Martes, 20 de agosto de 2019

Religión en Libertad

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¡Santiago Apóstol, protégenos y ayúdanos!

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¿Qué relación tiene el apóstol Santiago, el primero en derramar la sangre por fidelidad a Jesucristo (Hch 12, 2), con España del que es Patrono? No solo de este país, sino de tantas villas y ciudades de Perú, Argentina, Panamá, Chile, México, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Colombia, Costa Rica, Cuba, Guatemala, Honduras, Venezuela, República Dominicana, Puerto Rico[1] que también lo honran por patrono.

A la luz de la teología de la historia intentaremos dar una respuesta, para que ayude a invocar con verdadera fe y confianza a tan gran Apóstol de Jesucristo, pues de nuevo necesitamos su ayuda. Pues no son pocos los musulmanes que creen que ha llegado el tiempo oportuno para retornar el Al-Andalus (la Penísula Ibérica) bajo el dominio político-religioso del islam (Dar al islam).

La estrategia para que ello acontezca ya ha sido diseñada hace siglos, pero esta  se adapta a cada momento histórico. La estrategia actual para Europa la reveló un notable turco en un encuentro interreligioso, y fue comunicado al Sínodo para Europa de 1999 por Mons. Bernardini, Arzobispo de Esmirna. Esta personalidad religiosa turca  dijo: «Gracias a vuestras leyes democráticas os invadiremos, gracias a nuestras leyes religiosas os dominaremos» (L'Osservatore Romano, 44, 29-X-1999, 611).

Para que ello no acontezca ni en España ni en ningún país de Europa, debemos realizar lo que hicieron nuestros antepasados, invocar la ayuda del cielo. Ante todo suplicar la ayuda y protección de la Virgen María y de Santiago Apóstol, junto con la de los mártires y santos, para que ellos alcancen gracia de Dios Trinidad, de modo que toda la sociedad, pero de un modo particular los que tienen autoridad, reciban luz y fortaleza para superar el reto de la islamización con el mínimo sufrimiento humano posible, y  toda Europa se renueve y se regenere desde sus raíces cristianas. 

A lo largo de este artículo se podrá constatar la cascada de gracias que el cielo concedió a los habitantes de la Península Ibérica después de que invocaran la ayuda de Santiago Apóstol. La liturgia nos enseña cómo dar gracias a Dios por ello e invocar en todo momento la protección y ayuda de Santiago Apóstol.  

 

  1. El inicio de la Reconquista y la ayuda de la Virgen

 

 La marea conquistadora de los ejércitos islámicos encontró la primera oposición verdaderamente importante en las regiones montañosas del norte de la Península. Los cantabros-astures y vascones, que habían siempre luchado por su independencia respecto al dominio romano y visigótico, y «con su independencia habían conservado un régimen social antagónico al de los visigodos, donde los hombres libres eran mayoría y las diferencias de clase eran mínimas, tenían poderosos motivos para continuar defendiendo la libertad».[2]

Los astures eligieron a Pelayo como caudillo. En defensa de su libertad se opusieron al islam, después de varios encuentros con las tropas islámicas, se refugiaron en la cueva de Santa María. Dice la Crónica Silense, escrita por un monje de Silos en el siglo XII, «Pelayo y todos los que estaban con él estaban, aterrados por tantos enemigos; no cesaban de suplicar día y noche a la Virgen María».[3]

Estos pocos guerreros consiguieron una clara victoria respecto al ejército islámico mucho más poderoso. Les fueron favorable lo agreste del lugar y otros fenómenos de la naturaleza. Ante el desaliento de los musulmanes que acabaron huyendo, crecía el ánimo de los cristianos y se vigorizaba su fe y les alentaba la idea de que Dios -por intercesión de la Virgen María a quien tanto habían invocado- peleaba por ellos. Ello acontecía en el año 722.

 

2. La protección del Apóstol Santiago

 

En los inicios de la Reconquista, se vivieron momentos extremadamente difíciles. Cuando el islam amenazaba con devorar al pequeño reino asturiano-gallego, los cristianos españoles necesitaban un protector. ¿Y quién mejor que el apóstol Santiago que les había traído la fe cristiana?, según había leído el Beato de Liébana  en el Breviarium apostolorum. El Beato se dirigió al apóstol Santiago, y compuso el himno “O Dei Verbum”, para la festividad de Santiago, que enseguida se incorporó a la liturgia mozárabe y se hizo popular, cuyos versos traducidos dicen:

«Oh muy digno y muy santo apóstol,

dorada cabeza refulgente de Hispania,

sé nuestro protector y natural patrono

evitando la peste, sé nuestra salud celeste».[4]

 Gracias al Beato de Liébana empezó a difundirse la devoción a Santiago apóstol como protector de la España cristiana. Es entonces cuando asciende al trono Alfonso II el Casto (793-842), quien con su tenacidad, su valor, su vida ejemplar y su fe ardiente, logró superar la crisis político-militar del reino astur, derrotando a los sarracenos en repetidas batallas. Fue en medio de esta atmósfera de victoria, cuando una oleada de gratitud y devoción invadía a las muchedumbres, que empieza a correr una noticia extraña: allá, en una extremidad del reino, en una pequeña iglesia, cerca del mar de Galicia, se conservan las reliquias del gran apóstol, del patrono vencedor.[5] 

Siendo obispo de Iría Flavio Teodomiro, entre los años 820-830, en un bosquecito, en medio de señales luminosas, se descubrió un monumento sepulcral muy antiguo con tres cuerpos, que se supuso que eran de Santiago el Mayor y de dos discípulos suyos. Alfonso II el Casto, al tener conocimiento de ello, mandó construir en aquel lugar, denominado Campus Stellae, que originará el término Compostela,  una iglesia en honor del apóstol Santiago.  Muy pronto la noticia se extiende por toda la Europa cristiana y los peregrinos comenzaron a peregrinar al lugar del sepulcro.

La fe en la protección del apóstol Santiago fue creciendo y afianzándose. El rey Ramiro I de León (843-850), después de haberse negado a dar el tributo de las cien doncellas, se vio en un verdadero aprieto, por ello invocó al apóstol Santiago, el cual apareciéndosele en sueños, le confortó así:

 «Sepas que Nuestro Señor Jesucristo, partió a todos los otros apóstoles, mios hermanos, et a mí, todas otras provincias de la tierra, et a mi solo dio Espanna que guardase et la amparasse de manos de los enemigos de la fe… Et por que non dubdedes nada de esto que yo te digo, veer medes cras andar y en la lid, en un caballo blanco, con una senna blanca et grand espada reluciente en la mano. Et vos luego por la gran mañana confessarvos hedes… Et pues que esto hobiéredes fecho, non dubdedes nada de ir ferir en la hueste de los bárbaros, llamando a ¡Dios, ayuda et Sant Yague!»[6]

 Esta leyenda, glosada por Alfonso X el Sabio, tiene un fondo verdadero, ya que los españoles experimentaron la protección del apóstol Santiago en la lucha contra el dominio del islam.

El apóstol Santiago sería invocado como patrón potentísimo. En las batallas contra los mahometanos se entrará en combate al grito de: «¡Ayúdanos, Dios y Santiago!», «¡Santiago, y cierra España!». Se extendía la persuasión de que el Apóstol intervenía en las luchas a favor de los combatientes cristianos. Diversos reyes castellanos consideraban que las victorias sobre las tropas mahometanas eran debidas a la intercesión del apóstol Santiago. El rey Ramiro II de León, en el año 939, después de haber rezado en el santuario compostelano, ganó la batalla a los musulmanes en las cercanías de Simancas.[7] También se atribuyó a su intercesión propiciar una apabullante victoria en la batalla de Clavijo.[8]

En señal de gratitud por la protección del Apóstol, ya «antes del siglo XI, los territorios liberados de los moros, desde el Pisuerga al Océano, comenzaron a pagar al santuario de Compostela el llamado Voto de Santiago».[9]

Cuando Al-Mansur sembró la ruina y sangre por toda la Península. San Pedro de Mezonzo, obispo de Santiago de Compostela, en vez del camino de la fuga, cogió el camino del altar de la Virgen. Confiando en la poderosa intercesión de la Virgen María, la saludó con la Salve, invocándola como vida, dulzura y esperanza nuestra. Su esperanza no se vio defraudada, si bien las tropas de Al-Mansur llegaron a incendiar en 997 la misma basílica del Apóstol en Compostela, no se profanó su sepultura. Ben Idhri, justificó esta acción porque «La iglesia de Santiago es para los cristianos como la Qaaba para nosotros, lo invocan en sus juramentos y van a ella en peregrinación desde los países más distantes».[10]

Ante tanta ruina, asesinatos y esclavos que dejaban por doquier las tropas de Al-Mansur, los cristianos se dirigieron a su gran Apóstol para invocar su protección ante tales peligros. El hecho de que el sepulcro de Santiago se salvara de la destrucción  en el año 997, no hizo más que acrecentar  la devoción de sus fieles y la confianza en el poder de su ayuda.[11] A partir de entonces, el dominio musulmán empieza a entrar en clara decadencia, y pierde la unidad política, convirtiéndose en un reino de Taifas. De este modo se facilitó la empresa reconquistadora. 

La ayuda del cielo que se experimentó en los albores de la Reconquista, por parte del Apóstol Santiago y de la Virgen María cuando estos fueron invocados, su intercesión poderosa acompañaría a los cristianos en todas sus vicisitudes hasta el fin de la Reconquista. De ello tenemos el testimonio personal del rey san Fernando, el conquistador de Andalucía, que llevaba en su cabalgadura la imagen de la Virgen de las batallas, y que dejó en Sevilla la imagen de la Virgen de las Victorias, venerada en la catedral de Sevilla. Experimentó siempre la ayuda del apóstol Santiago del que se consideraba alférez. Lo mismo Jaime I: en cada ciudad que conquistaba hacía levantar un altar en honor a la Virgen. Su valor y su constancia en la lucha contra el islam, los debía al apóstol san Jaime, cuyo nombre llevaba, el que la Providencia divina quiso que tuviera.[12]

Si los reyes que más victorias consiguieron sobre el islam eran conscientes que debían su ayuda a la poderosa intercesión ante Dios de la Virgen María y del apóstol san Jaime o Santiago, también eran conscientes de ello los españoles, que los reconocieron  y los honraron como patronos.

Hasta el día de hoy se sigue haciendo una ofrenda simbólica al apóstol Santiago, como expresión de gratitud de tantos beneficios alcanzados de Dios.[13] Escribirá M. Carceller: «Sin duda la devoción hispánica a Santiago y el vínculo de las peregrinaciones contribuyeron a preservar a España de la absorción mahometana durante la convivencia de ocho siglos, mientras otras cristiandades de África y Oriente se extinguían o se debilitaban mortalmente».[14]

A la luz de la teología de la historia, podemos concluir que España de ningún modo se hubiera podido liberar del dominio del islam, si no hubiera existido la fe cristiana, que unificaba a gentes de todas las clases sociales en la lucha, para recuperar su tierra para Cristo. En esta lucha desigual, no se sintieron solos, experimentaban la ayuda del cielo, ante todo a través de la protección poderosa de la Virgen María y del Apóstol Santiago. Escribirá Udina «Sin la Iglesia, no se pueden entender […] las coyunturas sociales y espirituales de la llamada reconquista».[15]

 

 3. El Camino de Santiago y la construcción de Europa

 

Los cristianos de Hispania  además de experimentar en la lucha contra el islam la ayuda del Apóstol Santiago el Mayor, las peregrinaciones a Santiago de Compostela  sacaron los territorios hispanos del aislamiento, y los vincularon al resto de Europa, ya que de todas partes del continente europeo acudirán  peregrinos a Compostela a venerar la tumba del Apóstol, fueran éstos ricos o pobres, mujeres o hombres, bravos caballeros o plebeyos.

A orillas del camino de Santiago los monjes benedictinos  construyeron la primera red asistencial europea. Levantaron  conventos, hospederías y hospitales en la ruta de los peregrinos. Hubo personas que consagraron su vida a facilitar su hospedaje, entre ellos san Juan Ortega y santo Domingo de la Calzada. Éste último edificó un hospital, construyó caminos nuevos, arregló viejas calzadas, incluso levantó un puente sobre el río Oja.[16]

Para proteger a los peregrinos se desarrolló durante el siglo XII un verdadero derecho internacional europeo. «El derecho canónico y el civil los protegían del arresto arbitrario, de la violencia y de la explotación económica, bajo penas de excomunión. El asesinato de un peregrino era castigado más severamente que los demás. Diversas normas garantizaban los bienes del peregrino en su ausencia».[17] Una de las misiones de la Orden militar de Santiago, era proteger a los peregrinos. En ninguna parte el peregrino era considerado extranjero.  Y de esta manera, se creaba una solidaridad que llevaba a una conciencia de comunidad entre los europeos del momento».[18] Existían auténticas guías que indicaban pormenorizadamente las rutas, los lugares piadosos que se debían visitar. Entre ellos había el Líber Calixtinus, redactado por un monje benedictino, donde había los caminos que debían seguir los peregrinos. Estos, de retorno, recordaban los milagros obrados por el Santo Apóstol, lo cual promovía que muchos otros peregrinaran a Santiago de Compostela. Uno de los grandes impulsores del camino de Santiago fue el obispo Gelmírez, bajo el cual adquirió entonces envergadura europea e internacional.

Durante siglos a través del Camino de Santiago, muchedumbres ingentes lo recorrieron, dando lugar a contactos y relaciones entre pueblos, que de otro modo jamás se hubieran producido. «Gente de todas las tierras acudía a Santiago, y trajeron a España ideas, formas científicas, literarias y artísticas, y por este cauce salen más allá de sus fronteras ideas y formas españolas».[19] Junto a las rutas de peregrinación se crearon albergues y hospitales, floreció la vida mercantil, surgieron barrios de comerciantes y artesanos.

Ante todo el interrumpido afluir de peregrinos europeos hacia España, fue el vínculo de unión más eficaz entre la Península Ibérica  y el resto de la cristiandad. España empeñada en la larga y fatigosa tarea de la Reconquista, hubiera permanecido fuera de la evolución cultural de Europa, a no ser por las peregrinaciones hacia Santiago.  «Por esas vías penetraron modas y géneros de vida, estilos artísticos e influencias literarias. La fe y el entusiasmo de los peregrinos medievales trascendieron a todos los órdenes de la vida de entonces y fueron un factor dinamizante, que contribuyó poderosamente al avance de la historia».[20]

A través de este Camino hubo no sólo un intercambio cultural sin precedentes en la historia de Europa. Sino que como señala Luis J. F. Frontela:

Esta amplia red de caminos, interrelacionados entre sí, creó entre los peregrinos que la transitaba la conciencia de pertenencia a una misma comunidad religiosa, política y cultural, la Cristiandad, que se caracterizaba por tener una misma fe, […] que se traduce en un estilo de vida que tienen en el amor, la caridad evangélica, la clave de la existencia humana, […] una misma liturgia como forma de expresar esa fe, unos parecidos instrumentos jurídicos, un mismo arte, el románico y el gótico, elementos que le diferencia del mundo bizantino e islámico. La peregrinación a Compostela creó un camino que permitió la libre circulación de las personas rompiendo el carácter cerrado y autárquico de la sociedad feudal. […] El Camino ayudó a desarrollar instituciones que hicieron posible esta pertenencia. La hospitalidad, la libertad de paso, la defensa de la frontera siempre amenazada. […] En este sentido el Camino, sin dejar de ser una ruta sagrada y trascendiendo el hecho devocional hacia el Apóstol, se convirtió en lazo de unión, por encima de fronteras y reinos, de los distintos pueblos que formaban la cristiandad medieval, entendida como unidad de fe y de cultura».[21]  

 Santiago de Compostela se convirtió en el lugar de peregrinación de la Europa cristiana por excelencia. A partir del siglo XI los santuarios y las reliquias que se encontraban dispersos por la geografía europea pierden su autonomía, convirtiéndose en simples etapas en el largo camino que llevaba a la tumba de Santiago de Compostela. Colaboró en la configuración de Europa, de tal modo que ha sido declarado por la UNESCO «el primer patrimonio cultural europeo». Incluso se ha llegado a decir que «Europa se hizo caminando a Compostela». El historiador e investigador hispano-francés Luis Español escribió: «España y Europa se han constituido alrededor del Camino de Santiago».

 

 4. La liturgia de Santiago Apóstol

 

La Liturgia de las Horas de la solemnidad de Santiago Apóstol, es un cántico de acción de gracias al Padre por habernos dado tan gran Patrono a España. “Padre santo, tú que dispusiste que nuestra nación fuera protegida por el apóstol Santiago, concede a cuantos en ella moran ser fieles a su mensaje evangélico” (preces I Vísperas); “¡Oh feliz pueblo de España, protegido por un tal patrono! Por ti el Poderoso ha hecho obras grandes! (Ant. Magníficat II Vísperas); “Astro brillante de España, apóstol Santiago, tu cuerpo descansa en la paz, tu gloria pervive entre nosotros. Aleluya” (Ant. Magnífica I Vísperas); “Dios todopoderoso y eterno, que consagraste los primeros trabajos de los apóstoles con la sangre de Santiago, haz que, por su martirio, sea fortalecida tu Iglesia y, por su patrocinio España se mantenga fiel a Cristo hasta el final de los tiempos” (Oración final).

La gran basílica edificada en honor al apóstol Santiago en Compostela es un signo preclaro de que sin la ayuda del cielo, ante todo la intercesión poderosa de la Virgen María y de Santiago apóstol, que experimentaron los cristianos españoles en su lucha para quitar todo dominio político al islam, hoy no existiría cristianismo en España o sería una presencia residual como todos los países bajo el dominio del islam.

Por ello el presbítero en la oración de las ofrendas de la misa de Santiago Apóstol puede decir con toda verdad: “Porque Santiago, testigo predilecto (…) con su guía y patrocinio se conserva la fe en los pueblos de España y se dilata por toda la tierra” y todos podemos suplicar con él al Padre “te pedimos que sigas protegiéndonos siempre con la poderosa intercesión de Santiago Apóstol” (oración después de la comunión).

No dejemos de invocar a Santiago Apóstol en todas las vicisitudes de nuestra vida, pues es un poderoso protector de todos los que lo invocan con fe y de todos los que están bajo su patrocinio. Supliquémosle ante todo que la fe católica no solo se perpetúe en España y en tantas naciones Hispano americanas que lo tienen por patrono, sino también que “esta fe se dilate y se purifique sin cesar” (preces de Laudes).

 

Notas

[1] Cf. https://es.wikipedia.org/wiki/Santiago_el_Mayor

[2] Citado por J. Fernández Conde, “La Iglesia en el Reino Astur-Leonés” en Ricardo García Villoslada (dir) Historia de la Iglesia en España, II-1º, (Col. BAC Maior  17), Madrid, BAC 1979, 64- 83 (65).

[3] Citado por Florentino Fernández Álvarez, Guía para visitar los santuarios marianos de Asturias, Madrid: Ed. Encuentro 1990, 59.

[4] Ramón Izquierdo, Los caminos a Compostela. El arte de la peregrinación, Ed. Encuentro 2003, 14. 

[5] Según la tesis del P. Justo Pérez de Urbel, las reliquias de Santiago Apóstol junto con otras reliquias se veneraban en la ciudad de Mérida. Con la invasión musulmana, sabemos por las crónicas que muchos obispos, clérigos y monjes se trasladaron al norte de la Península. Se sabe que algunos de la ciudad de Mérida huyeron hasta Galicia, trayéndose las reliquias, entre ellas las de su paisana santa Eulalia, y en el puerto de Iria Flavia, levantarían un santuario a la Virgen María, en recuerdo del que se habían visto obligados a abandonar. Cf. B. Llorca, R. García Villoslada, P. Leturia, Montalban, Historia de la Iglesia católica, vol. II, Madrid: BAC 1950.  

[6] Primera crónica general de España, c. 629 (ed. Menéndez Pidal) p. 369. Citado por B. Llorca et al., Historia de la Iglesia católica. Edad Antigua, Madrid: BAC 1950,  vol. I, 510.

[7] Chronicon Iriense, en Flórez, XX, 604. Citado por Emile Amann, “El orden feudal”, en Fliche-Martin, Historia de la Iglesia, Valencia: Edicep 1974, vol. VII, 615.

[8] Cf. Ramón Izquierdo, Los caminos a Compostela, o.c., 22.  

[9] M. Carceller, “Santiago”, en Diccionario de historia eclesiástica de España IV, Madrid: Instituto Enrique Florez, 1972,   2189.

[10] Citado por R. Izquierdo, Los caminos a Compostela, o.c., 18.  

[11] Emile Amann, “El orden feudal”, en Historia de la Iglesia, en Fliche-Martin, Historia de la Iglesia, Valencia: Edicep 1974, vol. VII, 615.

[12] Al nacer, su madre, no sabiendo qué nombre ponerle, hizo encender doce velas de igual peso, con el nombre de los 12 apóstoles. La última vela en extinguir su  llama fue la que llevaba el nombre del apóstol Jaime, y este es el nombre con que será bautizado su hijo. De este modo, bajo el patronazgo del apóstol Santiago, liberará el Este de España del dominio del islam.

[13] En 1643  Felipe IV estableció a Santiago como único patrono de España y ordenó que, todos los 25 de julio, se hiciera una ofrenda regia de 1000 escudos de oro al arzobispado de Santiago.

[14] M. Carceller, “Santiago”,  o.c, 2189. 

[15] Frederic Udina, "El comtat de Barcelona", en Història de Catalunya, Salvat Editores, Barcelona, 1978, vol. II, 48-50 (49).  

[16] Lorenzo Galmés, Testigos de la fe en la Iglesia de España, Madrid, BAC 1982, 46-47.

[17] Jean-Baptiste Duroselle, Historia de los Europeos, Madrid: Ed. Aguilar 1990, 153.

[18] Ibid. 153.

[19] J. Terrero-J. Reglá, Historia de España. De la prehistoria a la actualidad, Barcelona: Ed. Óptima 2002, 106.

[20] José Orlandis, Historia de la Iglesia. I. La Iglesia Antigua y Medieval, Madrid, Ed. Palabra 1998, 359.

[21] Luis J. F. Frontela “Camino de Santiago-La peregrinación a Compostela”, Teresa de Jesús, 166 (2010) 135, 141-148 (145).

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