Este domingo 31 de diciembre, en el último rezo del Ángelus el Papa Francisco presidió el rezo del Ángelus, precisamente el mismo día en el que se cumple el primer aniversario de la muerte del Papa Benedicto XVI.

Tras el rezo del Ángelus y después de hablar de la situación de los conflictos del mundo, el Papa hizo una breve mención al Pontífice alemán: “Hace un año el Papa concluía su camino terreno tras haber servido con amor y sabiduría a la Iglesia. Sentimos tanto cariño, gratitud y admiración. Que desde el Cielo nos bendiga y nos acompañe”. Y pidió a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro un aplauso para Benedicto XVI.

Francisco no ha celebrado una misa pública en sufragio por Benedicto XVI en este primer aniversario de su muerte, como sí había sido costumbre en sus antecesores. Así lo  hizo el Papa alemán el primer año de la muerte de San Juan Pablo II, o el propio Pontífice polaco en esa misma fecha tras la muerte de Juan Pablo I.

A las 8 de la mañana, en el altar principal de la basílica de San Pedro, ha sido monseñor Georg Gänswein, el que fuera fiel secretario de Benedicto XVI, el que tras volver a Italia desde Alemania, ha celebrado la misa en sufragio por Ratzinger.

El arzobispo Gänswein se encontraba de regreso en Roma invitado a participar en unas conferencias que se han celebrado el 30 y 31 de diciembre en el Campo Santo Teutónico del Vaticano para hablar del legado de Benedicto XVI.

Organizado por la Fundatio Christiana Virtus y la Fundación Joseph Ratzinger, este evento ha reunido a amigos y antiguos colaboradores de Benedicto XVI. Además de Gänswein han participado, entre otros, el padre Federico Lombardi, colaborador de Benedicto en la Oficina de Prensa; el cardenal Müller, prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe; o el cardenal Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Precisamente, el purpurado suizo ha sido la más alta instancia vaticana presente en este homenaje a Benedicto XVI, a pesar de que preside un dicasterio tradicionalmente de segundo rango.

“El gran legado que el Papa Ratzinger, un año después de su muerte, nos deja a los creyentes es haber puesto la cuestión de Dios y el cristocentrismo en el centro de su larga vida. Toda su existencia como ‘simple’ teólogo profesional, luego como cardenal y finalmente como Papa tuvo como verdad última, casi como estrella guía de sus acciones: los cristianos no creen en un Dios cualquiera, sino en un Dios que tiene relación con el hombre, un Dios que se reveló a través de Jesucristo”, ha explicado el cardenal Koch al diario Avvenire sobre la figura del Papa alemán.