El perdón y la esperanza estuvieron en el centro del mensaje del Papa Francisco en el cuarto domingo de Cuaresma, antes de haber rezado la oración del Ángelus ante miles de personas que le acompañaron en la Plaza de San Pedro.

Reflexionando sobre la parábola del hijo prodigo, Francisco subrayó la gran tolerancia que se ve en este padre que da a su hijo la libertad de irse de casa a pesar de ser todavía inmaduro, y en este sentido explicó que lo mismo hace Dios con nosotros, “nos deja libres, también ante equivocaciones, porque creándonos ha hecho el gran don de la libertad. Es nuestra responsabilidad el hacer un buen uso”.

Francisco habló de la ternura y de la misericordia al analizar detalladamente el significado de esta parábola, y así recordó que Jesús ama a sus hijos inconmensurablemente, “Los errores que cometemos, también si son grandes, no dañan la fidelidad de su amor. En el sacramento de la Reconciliación podemos siempre de nuevo comenzar: Él nos acoge, nos da de nuevo la dignidad de hijos suyos”.

El Obispo de Roma invitó a los fieles a pedir a la Virgen para que nos ayude a volver al Padre en este tiempo de Cuaresma, intensificar la conversión y rechazar cualquier compromiso del pecado.