Su rostro ha dado la vuelta al mundo desde el domingo en toda la prensa deportiva y generalista de todo el mundo. Alejandro Villanueva, español nacido en EEUU, es atacante de los Pittsburgh Steelers de la NFL, y ha sido involuntariamente conocido por ser el único jugador de su equipo que salió al campo a escuchar el himno estadounidense antes del partido mientras el resto de sus compañeros protestaba contra el presidente Trump.

Pese a haber pedido perdón a sus compañeros, Villanueva se ha convertido en un héroe para unos por su defensa del himno mientras ha sido criticado por otros no haber secundado la iniciativa liderada por sus compañeros de raza negra, que acusan al presidente de racista.


Lo que nadie duda en Estados Unidos de este jugador hispano-americano de 2,06 metros de altura y 145 kilos es de su amor por la gente del país en el que vive. Antes de ser profesional y de firmar un contrato de 24 millones de dólares, Alejandro se licenció en West Point. Sirvió en las Fuerzas Armadas siendo destinado tres veces en Afganistán, donde rescató a compañeros heridos en medio del fuego enemigo, lo que le valió ser condecorado con la Estrella de Bronce.



Pero menos conocido es que para servir a la gente, para superar los traumas de la guerra y para hacer un mundo más justo, Villanueva se apoya en Dios y en la Iglesia Católica, en la que se ha escudado en todo momento.


En una entrevista en el National Catholic RegisterVillanueva explicaba que aunque nació en “Mississipi, pasé la mayor parte de mi infancia en España, un país en su mayor parte católico. Las creencias religiosas impregnan  la cultura allí de muchas maneras, hasta el punto de que realmente no se aprecian, simplemente se dan por sentad. Eso es lo que hice cuando era niño, y esa mentalidad continuó cuando mi familia regresó a los Estados Unidos en 2001".

Alejandro es hijo de un oficial de la Armada española destinado en la OTAN, motivo por el cual viajó tanto de niño aunque la mayor parte de la infancia la pasó en Cádiz.

El atacante de los Steelers recordaba cómo le ayudó su fe en su etapa como militar y aseguraba que “cuando te envían a la guerra tienes que encontrar una manera de lidiar con el miedo que inevitablemente entra en tu corazón. Hay tantas incertidumbres acerca de lo que está por venir que tienes que conseguir ayuda de alguna parte, y el mejor lugar para encontrar ese apoyo es la Iglesia Católica”.


Alejandro, destacando por su altura a la izquierda de la imagen, en una de sus misiones en Afganistán


Entrando en su experiencia de fe, Villanueva añadía que para él “la religión es una relación profundamente personal con Dios” y confiesa que es “como se siente más cómodo”.

“Si estás bien con Dios, todo lo demás está bien; si no estás bien con Él, todo lo demás está fuera de lugar. Estar conectado con Dios es lo más importante que existe”, afirmaba convencido.


El héroe de guerra agregaba que si no se reza y no se guardan los mandamientos, la persona que esté al lado se puede convertir en una distracción que separe de Dios. Por ello, confesaba que por eso mismo “disfruto de asistir a misa entre semana casi más que a la del domingo, porque la misa del día conduce más a la oración”.



Esta afirmación la explicaba afirmando que en la misa dominical encuentra muchos obstáculos para estar en espíritu de oración. Citaba la música fuerte, la gente hablando entre ella o las personas vestidas como si fueran a la playa. “La misa entre semana es mucho más tranquila, lo que hace que la oración sea mucho más fácil. Entonces puedes ver lo que hay mal en tu alma y puedes encontrar ánimo para hacer algo como ir a la confesión”.


Precisamente, este sacramento es vital para Villanueva pues cuando se reza “vemos que hemos faltado a lo que Dios quiere de nosotros, y el siguiente paso es pedir perdón. Esto es lo que se manifiesta en el sacramento de la confesión: es el hijo pródigo regresando a su padre amoroso, que conoce su debilidad y está más que dispuesto a darle la bienvenida a su hogar”.

Pero sobre todo, Villanueva se considera hijo de la Iglesia y beneficiario de la herencia de la fe que ha transmitido desde hace más de 2.000 años. Por ello, destacaba la “pureza de la doctrina” de la Iglesia.




“Tenemos las enseñanzas y sacramentos que Jesús nos dio. Los hemos conservado y transmitido a través de las generaciones para que, aún hoy, la Iglesia sea esencialmente la misma que en tiempos de San Pedro. San Pedro y los otros apóstoles predicaron la Buena Noticia, bautizaron, celebraron la Eucaristía y la confesión, básicamente viviendo el mandamiento de Jesús en Mateo 28, que muestra cómo Él está con nosotros hoy tanto como lo estaba hace 2.000 años”, añadía.

Y por último, el jugador de fútbol americano quiso resaltar que también le gusta de la Iglesia las impresionantes obras de caridad que realiza: “fundar escuelas, hospitales, orfanatos o refugios para personas sin hogar. Todas estas cosas surgieron inicialmente de motivos religiosos, pero la Iglesia ha tenido tal influencia, incluso en culturas seculares, que muchas de sus instituciones son necesarias para cualquier sociedad civilizada”.