Las causas de beatificación y de canonización tienen desde este principio de año un precio de referencia, que acaba con la incertidumbre que las diócesis y las congregaciones religiosas sufrían al no saber cuánto iba a costarles el proceso para ver elevado a los altares a su santo o beato local.

Según anunció el lunes el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, en un curso de su dicasterio en la Pontifica Universidad Urbaniana de Roma, en 2014 han entrado en vigor unas tarifas de referencia a las que deben atenerse los postuladores y otras personas implicadas en las causas de canonización. Se trata de una «novedad inspirada en el sentido de sobriedad y equidad» para evitar que haya «desigualdades entre las varias causas».

«L´Osservatore Romano», el diario de la Santa Sede, informa de esta novedad en su edición de hoy asegurando que la tabla de tarifas se pudo elaborar tras varios meses de trabajo conjunto entre el «ministerio» vaticano que se encarga de los santos y varios postuladores, quienes explicaron cuáles son los costes derivados de sus trabajos en los diversos procesos.


Para Amato, es «bueno» que aquellos que impulsan una causa de beatificación sepan desde un primer momento los gastos que supondrá el proceso.

Éstos se deben a dos causas: el pago a los postuladores y el abono de las tasas que cobra la Santa Sede.

El cardenal anunció en su conferencia que para poder sacar adelante las beatificaciones y canonizaciones cuyos impulsores no pueden hacer frente a estos costes, se aceptarán donaciones.

«Alguno ya ha comenzado a hacer llegar propuestas», aseguró.

El dicasterio que dirige está además dispuesto a poner de su parte para sacar adelante causas significativas, aunque no cuenten con el suficiente respaldo económico.


Las reformas impulsadas por el Papa Francisco en el trabajo de la Congregación también incluyen la creación de un camino preferencial para los eventuales beatos y santos que sean poco conocidos o provengan de las zonas más pobres del orbe católico.

En particular, se beneficiarán de este recorrido especial los cristianos víctimas de la persecución de los regímenes nazis y comunistas que eclosionaron en Europa del Este durante el siglo XX.

El Pontífice, según destacó Amato, tiene un gran interés por «la valorización de la santidad de los sacerdotes y de los laicos» y está «siempre dispuesto» a reunirse con él para valorar y firmar los decretos de beatificación y canonización.


«También ofrece consejos y sugerencias útiles a nuestra misión». La nota negativa la puso Amato al lamentar que algunas causas, incluso en sus últimas fases, sufren retrasos debido a que sus promotores, ya sean obispos, religiosos o laicos, «parecen ausentes». Por ello, animó a tener un diálogo más fluido con el dicasterio que dirige.

Pero, ¿cuánto cuesta realmente el proceso para ser proclamado santo? «Es imposible calcular un precio medio», aseguran fuentes eclesiales a LA RAZÓN. ¿El motivo? No hay un santo igual a otro, ni la investigación que implica lleva la misma complejidad. Lo que está claro es que no está al alcance de todos los bolsillos.

Y no sólo por las tasas vaticanas –la presentación de la «positio», por ejemplo, es superior a los 6.000 euros–, sino por el largo proceso que implica.


Así, la «positio», esto es, el documento que probaría que la persona que se quiere elevar a los altares ha llevado una vida ejemplar, es lo más parecido a una tesis doctoral que debe ajustarse a la instrucción «Sanctorum Mater», el manual elaborado al respecto por la Santa Sede aprobado en 2007.

Eso implica al menos una persona que recopile documentación biográfica del futuro santo, entrevistas a quienes le conocieron, recopilación de sus escritos... Todo de forma estandarizada.

«Imagina los años que puede llevar eso, décadas incluso. Es un trabajo cuyo precio no está valorado. En el caso de una monja de clausura puede resultar sencillo elaborar una semblanza, pero desde el momento que haya sido una persona de mundo, surgen problemas», comenta esta misma fuente.

Así, no se pueden admitir testigos, que «sólo hayan oído hablar» del protagonista, y tampoco lo pueden ser los «confesores habituales» de éstos.


Cuando se quiere dar un salto más allá de proclamar venerable a un fiel, esto es, que ha vivido el Evangelio de una forma heroica, los trámites y gastos se multiplican pues para ser proclamado beato o santo es necesario acreditar un milagro.

Entre otras cosas, porque demostrar una curación de forma inexplicable, exige un minucioso peritaje por parte de notarios, médicos... Desde la historia clínica de la persona curada, opiniones médicas hasta análisis de laboratorio y exploraciones instrumentales. Todo, certificado ante notario, amén de los llamados «censores teólogos», nombrados para que examinen los escritos publicados por el Siervo de Dios y comprueben que no «hay nada en ellos contrarios a la fe y a las costumbres».

«Llevo muchos años en esto y puedo asegurar que no es un coste elevado, pero es cierto que hay que pagar el trabajo de todos aquellos profesionales que están involucrados. Es un precio razonable», comenta un trabajador del Dicasterio que confirma que desde hace tiempo se venía trabajando en el baremo que presentó ayer Amato.


Con todo esto solventado a nivel diocesano, toca confiar en Roma, pues son muchos los casos abiertos y también hay cierto «atasco» administrativo.

«Estamos trabajando en elevar a los altares al fundador de una congregación de la diócesis. Aunque en 1986 tuvo lugar el supuesto milagro, las religiosas no pudieron ponerse a fondo hasta unos años más tarde debido al esfuerzo económico y personal que supone abordar algo así. Tras la fase diocesana, se presentaron los documentos en la Santa Sede en 2006», explica Sergio Alentorán Baeta, delegado de la Causa de los Santos de Zaragoza, feliz porque ha recibido recientemente ya la carta del Dicasterio de Angelo Amato que confirma que ya están abordando el caso a fondo.