Viernes, 26 de abril de 2019

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Magdala, una ventana abierta a la Galilea de Jesús

por La honda

Ayer se inauguró en Tierra Santa, en Galilea, la iglesia Duc in altum (Mar adentro), la parte central de un proyecto asombroso que por puro capricho de la Providencia nos ha descubierto el hallazgo más importante de la cristiandad de los últimos trescientos años. Se trata de las ruinas de una ciudad ubicada a la orilla del lago de Galilea, que quedó abandonada en torno al año 68, al paso de las legiones romanas que se dirigían a Tiberias, con el fin de sofocar la Gran Rebelíon Judía. Con el paso del tiempo y el abandono, la ciudad quedó sepultada y conservada por sedimento natural hasta nuestros días. Para darle una connotación más propia para nosotros los cristianos, no hay ningún argumento sostenible para negar que este pueblo es el pueblo llamado Magdala, es decir, de donde era María Magdalena.

Arfan Najar, arqueólogo jefe de las excavaciones, asegura estar tocando con sus propias manos un pueblo por el que pasó Cristo, tal y como Él lo conoció, sin “reformas”. Lo dice un musulmán nacido en Israel.

Una ciudad de tiempos de Jesús
Se han encontrado en perfecto estado de conservación los cimientos, muros, paredes y enlosados de diferentes partes del pueblo, tales como casas de pescadores repletas de anzuelos y utensilios propios de la profesión; el puerto con su rampa que hacía de embarcadero; el rompeolas que protegía las viviendas; un mercado en el que las mujeres hacían sus compras y las piscinas de la salazón del pescado.

No es complicado imaginarse al pasear por entre sus enlosados a un sinfín de pescadores que, agotados y sudorosos, desembarcan sus peces tras una larga noche de dura brega, colcándolos aún vivos en pequeñas bañeras escalonadas, para ser luego vendidos en un ruidoso mercado. Es fácil llenarse la boca por el olor del pescado asado, y con el de la sal en la que se envolvía muchos peces para ser trasportados desde aquí hasta los confines del Imperio.

Monedas acuñadas en el primer siglo de nuestra era, coquetos perfumeros de cristal, horquillas para el pelo, vasijas de todos los tamaños, lámparas de aceite, hornos de pan. Incluso algunos dados de madera igualitos a los de ahora con los que a uno se le va inevitablemente la imaginación a esa escena en la que un grupo de soldados se sorteaban las ropas de un condenado inocente, al pie de su cruz.

También impresiona ver un importante número de miqvés, los baños en los que los judíos se sumergían para purificarse. Estos de Magdala son, por cierto, los únicos en el mundo anteriores al siglo XIX que funcionan con agua de manantial, es decir, por el agua natural que corre por debajo de su ubicación. Hoy siguen funcionando perfectamente por el mismo sistema de llenado y por el mismo de desagüe construido hace más de dos mil años. Fontanería judeo-romana de alta calidad.

De entre todos los descubrimientos que hay en Magdala, muchos y muy valiosos, uno de ellos ha transformado el proyecto, dejando de ser un centro de interés arqueológico para convertirlo en un lugar santo, transformando así un montón de piedras viejas en un importante destino de peregrinación para los millones de cristianos que viajan a Tierra Santa cada año, buscando cualquier vestigio de la vida de Cristo. La sorpresa de sacerdotes, arqueólogos y demás involucrados, ya fueran cristianos, judíos y musulmanes, ha sido inmensa cuando, a un solo metro de profundidad, se han encontrado en estado óptimo de conservación los restos de una sinagoga del siglo I.

Este descubrimiento ha revolucionado un buen número de parámetros en lo que a la arqueología cristiana se refiere, por varios motivos, lo que ha llamado la atención de medio mundo científico divulgativo. Los chicos de National Geographic, Discovery Channel y History Channel, ya se han pasado por aquí con sus equipos.

Uno de estos motivos es que en Israel solo existían seis sinagogas tan antiguas. La de Magdala es la séptima del primer siglo, y la única que pertenece a una institución cristiana.

Otro, es una pieza de un valor aún incalculable: una piedra de apenas 40 centímetros de alto por medio metro de largo y unos 35 de ancho, con una serie de signos que aún hoy los arqueólogos tratan de descifrar, entre los que se encuentra esculpida una menorá, el candelabro ritual judío de siete brazos, o lo que es lo mismo: se ha descubierto la menorá más antigua de la que se tiene constancia fuera de los muros de Jerusalén. Ponganse en la piel de un judío y alucinen con el descubrimiento.

Además tiene la piedra diferentes símbolos que recuerdan tanto al Primer Templo de Jerusalén como al Segundo Templo. La roca en cuestión debía ser utilizada para colocar sobre ella la Torá. Su ornamentación referente a los Templos es absolutamente inusual para la religiosidad judía de la época, y fue esculpida por un artista con amplios conocimientos religiosos del Templo, a tres días de camino del Templo. "Quien quiera que fuese el que haya hecho esto, conocía el templo muy bien".

Junto a la menorá, dos vasijas. La de aceite con la que se alimenta su fuego, y la del agua de la purificación.

Esta piedra de asombrosas características, así como las de la sinagoga que la cobija, son las pistas principales que manejan los arqueólogos para pensar que ahí, en ese lugar, y entre los años 20 y 68 de nuestra era, algo muy grande sucedió en torno a ella. ¿La presencia de Jesús, tal vez? “Sin duda”, afirma el arqueólogo jefe. “Por este objeto y otras características que se pueden estudiar, tales como algunos buenos mosaicos en muy buen estado de conservación en el suelo de las bancadas, un fragmento de un fresco de muy cara composición según las técnicas de la época, y un sinfín de detalles y objetos encontrados en el suelo, sabemos que algo sucedió aquí que cambió la manera de pensar las sinagogas de los judíos de este lugar, y fuese lo que fuera, sucedió entre el año 20 y el 30”. Vamos, que no hace falta ser Aristóteles...

El edificio en sí tenía capacidad para unas doscientas personas, una altura de entre 2,70 y 3,20 metros, y el techo, obviamente desaparecido, era de madera, paja y barro. Adjunto a él tiene lo que era la escuela de la Sinagoga, el lugar donde los niños aprendían las enseñanzas de la Torá, con sus bancadas y su piedra en la que se desenrollaba el texto sagrado.

En un cruce de caminos
Todo hace indicar que en este pueblo de Magdala hubo una frenética actividad comercial, siempre relacionada con la pesca, y que su sinagoga fue de las más importantes de la época, como ha quedado dicho, entre los años 20 y 68 de nuestra era.

Ubicada a unos cincuenta metros de la orilla del Mar de Galilea, a ocho kilómetros de Cafarnaum, en el cruce de caminos que viene desde Nazaret, Caná y la antigua Séforis, y que sube rumbo sur por la ribera del Lago hacia Tiberias, es la salida natural desde el Mar hacia Samaria y Judea. Es decir, hacia Jerusalén.

Todo hace indicar que si pensamos que en esa sinagoga estuvo Jesucristo, no nos equivocaremos. Esta es la conclusión no solo de los sacerdotes encargados del proyecto, sino de los arqueólogos judíos y musulmanes que han estudiado el lugar, los datos, y la Historia.

De modo que el 28 de mayo de 2014 se inauguraron tanto el Parque Arqueológico de Magdala, como su iglesia, en dos actos muy diferenciados, pero ambos de rango que podemos catalogar como históricos. Es el Magdala Center un proyecto pensado no sólo para los peregrinos que quieran hoy tocar con sus manos las piedras que tocó Jesús, las calles que lo vieron caminar, o la misma sinagoga en la que sin duda predicó. Es un centro pensado y construido para los peregrinos que quieran profundizar en la realidad de Jesús de aquí a, al menos, los próximos trescientos años.

Destino principal de peregrinaciones a Galilea
Construido con todos los avances técnicos y arquitectónicos que ofrecen los mejores profesionales locales e internacionales del momento, conservando y potenciando las oportunidades que el lugar ofrece, el Magdala Center se convierte así en el destino principal de las peregrinaciones a Galilea, a partir de ya.

La iglesia Duc in altum consta de un templo principal con cabida para más de trescientas personas, en la que doce iconos de los doce apóstoles rodean la asamblea. Sí, también está Judas Iscariote. Este sin orla, pero presente como presente estuvo en la vida pública de Jesús.

El altar, una inmensa barca como desde las que predicó Jesús en este lugar. El retablo, una inmensa cristalera que permite observar el mismo Mar de Galilea en todo su esplendor, confundiendo la vista del fiel que no logra diferenciar donde se acaba el lago, donde empieza el altar, y donde estás tú. El impacto al observar este escenario sobrecoge el alma, llevando al peregrino en un viaje actual al mismísimo encuentro con Cristo vivo, con Cristo predicando, en la Eucaristía, en la Comunión, en el altar.

Otras cuatro capillas más para celebraciones simultáneas, para solventar la masiva afluencia de peregrinos que ya ha empezado a llegar con ansia de leer con calma esos pasajes de la vida de Jesús, con una mano en la Biblia y la otra metida en el agua del mismo lago al que calmó su tempestad con solo oirle hablar.

La iglesia y las cuatro capillas está equipadas con sistemas tecnológicos que ofrecen desde el seguimiento de las celebraciones vía Internet en directo, hasta el uso de todo tipo de instrumentos o dispositivos musicales para ambientar, al gusto del peregrino, el acto a celebrar, ya fuera una Misa, una adoración, el rezo de un rosario o una sencilla meditación. Hay que tener en cuenta que aquí se pueden encontrar al mismo tiempo y en el mismo lugar, un grupo carismático africano, con unos cristianos protestantes de Sudamérica, y un grupo de monjas llegadas desde Noruega o Corea del Sur, por ejemplo. Todos ellos muy diferentes en sus sensibilidad y manera de celebrar la misma fe: Que Cristo es el Mesías, el Hijo encarndo de Dios, que murió y resucitó para redención de los hombres, y que comenzó su evangelización en este lugar.

Por ello, el Magdala Center no es un centro solo para católicos, sino abierto a todos los que se desplacen en un largo viaje de peregrinación. Es el Magdala Center un ejemplo de ecumenismo y de trabajo por la unidad de todos los cristianos. Un lugar de encuentro y de diálogo, de comprensión, de poner en común las cosas comunes, abierto para todos, que ofrece todas las posibilidades a todos los que, sin etiquetas ni prejuicios, buscan a Cristo en la que fue su tierra.

En el subterráneo, un centro ecuménico de oración, una réplica exacta de la sinagoga original que tiene por suelo el empedrado original del mercado de Magdala, que ofrece también a los judíos un lugar en el que orar. De modo que Magdala Center no es sólo un centro ecuménico, sino también interreligioso.

En la antesala de la iglesia, el Atrio de las Mujeres, un espacio dedicado a las mujeres del Evangelio y de toda la Historia de la Iglesia, con los nombres inscritos de esas mujeres que hicieron suya la causa de la evangelización, al servicio de la primera comunidad cristiana.

Cerco histórico de Jesús
“Con este descubrimiento hemos cerrado el cerco histórico de Jesús en más de trescientos años, hasta llegar a su propio tiempo”. Con estas palabras asegura Arfán Najar, arqueólogo jefe del proyecto, que este Magdala es incluso más importante de lo que fue el descubrimiento de Cafarnaum. “Allí se encontró una sinagoga del tiempo bizantino, construida unos cuatrocientos años después del tiempo de Jesús, sobre los cimientos de la original. Pero siendo muy valiosa, no es la sinagoga en la que estuvo Jesús, sino una remodelación. Lo mismo pasa con la casa de Pedro en Cafarnaum. Lo que hay allí son los restos de una iglesia bizantina que fue construida cuatro siglos después sobre una capilla que ocupaba el lugar original de la casa de Pedro. Son descubrimientos ambos importantísimos, pero este ha estrechado el cerco histórico de Jesús. Antes le teníamos a cuatrocientos años arqueológicos de distancia. Ahora hemos llegado hasta Jesús. En Magdala podemos estudiar con perfecta exactitud, a través de los objetos y los edificios descubiertos, cómo era la vida de una sociedad ubicada en el siglo primero durante la predicación de Jesús”.

El padre de todo este proyecto es el padre Juan Solana, director del centro para peregrinos ubicado en Jerusalén llamado Notre Dame Center.

Desde su llegada a Israel en 2004, una inquietud enorme por facilitar la oración y el encuentro con Jesús en Galilea, le llevó a comprar una serie de terrenos a la orilla del lago, siendo el primer milagro el hecho de que algunos judíos estuviesen dispuestos a vender parte de su tierra a un cristiano: “Nunca fue fácil, y uno de ellos incluso se negó avenderlo a un cristiano. Pero un judío amigo lo compró por nosotros y luego nos lo vendió”, cuenta más divertido que compungido por la medio trampa cometida.

Lo que no se imaginaba este sacerdote mexicano, religioso Legionario de Cristo, es que debajo de esos bungalós abandonados que ocupaban su terreno, se iba a encontrar la maravilla que se encontró. “Nos estalló una preciosa mina debajo de los pies. Aunque yo sabía que había arqueología, ni de lejos pensé jamas que sería del siglo primero, ni que podía haber una sinagoga”.

No siendo él arqueólogo ni científico, sino teólogo, no tiene ninguna duda de que en esa sinagoga predicó Jesús. De que en ese edificio se reunieron muchos de los primeros testigos de sus milagros, incluso los propios beneficiados que, tras haber sido curados, fueron allí a contar en la asamblea lo que el rabí de Nazaret había hecho con ellos. La pista la encuentra en varios pasajes de los diferentes evangelios, de los que podemos citar dos:

Mateo 4, 23: “Jesús iba por toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del Reino, sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”.

Marcos 1, 39: “Fue por toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando demonios”.

“Si estamos en Galilea -añade el padre Juan-, a unos metros de la orilla del lago, y esto es una sinagoga del siglo primero, no tenemos que demostrar que Jesús estuvo aquí. En todo caso serían otros los que tuvieran que demostrar que no estuvo”.

El camino para este milagro ha sido muy complicado. Lograr toda la financiación a base de donativos de benefactores, en los años en que los escándalos del fundador de la Legión de Cristo pusieron en duda a todos los miembros de la Orden, y en los años de la peor crisis económica conocida en el tiempo moderno, ha sido otro milagro: “Esto me dice que forma parte de un plan de Dios, y no mío. Nos han ayudado personas católicas y cristianos no católicos que se han conmovido por Cristo, no por mí. Ha habido gente con mucho dinero, y gente con poco. Presidentes de multinacionales y criadas de casas que se quedaban escuchando tras la puerta de servicio lo que yo contaba, y que cuando todo el mundo se había marchado, me daban enrollados unos billetes que suponían su sueldo de un mes. Por eso puedo decir que este proyecto es un proyecto universal, ejemplo mismo de la caridad y del amor de Dios para con todos los hombres. Que Dios está vivo se palpa, y de qué manera, en cada piedra y cada objeto de este proyecto”.

María de Magdala
Para el padre Juan, una figura de mujer sobresale de entre todas las demás, con permiso de la Virgen María. “María de Magdala era una mujer notable, que no pasaba desapercibida. De hecho, es la mujer que más veces aparece en los evangelios. Esto es porque era una líder, una mujer poderosa y con carisma, de una importancia notable en la primera comunidad cristiana”. Entre las conclusiones a las que el padre Juan ha llegado tras años de estudio de su figura, está la de que María Magdalena no es ni la mujer adultera del Evangelio a la que Jesús salva de una lapidación, ni la pecadora que unge sus pies. “Por varias razones descarto esta propuesta. Para empezar, a la hora de definir a Magdalena, hay que quedarse con lo que tenemos por cierto, y esto son dos cosas. La primera, que de ella expulsó Jesús siete demonios. Este hecho no significa, no concreta, que fuese la pecadora, sino que sufría un ataque del Demonio, una severa posesión, cosas que también han sufrido numerosos santos de nuestra Historia. Segundo, que estuvo con Jesús al pie de la cruz y que fue la primera persona que lo vio y que habló con Él una vez resucitado. De ninguno de estos dos hechos, que son los ciertos, se concluye que era la misma mujer a la que salvó de una lapidación, ni la pecadora que le unge los pies. Esto forma parte de la leyenda y la tradición popular, pero mi parecer es que si fuese la misma mujer, los evangelios lo dirían sin rubor, y no lo dicen. Son diferentes mujeres”.

En las puertas de la sinagoga se ha encontrado un cuenco de piedra. Una pila de agua en la que los judíos de la época se lavaban las manos antes de entrar en la sinagoga, y como dice el padre Juan, aunque no se puede asegurar al cien por cien que en esa sinagoga entrase Jesús, “todo hace pensar que sí. El tiempo, el edificio, el lugar y el Evangelio. Lo que no tenemos es su foto entrando aquí. Ahora bien, lo que sí que les puedo asegurar es que si Jesús entró aquí, en esta pila que ven, Él se lavó sus benditas manos”.
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