El encuentro del pasado domingo 21 de junio del Papa Francisco con los jóvenes de Turín en la Plaza Vittorio de esta ciudad del norte de Italia le dio pie para improvisar varias respuestas a las inquietudes de los jóvenes que han llamado mucho la atención.

Unos han destacado que insistió en condenar el negocio armamentístico como algo inmoral. Otros, como las comunidades judías, han señalado que reformuló la pregunta clásica entre los historiadores de por qué durante la II Guerra Mundial la aviación aliada no bombardeó las líneas de tren que llevaban masas de judíos a ser asesinadas en campos de exterminio. Los armenios agradecen que recordara de nuevo el genocidio armenio bajo el poder de los Jóvenes Turcos hace un siglo. A otros les ha llamado más la atención su defensa de la castidad ante los jóvenes: "el amor es casto, considera sagrada la vida de la otra persona, no quiere usarla. Perdonadme si os digo algo que no esperábais, pero os lo pido: Haced el esfuerzo de vivir un amor casto".


Pero un tema especialmente significativo ha sido su mención a la masonería y el anticlericalismo. No es nada común que los Papas del siglo XX o XXI hablen de la masonería mencionándola por su nombre.

Francisco comentó a los jóvenes la hostilidad que hubo en Turín contra la Iglesia en épocas de la Revolución industrial cuando la masonería era especialmente fuerte en esa región. Recordó que en ese ambiente hostil surgieron santos porque los cristianos actuaron contra la corriente.

"En esta tierra a finales del siglo XIX las condiciones para el crecimiento de los jóvenes eran pésimas: la masonería imperaba, la Iglesia no podía hacer nada, había comecuras, había satanistas... Fue uno de los peores momentos y de los peores lugares de la historia de Italia. Pero en esa época aquí nacieron muchos santos. ¿Por qué? Porque se dieron cuenta de que tenían que ir en contra de esa cultura, de esa forma de vida. La realidad, vivid la realidad. Y si esta realidad es vidrio y no diamante, yo busco la realidad contracorriente y construyo mi realidad, una realidad que sea servicio a los demás".



Francisco recibido por una multitud en Turín


Al día siguiente, el lunes, en un encuentro con los salesianos en la Basílica de María Auxiliadora, retomó la misma idea poniendo el ejemplo de uno de esos santos que surgieron en esa época, su fundador San Juan Bosco.

En ese encuentro con los salesianos, el Papa volvió a recordar que en esa época “esta región de Italia estaba llena de masones, come-curas, anticlericales y demoníacos. Turín era uno de los focos demoníacos… Pero, ¡cuántos santos aparecieron!, ¡Hagan la cuenta!”, exclamó.

Así, el Papa Francisco coloca a los masones en la misma categoría que los "come-curas, anticlericales y demoníacos", y recuerda que cuando "la masonería imperaba", entonces, en teoría, "la Iglesia no podía hacer nada"... aunque en la realidad el tesón de los santos a contracorriente logró que surgieran mil iniciativas memorables que aún hoy dan buen fruto.

En el vídeo, Serge Abad-Gallardo, autor de Por qué dejé de ser masón, explica cómo dejó la masonería a medida que descubría más y mejor a Cristo