Este domingo tuvo lugar en la Plaza de San Pedro, por ello un poco más abarrotada de lo habitual los domingos, la bendición de las imágenes del Niño Jesús de los belenes que adornan el domicilio de los romanos o del resto de peregrinos que lo llevaran.

Un día alegre que aprovechó el Papa precisamente para explicar en qué consiste la alegría cristiana: "Cada familia, cada pueblo aspira a la felicidad", pero "cuando Jesús entra en la historia con su nacimiento, la humanidad recibió el germen del Reino de Dios. Ya no es necesario buscar otras cosas, porque Jesús ha venido a traer la alegría a todos y para siempre".

"No se trata de una alegría para el futuro", continuó Francisco, como si aquí en la tierra debiésemos estar tristes a la espera de la alegría del paraíso: "No, no es esto, es una alegría real ya, que se experimenta ahora, porque Jesús es nuestra alegría".


¿Quién no quiere llevarse a casa un Niño Jesús bendecido por el Papa?

E invitó a todos los presentes a repetir tres veces el lema de uno de los carteles de la jornada: "Con Jesús la alegría está en casa. Todos, digamos juntos: con Jesús la alegría está en casa. Una vez más: con Jesús la alegría está en casa". Y continuó el diálogo: "¿Sin Jesús hay alegría? Nooo. ¡Bravo!".

"Jesús está vivo, ha resucitado y trabaja en nosotros y entre nosotros especialmente con la Palabra y los sacramentos", añadió: "Todos los bautizados estamos llamados a acoger la presencia de Dios para ayudar a los otros a descubrirlo o a redescubrirlo si se nos ha olvidado. Es una visión muy bella la de San Juan Bautista: orientar a los demás a Cristo".

Luego recordó las condiciones que plantea San Pablo en la Epístola del día para ser "misioneros de la alegría": "Rezar con perseverancia, dar siempre gracias a Dios, secundar su espíritu, buscar el bien y evitar el mal. Si éste es nuestro estilo de vida, la Buena Nueva entrará en muchas casas para volver a descubrir que en Jesús está la salvación, y que en Él se encuentran la paz interior y la fuerza para afrontar las dificultades de la vida".

"¡Nunca se ha oído de un santo triste o de una santa con rostro fúnebre!", exhortó Francisco: "¡Nunca se ha oído, sería un contrasentido!".

"El cristiano tiene el corazón lleno de paz porque sabe poner su alegría en el Señor, afrontando los momentos difíciles de la vida sabiendo que no estamos solos. Ésta es la paz que Dios le da a sus hijos", dijo el Sumo Pontífice.

Y conclusyó recordando que "Jesús no es un personaje del pasado, es la Palabra de Dios que hoy continúa iluminando el camino del hombre, y sus gestos, sus sacramentos, son la manifestación de la ternura, la consolación y el amor del Padre hacia cada ser humano".