Durante su vida, Cheryl Masaitis-Spychaj ha vivido momentos de todo tipo. Desde ser agente del FBI y participar en importantes redadas de droga, hasta vivir en China durante dos años enseñando inglés y haciendo cursos de Biblia. Pese a que se crió en una familia católica, acabó siendo protestante por malas experiencias en la universidad, y no fue hasta que viajó a Tierra Santa que se convirtió y empezó a rezar el rosario viviendo una experiencia de sanación.

"Dios quería robarme mis sueños"

Cheryl nació en 1953 en Buffalo, Nueva York, EEUU. Creció en una familia católica, y desde que tenía 12 años, sentía un gran deseo de ser misionera en lugares lejanos, casarse, y adoptar un niño huérfano. Pero, en aquel momento, tan solo los sacerdotes y las monjas podían ser misioneros. “Recuerdo pensar que tendría que abandonar mi sueño de ser madre”, contó Cheryl al Catholic Herald. “Me creí una mentira de Satán. Pensaba que Dios quería robarme mis sueños”.

Antes de entrar a la Universidad, Cheryl conoció a un chico que tocaba la guitarra y cantaba en la misa del Instituto. Se llamaba Marvin. Salieron durante dos años, y Marvin pidió su mano. Cheryl, confundida por sus dos sueños aparentemente contrarios (ser madre y misionera), le dijo que no. “Sentía que nuestras vidas iban en direcciones diferentes”.

Profesores relativistas

Cheryl fue a la Universidad católica de Cansius, pero su vida de fe se vio contra las cuerdas. “Recuerdo terminar la universidad desilusionada, confusa, vacía y con una gran pérdida de confianza en la gente, porque todo el mundo decidía lo que era verdad por su lado”, explica Cheryl.

Muchos profesores y sacerdotes eran relativistas, y tomaban cosas de las Religiones Orientales. Poco a poco, Cheryl fue acercándose más y más al protestantismo. Su experiencia en aquellas iglesias le hizo volver a tener un poco de fe. “Jesús se estaba convirtiendo en mi más íntimo amigo”, cuenta Cheryl.

Deteniendo a narcotraficantes con el FBI

Después de la universidad, Cheryl encontró trabajo enseñando en un colegio. Pero su hermana pequeña fue a alistarse en el FBI, y, animada por ella, Cheryl fue también. Más de un año después, le dejaron entrar en el cuerpo y fue enviada a Quantico. El riguroso entrenamiento físico y académico casi hizo que lo dejase, pero su padre le animó a seguir.

Muchas de las actividades que Cheryl realizó en el FBI son confidenciales, pero la ex-agente recuerda que hubo algunos momentos providenciales en sus misiones. En una ocasión, Cheryl participó en una gran redada con la policía y la DEA, un cuerpo policial de Estados Unidos especializado en la lucha contra las drogas. La noche anterior, Chery no podía dormir. Tenía sudores fríos y mucho miedo, y empezó a rezar para que no hubiera heridos.

Cheryl en compañía de su actual marido

La operación se desarrolló a primera hora de la mañana. Cheryl irrumpió con el resto de agentes en una cabaña en medio del bosque, pero el hombre al que buscaban no estaba allí.

Un rato después, pensando que la policía había respondido a la alarma de su cabaña, el hombre condujo hacia allí sin saber que iba directo a su detención. Aquella mañana pararon los pies a muchos más delincuentes sin que hubiera heridos, recuerda Cheryl.

Una familia con una hija adoptada

Más tarde, Cheryl fue destinada de vuelta a Nueva York. Allí conoció a Greg; primero en un breve vistazo en el metro, y luego en la Iglesia. Él era un católico divorciado con dos hijos, pero acabaron casándose en una ceremonia protestante. Un año después, dejaron sus respectivos trabajos y empezaron a ir a una escuela de Biblia para dedicar su vida al ministerio.

Durante sus estudios, Cheryl tuvo a su primera hija. También adoptaron a una niña con Síndrome de Alcoholismo Fetal, causado cuando la madre ingiere alcohol durante el embarazo. “La llamábamos nuestro pequeño milagro, porque cuando nació pesaba solo 1,3 kg”, recuerda Cheryl. Tuvieron dos hijos más, una chica y un chico.

Dificultades para ir a la misión

Muy pronto, la pareja empezó a interesarse por varias organizaciones misioneras. Pero antes de irse de misión, tenían que pasar unos exámenes físicos. Cuando recibieron los resultados, descubrieron que Greg tenía un cáncer de próstata, y que no podían pagar el tratamiento. Cheryl comenzó a sufrir problemas de estómago y depresión, y a ambos les costaba encontrar trabajo. “De la noche a la mañana, nuestra vida pareció desmoronarse”.

Pero aún había esperanza. La familia encontró cierta estabilidad y una comunidad cristiana cariñosa que ayudaba a personas con necesidades especiales como su hija adoptiva, en una zona rural de Missouri. Vendieron su casa de Nueva York, y Greg viajaba de vez en cuando a la ciudad para someterse a un tratamiento experimental contra su cáncer.

Una oportunidad para evangelizar en China

Un día, en la iglesia a la que iban, hubo una presentación de varios misioneros destinados a China, y Cheryl sintió otra vez esa llamada que tuvo de niña. De forma providencial, el cáncer de Greg estaba en remisión, así que la pareja consiguió trabajos enseñando inglés en China, cogieron a los niños y se mudaron allí. Allí pasaron dos años enseñando inglés y enseñando cursos de Biblia. “Tienen hambre de Dios”, cuenta Cheryl.

La salud de Greg fue empeorando. “Su dolor era tan grave que ni siquiera podía levantarse de la cama, y mucho menos caminar para dar sus clases”, recuerda Cheryl. Cuando la familia volvió a su comunidad rural en Missouri, se enteraron de que el cáncer de Greg se había extendido a sus huesos. Pese a la ayuda de familiares y amigos, Greg falleció un día de Acción de Gracias.

Rezando delante de la Tumba del Jardín

La familia quedó devastada. Cheryl encontró algo de consuelo en un peregrinaje a Tierra Santa con su iglesia. Allí, orando en la Tumba del Jardín, un lugar en el que los anglicanos aseguran que fue enterrado realmente Cristo pese a las evidencias que dicen lo contrario, Cheryl encontró la sanación que buscaba, y curiosamente sintió una llamada a volver al catolicismo. Rezó también para que otro hombre llegara a su vida, y con el tiempo, empezó a rezar el rosario.

Algunos cristianos protestantes piensan que la Tumba del Jardín fue el lugar donde Jesús resucitó, y no el Santo Sepulcro

En su nuevo camino, Cheryl siguió sanando su dolor y siguió rezando. Empezó a asistir a una parroquia y a tener un sacerdote como director espiritual.

Delante de una tumba abierta y vacía

La salud del padre de Cheryl empeoró, y decidió mudarse a su ciudad natal para estar con él. Su padre murió la víspera de Navidad. En su funeral, un hombre se presentó en la capilla ardiente. “Cheryl, ¿te acuerdas de mí?, Soy Marvin”, le dijo el hombre.

“Había cambiado mucho desde la última vez que le vi, 37 años atrás”, comentó Cheryl. Empezaron a mantener una correspondencia y hablaban de contraer matrimonio. La semana después de pascua, Cheryl fue a visitar a Greg a Virginia.

Allí, después de misa, caminaron delante de una tumba abierta dentro de la iglesia. “Cheryl, hace dos años estabas de pie delante de otra tumba vacía en Israel y le pedías al Señor que viniera a tu corazón, y él te respondió llevándote de nuevo a la Iglesia Católica”, le dijo Greg. “Hoy quiero responder a la segunda parte de tu petición a Dios. ¿Quieres casarte conmigo?”.

Ahora el matrimonio se ha jubilado y viven en Alexandria.

A lo largo de su vida, Cheryl ha vivido retos intimidantes: criar a cuatro niños, servir en el FBI, misionar en un país lejano, una conversión… “Yo hice todo eso con miedo. Aun así, el miedo no debería parar a nadie a la hora de hacer lo que quieren, o más bien a la hora de hacer lo que Dios les manda” concluye Cheryl.

Cheryl escribió un libro con sus vivencias y su conversión titulado I did it Afraid (Lo hice con miedo). 

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