En torno al ex presidente del banco del Vaticano (IOR) continúan sucediendo cosas muy extrañas a partir de su cese fulminante el pasado 24 de mayo por un voto de censura del consejo de administración. El primer hecho anómalo fue el registro de su casa el pasado 5 de junio y el secuestro de parte de sus documentos sobre el IOR por los fiscales de Nápoles y de Roma, que provocó una durísima protesta del Vaticano a la que Italia todavía no ha dado respuesta.

El segundo hecho anómalo es que el Instituto para las Obras de Religión (IOR) es un auténtico «coladero» de documentos que desprestigian de modo grave a su ex presidente.

El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, calificó este lunes de «desagradable e incorrecta» la filtración a un diario italiano de un pseudo informe psiquiátrico que advierte al director general del IOR, Paolo Cipriani –enfrentado desde hace tiempo a Gotti Tedeschi-, de supuestas «disfunciones psicopatológicas» y de «comportamientos patológicos» del ahora ex presidente del banco.

El increíble informe del psiquiatra Pietro Lasalvia, encargado de prevención del «stress de trabajo» entre los empleados del banco, se basa tan sólo en un rato pasado junto al presidente Ettore Gotti Tedeschi con motivo del aperitivo y brindis previo a las fiestas de Navidad del 2011.

El propio Lasalvia menciona en su carta al director general del IOR -escrita tres meses mas tarde, el 18 de marzo del 2012, en plena operación para destituir al presidente- que «nunca le había conocido hasta ese momento» del cóctel navideño. Aun así envía por escrito al director general un informe demoledor contra el presidente del banco, por considerarlo necesario «tanto para la salud del IOR como para la salud de cada uno de sus miembros, incluido el presidente».

Junto con la extraña carta de Pietro Lasalvia -en cuyo membrete, además de «médico cirujano» se puede leer «psicoterapeuta» e «hipnoterapeuta»-, el diario italiano publicó también las explosivas cartas de dos miembros del consejo de administración del IOR –ambas entregadas previamente como copia en mano- que informan al secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, del inminente voto para destituir a Gotti Tedeschi.

El vicepresidente Ronaldo Hermann Schmitz, de Deutsche Bank, escribe el 22 de mayo a Bertone que «como usted bien sabe, en la reunión del Consejo del IOR del 24 de mayo está prevista la presentación de una moción de no confianza respecto al presidente Gotti Tedeschi», y le manifiesta «confianza en que Su Eminencia ponga fin inmediatamente al mandato», advirtiéndole que, en caso contrario, dimitirá a finales de mayo.

La carta del norteamericano Carl Anderson, caballero supremo de los Caballeros de Colón, al cardenal Bertone termina del siguiente modo: «Le aseguro que, ante la propuesta del vicepresidente Ronaldo Schmitz, votare ‘no confianza’ en el señor Gotti Tedeschi en la reunión del Consejo de Supervisión del 24 de mayo del 2012. Haciéndolo así creo que apoyaré la correcta decisión de Su Eminencia y su liderazgo en este asunto (…)».

La publicación de las tres cartas -sobre todo la del psiquiatra que diagnostica tres meses más tarde en base a una conversación durante un cóctel- causa un daño profesional y humano muy fuerte al ex presidente del banco, quien por ahora mantiene su silencio.

Al mismo tiempo, las cartas sacan a la luz el papel del cardenal Tarcisio Bertone en la operación de cese del banquero. La mayor parte de las filtraciones de los «topos» parecen querer dañar al secretario de Estado. En esa última entrega resulta más difícil saber contra quien van dirigidas.

En todo caso, el exceso de atención al banco del Vaticano y, en particular, al drama que se ha librado en su cúpula, quita espacio de modo grave y prolongado a lo más importante del Vaticano: la actividad y las orientaciones del Papa.

Mientras no quede completamente clara la identidad de los «topos» y la responsabilidad de las filtraciones, el Vaticano no recuperará la calma imprescindible para trabajar y gobernar con normalidad.

La primera fase de interrogatorios al mayordomo del Papa, Paolo Gabriele, concluyó el miércoles pasado y, según el portavoz del Vaticano, «su reanudación no es inminente», ya que los investigadores se concentran en el análisis de los documentos confidenciales encontrados en su casa y en explorar otras pistas que lleven a sus cómplices o a los demás «topos».

Según el padre Federico Lombardi, la sensación de «cierta lentitud» en la investigación se debe «a que la magistratura (el fiscal y el juez) esta procediendo con mucho detalle, dando un paso después de otro con total seriedad». En su opinión, «a estas alturas esta ya claro que la idea de que el acusado sea un ‘chivo expiatorio’ no corresponde a la realidad. Hemos encontrado elementos concretos y ahora se quiere descubrir las eventuales responsabilidades de otras personas».

Los abogados de «Paoletto», arrestado el pasado 23 de mayo, han pedido que se le conceda la libertad vigilada, pero el Juez Único, Piero Antonio Bonnet, todavía no ha comunicado ninguna decisión al respecto.