Jueves, 23 de mayo de 2024

Religión en Libertad

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Del estudio que demuestra que Sábana de Turín y Sudario de Oviedo envolvieron el mismo cuerpo

por En cuerpo y alma

 
 
 
            Una interesantísima investigación realizada por el doctor en Bellas Artes Juan y profesor titular de Escultura de la Universidad de Sevilla, Manuel Miñarro, en el ámbito de un proyecto del Centro Español de Sindonología, ha determinado que la Sábana Santa de Turín y el Sudario de Oviedo envolvieron el cuerpo de la misma persona, sin que ello signifique, ni la investigación haya tenido ese objetivo, que tal persona hubiera de ser necesariamente Jesucristo.
 
            Para su estudio, el investigador utilizó fotografías a tamaño real de las dos reliquias, las cuales superpuso según un procedimiento “utilizado en la investigación criminalista” que se vale de la ayuda de luz láser, acetatos y un programa informático y pretende obtener puntos cranométricos y líneas anatómicas. La investigación ha encontrado veinte puntos de coincidencia entre ambas reliquias, una cifra que “sobrepasa con creces el mínimo de ‘puntos significantes’ o pruebas exigidas por la mayoría de los sistemas judiciales del mundo para la identificación de personas, que es de entre ocho y doce”.
 
            Aunque las manchas de sangre presentan diferencias morfológicas explicables por las distintas duración, emplazamiento e intensidad del contacto de cada uno de los lienzos con la cabeza, lo que parece incuestionable, según Miñarro, “es que los focos, los puntos desde donde brotó la sangre, se corresponden totalmente”.
 
            Según la tradición, la Sábana Santa, custodiada en la catedral de Turín, sería el lienzo que envolvió el cuerpo de Jesús en el sepulcro, mientras que el Santo Sudario, venerado en la catedral de Oviedo, sería la tela que cubrió su rostro.
 
            Y bien, todo esto dicho la pregunta que nos formulamos hoy es: ¿cuál es el soporte evangélico de ambos lienzos?
 
            El de la Sábana Santa es más sólido, pues se halla en los cuatro evangelios.
 
            Mateo la cita de esta manera:
 
            José de Arimatea [pinche aquí para conocer mejor su figura] tomó el cuerpo [de Jesús], lo envolvió en una sábana limpia y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca” (Mt. 27, 59)
 
            Marcos de esta:
 
            “Informado [Pilatos] por el centurión, concedió el cuerpo [de Jesús] a José, quien, comprando una sábana, lo descolgó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca; luego, hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro. (Mc. 15, 45-46)
 
            Lucas se refiere a ella con las siguientes palabras:
 
            “[José de Arimatea] se presentó a Pilato, le pidió el cuerpo de Jesús y, después de descolgarle, le envolvió en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido puesto todavía” (Lc. 23, 52-53).
 
            Y Juan con éstas:
 
            Después de esto, José de Arimatea […] pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo. Fue también Nicodemo -aquel que anteriormente había ido a verle de noche- con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar” (Jn. 19, 38-40).
 
            Donde como vemos, no se refiere ya sólo a un lienzo, sino a unos lienzos. Una alusión que repite algo después:
 
            [Llega Juan al sepulcro] se inclinó y vio los lienzos en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve los lienzos en el suelo” (Jn. 20, 6-7).
 
            Pero que consagra la existencia canónica del sudario (al que, observe el lector, no se habían referido los sinópticos) cuando afirma
 
            “Y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a los lienzos, sino plegado en un lugar aparte” (Jn. 20, 7).
 
            Por cierto, uno de esos relatos intimistas y detallistas del Evangelio de Juan que tanto contribuyen a reforzar la condición de testigo directo de quien escribe el Evangelio.
 
            Y sin más por hoy, queridos amigos, que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos. Mañana les emplazo, aquí en la columna como siempre.
 
 
            ©L.A.
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