Si donaba parte de su hígado a su sobrino Milo, de 9 meses, le salvaba la vida, Esteban Pittaro en Aleteia. Pero someterse a un trasplante podría implicar abandonar el fútbol. No lo dudó y el futbolista argentino Alejandro “Lulo” Benítez, goleador del Club Central Larroque, de Entre Ríos, fue al quirófano.
 
Milo sufría una obstrucción biliar, y tras una serie de tratamientos el trasplante aparecía la única esperanza. En estos casos, puede realizarse un trasplante con una extracción parcial de un donante compatible vivo. Su papá era incompatible, y su mamá no era apta para una cirugía de estas características. El tío, mellizo de la mamá, saludable y compatible, aparecía como la mejor opción.
 
Somos una familia muy unida, somos tres hermanos. Les dije que no dudaba ni un segundo, que iba a ser yo e imagínate la alegría de ella y la felicidad y el alivio porque había una oportunidad de vida para Milo”, relató Alejandro a la cadena CNN.


 

Como ocurre en estos casos, la recuperación del donante suele ser rápida, y a los cinco días Alejandro regresó a Entre Ríos, donde su Central Larroque milita en el torneo Federal C. Fue recibido como un héroe por la prensa local. Y pronto, su historia trascendió a los medios del país.
 
Sin embargo, pese a que incluso regresó al hospital a realizarse controles y a visitar a su sobrino, quien permanecerá en la zona del Hospital Austral, ubicado en la localidad de Pilar, Provincia de Buenos Aires, es probable que no pueda volver a desempeñarse deportivamente como lo hacía hasta ahora.
 

El fútbol internacional tiene fresco un recuerdo similar al de Alejandro, aunque en este caso con los roles invertidos. Eric Abidal, lateral del Barcelona, recibió un trasplante de hígado en marzo de 2012, gracias a la generosidad de su primo Gerard.
 
Padecía cáncer, y un año antes había sido sometido a otra cirugía. Tiempo después reconoció que su compañero en el Barcelona, Dani Alves, le ofreció seriamente ser él el donante. Abidal logró volver a jugar al fútbol, contra todo pronóstico, y terminó su carrera, un par de años después, en el Olympiacos de Grecia.
 
Hay dos opciones de trasplante hepático, con órgano sano proveniente de cadáver o parcial de donante vivo. En este segundo caso, como el que permitió la vida de Milo, una parte de un órgano sano se conecta al hígado enfermo. En quien dona el órgano, se espera que el hígado se regenere. En quien lo recibe, los esfuerzos están puestos en que el paciente no lo rechace.
 

En el mismo Hospital, hace escasas semanas, Hugo donó parte su hígado para darle una nueva oportunidad a su hijo Bautista, de apenas 35 días, quien padecía una hepatitis fulminante. Habían llegado al hospital pocos días antes. También, la decisión de ofrecer su órgano fue casi inmediata. Ellos dos, como Alejandro y Milo, como Abidal y su primo, como las miles de personas en el mundo unidas por historias similares deberán extremar recaudos y controles toda su vida. Pero en cada mirada de quien recibió una nueva oportunidad se aprecia que darlo todo para salvar al otro vale la pena.