Domingo, 25 de febrero de 2024

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¿Es posible evangelizar junto con protestantes y ortodoxos sin hacer un totum revolutum?

por José Alberto Barrera

Se pregunta Maris en los comentarios al anterior post acerca de los Cursos Alpha sobre si no será un totum revolutum eso de trabajar con protestantes y anglicanos, y me ha parecido muy interesante el comentario y merecedor de un post.

Aunque me gustaría ir más allá de lo que son los Cursos Alpha en la respuesta, para tocar cuestiones más generales, no dejaré de comentar que existen iniciativas o metodologías que pueden usarse por diferentes confesiones cristianas dentro de sus iglesias, con independencia de la iglesia donde hayan nacido.

Un ejemplo de esto son los Cursillos de Cristiandad, que desde España se han difundido al mundo entero y se utilizan también fuera de la Iglesia Católica. Como botón de muestra tengo unos amigos coreanos, protestantes, que cada vez que les veo me cantan la canción “De colores” en español, y un amigo estadounidense cuyos padres hicieron su cursillo en Norteamérica en una iglesia metodista.

La genialidad de los cursos Alpha es que ofrecen el Primer Anuncio de la fe Cristiana, el Kerigma, a gente de fuera de la iglesia o alejados, los cuales,como resultado, piden el bautismo o la confirmación, y empiezan a caminar cristianamente en la parroquia en la que han hecho el curso.

Los cursos duran diez semanas, tras las cuales viene la profundización cristiana ya fuera del curso, en la que cada cual puede extenderse como crea conveniente; en otras palabras después del Kerigma viene la Catequesis con los contenidos al completo de la fe católica.

Esto lo sabían muy bien los primeros cristianos, que tenían un camino de catecumenado que conducía al bautismo, y otro camino posterior, la catequesis mistagógica, que conducía a la Eucaristía y el resto de los sacramentos. Y se tomaban su tiempo, incluso años, para prepararse.

El gran error,a mi juicio de la pastoral actual, es que proviene de una sociedad que catequizaba a golpe de Ripalda a niños y adultos, pasando por encima de la experiencia de conversión personal.

En consecuencia, se pretende dar catequesis a personas que todavía no han tenido la experiencia fundante, el encuentro con Dios primero del que todo parte, para luego llevarlos a una vivencia eclesial en la que este encuentro personal se sustituye por el encuentro comunitario con el Señor.

 Es una catequesis sin kerigma, justo lo que no hay que hacer en una sociedad descristianizada que no entiende de religión y a la que las formas, lenguajes y maneras cristianas le son cada vez más ajenas.

Pero vamos con el tema que titulaba el post y sacaré para ello la artillería pesada. Dice la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la Evangelización de 3 de diciembre de 2007:

Además, se evangeliza en países donde viven cristianos no católicos, sobre todo en países de tradición y cultura cristiana antiguas. Aquí se requiere un verdadero respeto por sus tradiciones y riquezas espirituales, al igual que un sincero espíritu de cooperación. «Excluido todo indiferentismo y confusionismo así como la emulación insensata, los católicos colaboren fraternalmente con los hermanos separados, según las normas del Decreto sobre el Ecumenismo, en la común profesión de la fe en Dios y en Jesucristo delante de las naciones – en cuanto sea posible – mediante la cooperación en asuntos sociales y técnicos, culturales y religiosos»

Señores, el ecumenismo se demuestra andando, y el primer signo para que el mundo crea es que “sean uno” y dónde podemos ser uno sino en proclamar al mundo que Jesucristo es Señor y que nos salva. Como dice la nota, sin indiferentismo ni confusionismo, pero colaborando fraternalmente.

Ahora bien ¿quien lleva esto a la práctica? Que yo sepa esto sólo se ve en Taizé y en los Focolares, movimientos cristianos nada desdeñables en número e importancia.

Falta reflexión en la Iglesia Católica para redescubrir cuál es el núcleo del anuncio cristiano, el Kerigma, y así darse cuenta de que el kerigma es el mismo para todos, por lo que se puede anunciar y vivir conjuntamente con otros cristianos, sin perjuicio del necesario y posterior seguimiento catequético.

Por escandaloso que suene, la Eucaristía no convierte al mundo, sino que alimenta a los convertidos. Hay que volver al Bautismo, la experiencia primera de conversión y derramamiento del Espíritu Santo, el cual,por cierto, tenemos en común todos los cristianos, para luego seguir construyendo hasta la cumbre de la vida cristiana.

Por todo esto los Cursos Alpha se pueden usar en todas las confesiones cristianas, y al no ser más que un método de evangelización para las iglesias y comunidades locales no promueven el ecumenismo directamente, sino el anuncio cristiano y la evangelización de las naciones, cada cual en su casa y desde su parroquia.

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