundidad, pues sí. ¿Y que yo puedo tenerlo y permanecer en ese amor también? ¿Pero qué locura es esta, Jesús? Sencillamente una locura de amor. Me callo.  Con humildad acojo. Y adoro…
-Permanecer unidos a Jesús y dar fruto son dos rasgos del discípulo, más aclarados ahora en este texto de hoy, cómo se van adquiriendo: para permanecer unidos a Jesús hay que permanecer acogiendo su amor y amándole a la vez. Así de claro. Fíjate, si repasas todas las veces que aparecen las palabras amar o amor en todo este pasaje evangélico, entenderás mucho mejor el tipo de relación que Jesús quiere establecer con sus discípulos, y ellos con Él. Pregúntate: ¿De qué tipo de amor se trata? ¿De dónde procede ese amor? ¿Cuál es su máxima expresión? ¡Pregúntate y escucha! Repasa el texto…
-El fruto primero de este amor es -dice Jesús- que mi alegría esté en vosotros, y además, que llegue a plenitud. Cuanto te falte la alegría de Jesús, -no la bullanguera y televisiva alegría-, es clara señal de que el amor no es tu riqueza, que tienes otros amores efímeros y mundanos, que tu corazón está estresado y dolorido. Vamos, que no estás amando al modo de Jesús, sino al tuyo propio interesado y caprichoso. Jesús quiere, además, que su alegría en nosotros llegue a su plenitud. Lo que ocurrirá siempre que amemos  como el nos ha amado: hasta el extremo. ¿Qué alegría es la que yo tengo? ¿Cómo la calificaría? Cómo decirte, Señor, ¿es posible esa alegría? Es que…, Verás…, Mis alegrías no sé como son… Pues la alegría de Jesús es otro de los rasgos inequívocos de sus discípulos. ¡Por eso que no te sientes tan en forma discipular!
 
  • Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amos más gran que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
 
-Contempla a Jesús mirándote y diciéndote estas palabras ahora a ti…  Además, ten muy en cuenta que Jesús quiere que sus seguidores, tú y yo, participen de sus motivaciones más profundas y hagan la misma experiencia de amor y de obediencia que le ha vinculado a Él tan estrechamente con el Padre. Por eso y para eso, Jesús pide a los discípulos que cumplan sus mandamientos, que se reducen a uno solo y cuyo contenido aparece enunciado dos veces en el texto, lo cual indica su importancia. Haz resonar en tu corazón ese mandamiento con las mismas palabras de Jesús… que os améis unos a otros como yo os he amado. ¿Cómo te suena? ¿Qué percibes o qué sientes? ¿Te das cuenta? De verdad, ¿no será ese el fruto que debes dar en abundancia si permaneces unido a Jesús? ¿Lo está dando tu vida de discípulo misionero suyo?
-Otros términos que Jesús utiliza para señalar cómo Él les valora: amigos y no siervosAmigos, si guardan su mandamiento y porque no tiene secretos para ellos: es todo amor sin secretos ni reservas, a corazón abierto del todo. Como son el Padre y el Hijo. ¡Es algo enorme, sublime! ¿Caeré en la cuenta? Has de rumiarlo mucho más dentro de tu corazón. Y no siervos, porque ellos saben quién es y que hace siempre su Señor y Maestro: amarlos y salvarlos para enviarlos; amarme y salvarme para enviarme a ser su testigo. ¿Me entero de algo? ¿Me dice algo este nuevo modo de amistad sin esclavitud alguna que Jesús me regala? Rumio, contemplo, doy gracias e intento ser amigo de Jesús…
 
  • No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os ha elegido y os ha destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca…Esto os mando: que os améis unos a otros.
 
-Contempla a Jesús releyendo despacito estas rotundas palabras suyas… Entiendes, ¿verdad? Si no, vuelve a releerlas mientras le miras a Jesús a los ojos…
Pues bien: sentirse amigos de Jesús y no siervos, ¿te sientes tú así?; amados desde el corazón de Dios, ¿lo crees de verdad?; elegidos por él sin méritos propios, ¿eres consciente de ello?; enviados a dar un fruto que dure, ¿los estás produciendo en tu misión?... Todo esto debería hacernos enfocar nuestra relación y vinculación con Él de un modo nuevo. ¿No te parece lo más sensato y razonable? Sea como sea, cada día hay que empezar por aquí: Esto os mando: que os améis unos a otros.
 
Cada día, sí. Todos los días sin esperar a mañana. Y todos los días de la semana sin esperar a la siguiente. ¿Te animas? Tu amistad y fecundidad con Jesús aumentará.
 
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