La historia de vocación de Anne Yoches es muy inusual. Ahora es la hermana Rita Clare, y está a punto de profesar sus votos perpetuos en la Orden Franciscana, pero antes placaba con fuerza a sus rivales siendo jugadora profesional de fútbol americano. 

Como “fullback”, machacaba a las jugadoras contrarias que trataban de atacar a la compañera que llevase el balón. Su historia de éxito deportivo y espiritual ha sido recogida en el Detroit Free Press.

Talento natural para los deportes

Aunque fue criada como católica y fue siempre a colegios católicos en Estados Unidos, Yoches ha contado que nunca pensó en ser una monja. Su familia iba a misa cada domingo, pero eso era todo en su vida de fe.

Por su talento natural para los deportes, Yoches consiguió una beca deportiva para la Universidad de Detroit-Mercy, donde jugó al baloncesto en la primera división universitaria durante cuatro años.

Después de la universidad, Yoches comenzó su carrera en el fútbol profesional en el equipo (ya disuelto) Detroit Demolition, en 2003. Durante los tres años que estuvo en el equipo, consiguió cuatro títulos nacionales. En 2006 dejó el equipo. Como joven con dinero que era, salía mucho de fiesta, pero no abandonó la fe.

Una vida de excesos tras los éxitos pasados

“Salía toda la noche del viernes y toda la noche del sábado, pero siempre, siempre, iba a misa los domingos”, ha contado Yoches en un vídeo de Redeemed Online sobre su conversión. “Aun así, nunca me paraba a escuchar realmente a lo que Dios me estaba intentando decir”.

Un domingo, después de una homilía especialmente impactante, Yoches se dio cuenta de que necesitaba cambiar su forma de vida drásticamente. “El sacerdote hablaba sobre la Comunión, y me di cuenta de que yo estaba comulgando en pecado. Necesitaba confesarme urgentemente”, recoge Catholic News Agency. El mismo sacerdote que dio la homilía, su párroco, le ayudó en este nuevo camino. Yoches comenzó a leer la palabra de Dios cada día y a ir a la Adoración Eucarística.

Yoches, con el balón, a punto de marcar un tanto para su equipo en un partido de 2003

“Ahora pienso que, igual que vemos la tele o miramos Facebook durante una hora, también podemos leer la Biblia, la Palabra, durante un rato en el día”, ha explicado Yoches.

El abrazo de un padre

“En la Adoración Eucarística es donde realmente sentí que Dios Padre me abrazaba y me apretaba contra su pecho como solo un padre puede abrazar a su hija”, ha contado Yoches. “Y mi vida cambió para siempre. Quería más de Jesús”.

Rompió con su novio y le contó a sus padres y a sus hermanos que quería ser monja. Ellos la entendieron, sin embargo, sus compañeros de trabajo y sus amigos no se explicaban este “cambio”. “Antes de convertirme vivía una vida alocada”, explicó Yoches. “Mantenía mi escasa vida de fe escondida, así que la gente se sorprendió mucho de que yo fuese así y quisiera seguir mi vocación”.

Cualidades deportivas y humanas

En el convento, Yoches sigue jugando al fútbol americano. Cada Acción de Gracias, organiza una competición con las otras monjas. No se placan, es “a tocar”. También organiza pequeños partidos de volleyball y de baloncesto.

Aunque todo el mundo se sorprendió por el cambio de vida de Yoches, sus entrenadores y sus antiguas compañeras de equipo piensan que tienen las mejores cualidades para su “nueva posición”. En el mundo del fútbol americano profesional, se la recuerda como una jugadora implacable y fuerte, pero en el vestuario era siempre muy alegre.

Yoches realizará sus votos finales el 30 de junio de 2018.