Con motivo del Sínodo de la Familia, la Iglesia Católica se encuentra en pleno debate sobre el exigente matrimonio cristiano y el padre José Granados García ha aportado al debate un librito de bolsillo de 150 páginas titulado Eucaristía y divorcio: ¿hacia un cambio de doctrina?” (BAC), que presentaron el jueves en la Universidad Francisco de Vitoria el obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, el director de la BAC, Carlos Granados, y la directora del Centro de Estudios de la Familia de la universidad, María Lacalle, quien pidió una "pastoral de acompañamiento" a las familias.

José Granados, español, vive en Roma y es allí vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia. Es también consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Tanto el libro como la presentación del obispo (la presentación íntegra, 5 páginas, está aquí) se fijaron en dos palabras claves que aparecen en los documentos de trabajo del Sínodo, que parecen ser contrapuestas: el “realismo” frente a lo “ideal”.

Para muchos, lo “ideal” sería el matrimonio indisoluble y que los cristianos no se divorcien, pero pedirían verlo como un ideal teórico, utópico. Lo “realista” sería –según las estadísticas- que sí se divorcian. Como la doctrina católica sobre el matrimonio indisoluble no se puede cambiar, algunos dicen que lo “realista” es permitir prácticas pastorales como la comunión a divorciados –y ante otros tipos de pecados- aunque se admita que están lejos del ideal.

Realismo es que para Dios todo es posible
En los “lineamenta” del Sínodo de la Familia -documentos de orientación al debate- se pide a los obispos “facilitar el debido realismo” para evitar “una pastoral meramente aplicativa de la doctrina”.

¿Cuál es el “debido realismo”? Reig Pla acude a los Papas para responder. Recuerda que según la Verbum Domini de Benedicto XVI “realista es quien reconoce en el Verbo de Dios el fundamento de todo”. Y el Papa Francisco en una homilía de 2013 declaró que “quien se deja guiar por el Espíritu Santo es realista, sabe medir y evaluar la realidad, y es fecundo: su vida engendra vida a su alrededor”. Reig Pla concluye que “realismo no es pragmatismo ni utilitarismo”, sino “dejarse guiar por Dios” y recuerda lo que el ángel explicó a María: “Para Dios nada hay imposible”.

El “ideal” no es teórico: es una exigencia
En el número 19 de los “lineamenta” se habla de lo “ideal”, con una cita del Papa Francisco, que en Evangelii Gaudium, 44, dice: “Sin disminuir el valor del ideal evangélico hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas”.

El obispo Reig Pla recordó que el mismo texto de Francisco remite a la Familiaris Consortio de San Juan Pablo II, que enseña esto: “los esposos no pueden mirar la ley como un mero ideal que se puede alcanzar en el futuro, sino que deben considerarla como un mandato de Cristo Señor a superar con valentía las dificultades”.

Y el mismo Papa santo añade en Veritatis Splendor: “Sería un error gravísimo concluir que la norma enseñada por la Iglesia es en sí misma un ideal que ha de ser luego adaptado, proporcionado, graduado –se dice- a las posibilidades concretas del hombre”, porque, dice el Papa, el cristiano es un hombre redimido por Cristo y “esto significa que Él nos ha dado la posibilidad de realizar toda la verdad de nuestro ser, ha liberado nuestra libertad del dominio de la concupiscencia”.

Las llaves de Pedro ¿pueden disolver un matrimonio?
¿Puede un Papa deshacer un matrimonio o decretar que los matrimonios pueden disolverse en virtud de su poder como portador de las llaves de Cristo? ¿Sí, no, o está en debate?

La respuesta de Reig Pla es que ni el Papa puede disolver un matrimonio entre bautizados, válido y consumado, y que no está en debate porque San Juan Pablo II cerró la cuestión de modo definitivo.

Cita un discurso del Papa del 22 de enero del 2000 a la Rota Romana: “La Iglesia enseña la no extensión de la potestad del Romano Pontífice a los matrimonios sacramentales ratos y consumados como doctrina que se ha de considerar definitiva aunque no haya sido declarada de forma solemne mediante un acto de definición”. Además, “se trata de una doctrina confirmada por la praxis multisecular de la Iglesia, mantenida con plena fidelidad y heroísmo, a veces incluso frente a graves presiones de los poderosos de este mundo”, insistió Juan Pablo II.

Caso distinto, señala la doctrina, es el de los matrimonios donde un cónyuge o los dos no estaban bautizados, o que no llegaron a consumarse o que no son ratos (válidos), don el Papa sí puede ejercer su autoridad y discernimiento.

Por lo tanto, concluyó el obispo Reig Pla, la Iglesia debe seguir proponiendo como mandato de Cristo el exigente matrimonio cristiano indisoluble, es decir, la cruz, “escándalo para unos y locura para otros” (como reconoce la primera carta a los Corintios) porque “la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres”.



José Granados es consultor de la Congregación
para la Doctrina de la Fe en Roma


El ideal es posible
El padre José Granados, en su exposición, quiso dejar claro que el “ideal” del matrimonio cristiano no es un concepto teórico, sino lo que desea realmente vivir la persona que se casa. “¿Qué novio que va a casarse no está interesado en que su promesa sea verdadera y se haga verdad en su vida?”, planteó.

Todo su libro refleja la realidad de que “la doctrina nace y explica los sacramentos, no al revés. En el bautismo se expone la doctrina con forma de diálogo: ‘¿Creéis en…?’ En la Eucaristía se recita el Credo”. Por eso no es aceptable que se proponga cambiar prácticas eucarísticas (como dar la comunión a quienes están en pecado) diciendo que se hará “sin cambiar la doctrina” porque, avisó Granados, “quien toca la Eucaristía toca la doctrina”.

Por otra parte, “la Iglesia siempre supo que el matrimonio indisoluble era algo peculiar propio de los cristianos, ya en una época del Imperio Romano en que se decía que las esposas medían el tiempo en maridos, y no en cónsules”, comentó Granados citando al poeta satírico Juvenal, de finales del siglo I y principios del siglo II.

“Está en juego la llamada a la santidad de los que tienen vocación al matrimonio. Esta es la mejor pastoral. La Eucaristía tiene capacidad de actuar en una persona incluso si no comulga. Por ejemplo, no poder acceder a la comunión puede ser lo que te pone en camino para aceptar tu realidad y trabajar por cambiarla. Y la Iglesia es quien acompaña para que esa vida grande pueda suceder”.

Pero, ¿de verdad la Iglesia acompaña?
Religión En Libertad tuvo ocasión de hablar brevemente con el obispo Reig Pla, que ha sido durante muchos años responsable de los temas de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española y conoce el panorama de pastoral familiar en todo el país.

- Señor obispo, ¿cuál es la oferta de acompañamiento a separados o divorciados en la Iglesia española? ¿Qué presencia hay en España de grupos, ministerios o comunidades dedicados a esto?- preguntamos.

- Incipiente. En España es una presencia incipiente. Hay algo más en Francia y en Italia. Pienso en grupos como Retrouvaille (www.retrouvaille.es) - nos responde.

Preguntamos a José Granados por su experiencia pastoral directa con divorciados y separados, y admite que es poca. “Pero como docente en el Instituto Juan Pablo II he trabajado con muchas personas que quieren acompañar a estas personas, o trabajan en pastoral familiar”.

Granados explica que en la Iglesia en Europa “métodos concretos de acompañamiento a separados y divorciados hay pocos. Hay algunos programas que empiezan, conozco alguno en Italia. Desde luego queda mucho trabajo por hacer en el campo del acompañamiento. También falta mucha formación en pastoral familiar; los sacerdotes no tienen formación en pastoral familiar”, lamenta.

Esta es la situación 34 años después de que Juan Pablo II en la “Familiaris Consortio” declarase que el problema del divorcio “debe afrontarse con atención improrrogable” y que “en unión con el Sínodo exhorto vivamente a los pastores y a toda la comunidad de los fieles para que ayuden a los divorciados”.




María Lacalle, auditora en el Sínodo de la Familia
pide a las universidades católicas acompañar
a las familias y sus retos


Acompañar… también desde la universidad
Sobre el acompañamiento a las familias habló también María Lacalle Noriega, vicerrectora de Ordenación Académica en la universidad anfitriona y una de las asistentes al Sínodo de la Familia (contó su experiencia aquí en ReL). “Allí vivimos una experiencia interesantísima de eclesialidad, volcados en buscar soluciones y propuestas pastorales para acompañar a la familia”, expuso.

“Toca recorrer un camino, estudiar las propuestas que se pusieron sobre la mesa, aunque los medios de comunicación parecían interesados sólo en la comunión a los divorciados. Se requiere una pastoral de acompañamiento. La Iglesia , como madre, quiere acoger a todos sus hijos: una madre a veces regaña, pero siempre acompaña. El Papa Francisco habló de un ‘ritmo sanador’.”

La universidad, según María Lacalle, puede aportar mucho. “En el Sínodo comenté la necesidad de que las universidades católicas se impliquen en este tema. Juan Pablo II pedía a las universidades católicas hacerse presentes en los grandes retos sociales. En la Universidad Francisco de Vitoria queremos implicarnos en este recorrido”.

Como parte de ese proceso, la Francisco de Vitoria recibirá el 20 de abril al obispo Mario Iceta, actual responsable en la Conferencia Episcopal de temas de Familia y Vida, “para volver a poner sobre la mesa esta cuestión”.

Un modelo: el acompañamiento a separados y divorciados en la diócesis de Toulon

Otro ejemplo: la pastoral de separados y divorciados de la diócesis de Palermo