Christel, de Singapur, de 28 años, bautizada presbiteriana, nació en una familia protestante "muy estricta" y ha explicado su conversión al catolicismo en el programa de testimonios Cambio de Agujas, de HM Televisión. 

Christel iba con sus padres y sus 3 hermanas a la iglesia cada domingo. Sus padres les explicaban las Escrituras. Su madre, además, les insistía diciendo que la persona se forma en la juventud. Nadie en la familia tenía contacto con católicos. 

La familia acudió a tres iglesias distintas: una iglesia presbiteriana de aspecto similar a la católica, luego una gran iglesia con "pantallas grandes y butacas cómodas, como de cine", y más adelante a una iglesia pequeña, "básicamente una habitación con sillas donde la gente se sentaba y un predicador hablaba".

Ella sentía ya entonces que "faltaba algo". Hoy cree que tiene que ver con la falta de autoridad. Había relación con la Palabra de Dios... pero también conflicto cuando las interpretaciones se contradecían




Eso le llevó a estudiar teología, Nuevo Testamento, griego... y descubrió que los católicos tienen 7 libros que no eran "añadidos" como le habían dicho de niña. "Quedé impresionada cuando leí el libro de la Sabiduría" (que los protestantes no usan).  

Después descubrió a los Padres de la Iglesia, los grandes autores cristianos de la Iglesia antigua, de los primeros siglos, y cómo hablaban de María como la Nueva Eva, o su interpretación de las Parábolas, distintas a las de los protestantes. 

Las enseñanzas de los Padres de la Iglesia le parecían excelentes: le gustaban sobre todo las enseñanzas sobre el Otro Mundo que encontraba en los textos de San Clemente, el cuarto Papa, en las que Clemente habla de lo que recibió de San Pedro. 


Las enseñanzas de desapego hacia lo material, o el valor de ofrecer los sufrimientos, de sufrir unos por otros, todo lo que prepara para el Otro Mundo, le parecían muy hermosas. Regaló una cara cafetera que había comprado cuando empezó a tomarse en serio la fe. 

Una vez conoció la oración del Salve Regina, con una frase que resonó en su interior: "A ti llamamos los desterrados hijos de Eva, gimiendo y llorando en este Valle de Lágrimas". Ella varias veces había llorado sin razón aparente, sintiéndose "desamparada", como sin hogar ni familia, pese a tenerlo. Pero ahora entendía el origen profundo de esa insatisfacción con el mundo

"Mi alma sabía, aunque yo no, que yo era una hija de Eva: por fin todo tenía sentido. Esas lágrimas suben a la Virgen María". Christel siempre había intuido que "este mundo" no es nuestro verdadero hogar. Ella entiende hoy que alabando a Dios, sirviendo a Dios como los ángeles, participaba en la liturgia terrena que enlaza con la celestial.


  Christel cuando recitó su profesión de fe


Había prejuicios que tenía que superar. A los 11 años en la clase de Sociales, en el colegio, le explicaron que los católicos y protestantes habían tenido guerras entre ellos. Y había cosas de los católicos que le daban miedo. Por ejemplo, que los católicos "guardaban los cuerpos de los Papas como reliquias, tesoros". "Los protestantes no teníamos objetos sagrados, ni sacramentales",  señala. También pensaba que las cosas católicas eran "viejas". Visitando el Vaticano, incómoda, preguntaba "¿esto es un templo o es una tumba?" 

Por otra parte, había señales que parecían indicar que había algo en el catolicismo que la llamaba. Un ejemplo, cree, fue una curiosa experiencia siendo universitaria, en otro país. Intentaba alcanzar unos preservativos en una farmacia, "para otra persona". Las cosas cayeron al suelo, se sentía muy torpe, como si su mano no quisiera cogerlos, como si se negaba. "Yo no soy católica, ¿por qué no puedo comprarlos?", pensaba. 

Y en otra ocasión, orando en casa, su mano hacía la señal de la Cruz al estilo católico, como si tuviera voluntad propia. Ese tipo de cosas luego las entendió como señales. 


Una vez su hermana la llevó a una charla y el predicador dijo: "María se nos ha dado como madre". Eso la puso a pensar. "Yo quería la mejor madre, y María era un prototipo de Madre, de maternidad, que los protestantes desconocían".

Otro tema que le acabó convenciendo fue la postura católica, de la encíclica Humanae Vitae, sobre los anticonceptivos: al evitar una entrega completa, una aceptación de la fertilidad de la sexualidad, dificulta la generosidad en el matrimonio. "Yo vi que eso es verdad", explica. 

El Purgatorio también le parecía una enseñanza razonable: un proceso que purifica y permite entrar al Cielo, "donde no querrías entrar sucio".


Y la Eucaristía, un Dios que se entrega, que se da, "como agua brotando de su costado", era para ella un signo de la generosidad de Dios y de la verdadera realidad de Dios en la Iglesia. "En la Iglesia Católica veía escándalos, malos sacerdotes... pero allí está la Presencia Real de Cristo, con la Eucaristía, ¿dónde podía ir?"

También valora hoy que "cuando te sientes triste, puedes ir al Santísimo y adorar al Señor; eso los protestantes no lo pueden hacer". "La Misa se absorbe y eleva tu corazón a Dios, y el tiempo se pierde en la eternidad", insiste. "En la misa no hay duda de que se elevan tus oraciones hacia Dios".

Leyendo teología desde 2014, el 2016 aceptó que la Iglesia Católica era la que Cristo fundó y la que mantenía sus enseñanzas y entró en la Iglesia recibiendo la Confirmación. 


  Christel, después de ser recibida como católica; muchas comunidades católicas de origen chino y coreano mantienen el uso del velo en la iglesia 


Se preparó para su primera confesión la noche anterior, con una guía sobre el examen de conciencia. "Estaba contenta porque era lo correcto, pero a la vez era algo sobrecogedor", recuerda. "Pensé que no estaba allí para esconder nada sino para confesarme. Tras esa confesión, que era una gracia, fue muy bien, me confesé otras veces. Y los ritos estaban llenos de sentido. Recité la profesión de fe, larga, de rodillas: fue una sensación genial".

Recibió su primera comunión en la lengua, de rodillas, y pensó: "Mi boca no va a ser nunca la misma; ahora está consagrada, ya no puedo decir cualquier cosa". A cualquier protestante que esté buscando "más", le propone: "vete a misa".