El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Gerhard Ludwig Müller, anticipa al diario vaticano L’Osservatore Romano, algunos particulares de la carta de su dicasterio que lleva por nombre Iuvenescit Ecclesia, «Rejuvenece la Iglesia», aprobada por el Papa el pasado mes de marzo, y que será presentada a la prensa el próximo 14 de junio.

Está dirigida a los obispos católicos y habla de la relación entre la jerarquía y las nuevas realidades y movimientos eclesiales.

Ya desde el título -explica el purpurado- queda claro “que la jerarquía y estas nuevas realidades tienen la finalidad de volver joven a la Iglesia, o sea que son dones para renovar la vida de fe del Pueblo de Dios”.

Esto desmiente que a Francisco no le gusten particularmente los movimientos. De otro lado, comenta el prefecto “un Papa no puede dejar de amar lo que el Espíritu suscita para bien de tantos hombres, cuyos corazones están muchas veces esperando a Dios sin saberlo y para el Pueblo de Dios que es el primer destinatario de estos dones”.

El cardenal reconoce que muchas veces “estos dones fueron realidades que irrumpieron y también que necesitaban purificación”, que llegaron así “como por ejemplo los hijos que no habían sido programados”. Pero que “quien es realmente padre o madre, ama a los hijos una vez que llegaron y les provee como o incluso más que a los otros”.

Y esto, asegura el purpurado, vuelve posible conciliar las actividades de los movimientos, que muchas veces tienen una fuerte identidad, con las de un pontificado que hizo uno de sus puntos firmes, el abandono de la autorreferencialidad.
El cardenal indica también, que es posible amar teniendo una identidad fuerte, pero es necesario dialogar no con arrogancia, sino “con respeto de los interlocutores”. Y que al contrario “una cierta incapacidad al diálogo sincero nace de una falta cultural y de identidad”.

O sea, señala el cardenal, “tener clara la propia identidad da el gusto de un diálogo auténtico”. Sino serán una serie de monólogos, incluso corteses.

En cambio “la autorreferencialidad es la incapacidad de salir de sí mismo” lo que impide descubrir que el propio éxito encuentra ventajas cuando encuentra a otro.

El prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, reconoce también, que algunas realidades de la Iglesia encuentran dificultad en el seguir el Magisterio de la Iglesia en salida propuesta por Francisco.

Pero señala que se entiende el hecho de que “es difícil seguir el paso de la profecía”, aunque lo que cuenta no es la velocidad, sino “que todas las realidades de la Iglesia, con sus dones y debilidades, tomen la dirección debida”.

Señala también que la profecía madura en el tiempo, y por ello “no es fácil entenderla en seguida” y por eso es necesario “un esfuerzo para salir de sí mismo, de los propios planes y ámbitos que dan seguridad”.

Sobre las críticas a Bergoglio según las cuales tiene una relación diversa con las nuevas realidades que sus predecesores, el cardenal Müller asegura que no es así, pues Francisco se encuentra unido a Juan Pablo II y a Benedicto XVI en el deseo de valorizar todas las novedades que el Espíritu suscita en la Iglesia. Y que cuando es necesario, corrige.

¿Cómo tienen que hacer los movimentos para no caer en la autorrefencialidad? Se pregunta Müller, y responde que “los mejores maestros son los santos” que en la historia de la Iglesia han sabido conjugar de manera fecunda, continuidad y novedad. Fidelidad a la tradición y apertura a lo que Dios pedía de nuevo.

De todos modos, concluye el prefecto, es necesario “ponerse al servicio de un plan y de necesidades mayores de las propias” para “salir de la tentación de la autorreferencialidad”. Y eso vale para “quien está llamado a servir en la jerarquía de la Iglesia, así como para los simples fieles, nadie excluido”.